martes, 3 de febrero de 2015

Las Reinas del Sur. Viñetas sobre una cárcel

Las Reinas del Sur.
Viñetas sobre una cárcel

Foto de Christi Lee Rogers


Para Laura, una reina.


Hay muchas cosas que no he contado todavía. Estuve un año en la cárcel. Era de entrada por salida. No crean  no soy una buena chica marista. Privilegiada y ñoña.

Sin embargo, en mi ñoñez y en mi privilegio mantuve cierto sentido de aventura. La aventura importa en la vida porque se sale de ella. De eso se trata esa palabra y es lo que dice George Simmel en la Cultura Femenina. Tiene una gramática propia. Un tiempo propio, fuera de la narración de la vida, que nos sirve para entender la vida misma. Tenía 21 años y me  interesaba aprender cosas. Las instituciones totales y Foucault y Goffman. Quería pararme en el extremo de algo.

La pregunta por la mujer. Quería empezar a trabajar con mujeres internas pero la tramitología universitaria o la capitalina, nunca lo supe, no me lo permitieron y acabé por prestar mi servicio social en el Reclusorio Preventivo Sur para Varones.

La pregunta por el mal. Tan definitiva en mi vida. Ya entonces, sospechaba que el mal provenía más veces del entramado de un sistema y una sociedad podridos con sus consecuencias, que de una persona con el gen de la maldad, llevando la marca de Satán, con los neurotransmisores del diablo. Me guardé la libreta con mis notas de las historias clínicas con las que nunca estuve de acuerdo del todo. La clínica me repelía y me fascinaba.

En ese entonces no había Aguamala, no había nacido, pero siempre quise escribir mis propios, y por supuesto menores, cuadernos desde la cárcel. Le dije a Laura que iba a nombrarlo las Reinas del Sur, por nosotras, además de que estaba de moda el libro. No se por qué habré demorado tantos años estas letras. Las experiencias dolorosas de los otros siempre me han resultado más imponentes y difíciles de aprehender que las propias. Necesitaba del bondadoso filtro del tiempo para ver que no todo era tragedia en el mundo del encierro y  peor, del sistema de administración de la justicia en mi país. Requería de tamizar la enorme cantidad de historias que escuchaba todos los días, durante un año, hace casi casi diez. Tenía algunas ideas claras:

Sabía que la política era la de  encarcelar a los desviantes.

Sabía que las ciencias tenían su visión y sus técnicas, a veces bien intencionadas para hacerlo.

Sabía que habría corrupción. 
No sabía de la dimensión de la  hidra de fauces y cabezas  infinitas que ha digerido cada parte del sistema de administración de justicia en México, en esta ciudad, que es otra hidra en sí, y tampoco que cualquier política o ciencia o política de la ciencia, también estaría sofocada por ella, por la hidra. Una viñeta es un recuadro delimitado por líneas que representa un instante de la historia: 

                                                   
       "Quería pararme en el extremo de algo” Arte Gabriel Isak

1. CANASTAS

Los días de  visita son algo parecido a una verbena popular. Sucede cada martes, jueves y sábado, ¿no les parece demasiado? Hay una razón para todo. Es difícil de explicar porque es difícil de creer, pero una vez acostumbrada a la verbena y a las rutinas de la cárcel, los días de visita en el Sur sólo podían recordarme a otro lugar y momento preciso en la Ciudad de México: la entrada de Chapultepec en domingo.

Si la sacáramos del contexto de los controles no sería muy diferente. Un día de campo masivo, despliegue de talentos de las mejores exponentes del itacate, algarabía, el dominio del know how del picnic dominguero, hasta que uno se percata de ese particular detalle: las largas filas de personas cargadas con viandas, expectantes o acostumbradas, organizadas y organizadoras, eran  casi exclusivamente mujeres.

Largas filas de generosas mujeres cargadas con sus canastas. Esas bolsas de mercado mexicano, con hilos plásticos de colores brillantes, cargando sus manteles, llenas de trapos que guardan el calor de las  tortillas, los contenedores con papas con chorizo y  chicharrón en salsa verde, con sus Coca-Colas de dos litros. Largas filas dentro y fuera de las puertas del penal con las esposas, madres, hijas, hermanas, amantes, novias e hijos de los hombres recluidos. La corrupción del sistema hace que la manutención, con lo que quiero decir, supervivencia de un interno cueste aproximadamente 300 pesos a la semana. ¿Cómo no van a ir?

En las cárceles de mujeres no hay largas filas. Nadie compite por tener el día de campo mejor orquestado. No es necesario. No hay esposos, ni madres, ni padres, ni novios, ni hermanos, ni hijos, ni amantes.

La pregunta por la mujer y su cárcel. La cárcel de Santa Martha, el edificio y la cárcel del patriarcado, los cuerpos de las mujeres indignos de perdón, de compasión y especialmente de cuidado. La palabra cuidado y la palabra pensamiento tienen la misma raíz etimológica. A las mujeres de Santa Martha nadie las cuida, nadie las piensa. Nadie les lleva ninguna canasta.

My tears dry on their own” Mujer con canasta  de Juan Gris

2. TOUR PENITENCIARIO

Hubo una capacitación impartida por parte de los Centros de Observación y Clasificación en los reclusorios preventivos de la Ciudad, departamento al que estaba suscrito el servicio en donde laboré por un año. En esa capacitación hubo un recorrido para conocer los penales, el protocolo para saber entrar y algunas directrices para conducirnos dentro. Entre ellas, estar conscientes de la relación de poder que estaría implicada si alguna de nosotras era seducida por un interno. Cuestión profesional y ética, y además tan usual que parecía una experiencia cotidiana. Tiro por viaje alguna servidora social se enamoraba de un interno. Ellas eran temerarias y ellos tenían todo el tiempo del mundo para conquistarlas.

Todas  éramos chicas veinteañeras de la UNAM y de la UAM, con el arrojo de esa edad y cuatro años de proyectos del grupo piloto en escenarios reales. Yo también era temeraria, iba con un afán Clarice Starling para enfrentarme ante cada puerta de seguridad que se abría para mí con estas preguntas:

¿Qué es la cárcel? ¿Quién soy yo en las penumbras de la sociedad? ¿Cómo es la sombra de todas las ciudades?

Hubo cosas que se repitieron: ese vaivén de los policías cuando están entre ponerse necios y/o corruptos, con las dificultades procedimentales que eso ocasiona para entrar a cada penal, incluso viniendo en un  grupo con todos los permisos requeridos y acompañadas de los coordinadores técnicos del sistema. Los directores con dientes de oro y joyería despampanante,  como sacados de alguna peli de Luis Estrada. La  falta de tecnología: era 2006, en ese entonces estaba de moda escribir blogs y todo (so, you have a blog?!!! that is sooo 2006!), no era como para que no existieran las computadoras en la totalidad del sistema penitenciario. Los internos pegados a las mallas ciclónicas de los pasillos externos aullando como lobos al vernos pasar. 

Quería conocer la arquitectura de los penales  ¿eran en peine o panópticos? Me importaban los espacios.

Fuimos al Norte, panóptico. Desde mi fugaz punto de vista era el más violento de los preventivos. El único recuerdo que guardo es una mirada pesada como muro, como celda. El Norte es una mirada de resentimiento que se ha quedado 8 años dentro de mis ojos. Le aprendí a ese hombre mirar de una forma que duele. Resentimiento, como una rabia dosificada y agonizante. Rencor.

Fuimos al Oriente, panóptico. Al haber muchos comerciantes se percibía a la gente muy movida, cierta práctica, cierta energía. Cada institución total es una ciudad, con su personalidad y sus palabras.

Fuimos al recién inaugurado CERESOVA de Santa Martha Acatitla. Nos recibieron los lobos. Panóptico donde había muchachos más jóvenes que nosotras. Lobos jóvenes.  Eso me ocasionó esa pesada sensación de tristeza y agradecimiento por una evasiva y clasista fortuna, que  hoy pienso que se llama duelo y que se siente muy seguido en este país.

Fuimos a la peni de Santa Martha. La peni no era un panóptico, era un complejo en peine, un conjunto de cuatro edificios y cuatro anexos dispuestos paralelamente con un pasillo perpendicular que los recorre al costado. Me dio mucha risa ver que en la página de internet de reclusorios del DF dice que se parece a la  Ciudad Universitaria. No mamen. La peni fue el espacio más duro y de alguna forma más ajeno a mí y por ello más desviante que visité en nuestro recorrido penitenciario, la heredera de Lecumberri. Sucede que ahí se cumplen las sentencias más largas. Es decir, a diferencia de los otros, este es un penal correctivo y no preventivo ¿la diferencia? La desolación de lo definitivo. Y esto:

El Dr. Carlos Tornero Díaz en la obra "Cárceles" de Julio Scherer García, refiere:

"Junto al dormitorio 4 se adecuó una sección de alta seguridad, a la cual se le denominó zona de observación, o simplemente "ZO". Era el nombre oficial. También se le conocía como "Zona de Olvido". Salvo algunos, nadie debía arriesgarse por el territorio sagrado, ni bordearlo siquiera. Al fondo se encontraban las celdas clausuradas con autógena, mazmorras construidas con cemento armado del piso al techo. Había una llave que goteaba y un agujero para el drenaje de los deshechos. Apenas se levantaba la rejilla por la que un custodio de confianza introducía las sobras del rancho".

Esas son letras de 1973, no sé si se refieran a lo que vi. A ras del suelo por el pasillo que recorre el complejo, se asoman desde pequeñas ventanas rectangulares,  bolsas de plástico de supermercado prendidas a palos que los internos invisibles de esas celdas en el subsuelo, como mazmorra del medioevo europeo, alzaban para ver si obtenían alguna limosna de los marchantes afuera.

La espera del amante es más larga en la cárcel. La lluvia es más desoladora. La enfermedad es más precisa. Cuando todo es tan obscuro, las personas son más claras.  Con sus marginales entre los marginales. Con sus atmósferas olfativas y sus palabras y sus héroes y sus genios.  

Mi servicio social se gestionó en el único penal al que no fuimos en el tour penitenciario: El Sur. Nos tocó hacerlo todo: lidiar con los custodios, aprehender el camino, acostumbrar a los lobos a nuestra presencia, conocer sus pesadas atmósferas, lidiar con sus terribles olores. Un complejo  con casi cuatro mil almas. A él se asignaba una parte importante de población de detenidos de zonas rurales y población indígena, existían muchos abusos. El Sur se ubica en la cima del cerro de San Mateo Xalpa, el preventivo más tranquilo, el más light.

                                          ¿Quién es el lobo?

                              3. ASANDO CHILES


Ya habían pasado algunos meses. Conocíamos el oficio y estábamos diseñando un par de talleres sobre supuestos existenciales. Nos encerrábamos con los internos para entrevistarlos en nuestras celdas-oficinas en la planta baja, sobre un pasillo alejado y siempre limpísimo, aunque afuera las atmósferas olfativas fueran otra cosa. Yo solía llegar caminando rápido, con la mano en la nariz y evitando las arcadas. Laura era menos dramática. Los lobos dejaron de aullar en cuanto caminamos más confiadas. Era un lugar húmedo y frío, solo nos dejaban llevar una chaqueta simple y ese año estuvimos varias veces enfermas.

Ese día  calificábamos pruebas masivamente, estábamos haciéndonos compañía y nos encerramos en la misma “oficina” a  calificar Domino’s, HTP, Mochover y alguna otra. Ya nos sentíamos como pececillos en el agua turbia.

En la cárcel existe el rancho, así se le llama a la comida que provee el penal y por lo tanto el gobierno a los internos. Todos tenemos esa idea arquetípica de la masa extraña parecida a un puré que servía de alimento para los huérfanos ingleses del siglo XIX… pues el rancho es así, exactamente así. En México supongo que se compone de variaciones de algo parecido al adobo y algo parecido a los frijoles. Sin embargo, todo es tan bizarro y desigual en el tambo y en este país, que la comida también puede ser basta y gorda, hecha por y para machines, excepto los días de visita en donde ya dijimos que cocinan las mamacitas.

En el Sur de alguna manera se proveen negocios bien armados de tacos, hamburguesas, cocteles de frutas de tamaño descomunal con los que nuestros fans nos alagaban y una que otra rareza, de la que hablaremos más adelante.

El día en que sucedió no se nos hizo raro que en alguna cocina cercana se estuvieran asando chiles. Comenzó en ambas una tos repetida y agria. Ardor y lágrimas en los ojos durante 10 minutos. Las dos pensamos en la posibilidad de que estuvieran asando chiles. Pero era gas pimienta. Había un  motín en la cárcel. Todo sucedió en el piso arriba de nosotras, entre la población que está siendo procesada, la población de C.O.C. con la que solíamos trabajar.

Hay pocas imágenes  que me resultan  más atemorizantes que  una turba violentaAún estando en nuestra celda de trabajo-cubículo, un piso abajo, tosimos y nos lloraron los ojos por media hora. Pienso en los ojos de la persona que lo recibió en el rostro.

La cárcel. Segovia. Centro de creación.

4. TIRAMISÚ

El dormitorio 9 era el más flamante, tenía la apariencia de una highschool pobre y estaba impecable. Al entrar percibías el subidón en las condiciones y la calidad de vida de los internos, olía mejor que cualquier parte de C.O.C. Era el dormitorio de los privilegiados. Más cálido y mucho menos húmedo. Nos dejaron pasar pidiendo permiso, siendo educadas y por el uso de la técnica milenaria e infalible: sonrisa y pestañeo. También, sí, por nuestro guía, estafeta y poderosillo él, que ya estaba enamorado de mi colega.

En la planta baja, un preso italiano dejó un restaurante operando con relativa rapidez, calidad y buen sazón, sirviendo los básicos italianos con ingredientes frescos, mucho decoro y sin ningún pudor con la mantequilla y el queso. El italiano heredó sus recetas haciendo un legado emprendedor en el lugar más extraño del mundo.

En el 9 se paga renta como en un piso caro de la Condesa, adicional a  la renta semanal por existir en la cárcel de la que ya habíamos hablado. En ese dormitorio hay internos que han ingresado por delitos financieros, tal vez algunos jefes narcos pero no tan jefes y no tan narcos.

Cuando entramos al restaurante nos recibió la guitarra de un ex integrante de un grupo de pop de los ochentas de cuyo nombre no quiero acordarme, que se había vuelto una suerte de juglar medieval cobrando  por hacer canciones y cantárselas a las novias de los internos cuando iban de visita. La hermosa creatividad de la gente. Tarantino will never reach this.

Nuestro guía en el dormitorio nueve nos hizo algunas recomendaciones ¿frutti di mare en el reclusorio? Antipasti tras las rejas. Era demasiado arriesgado pedir mariscos en la cárcel pero ya se había dicho que era temeraria, que la aventura nos importa. Trajeron un plato delicioso y otro de bolognesa, ensalada y  tiramisú.

Todo perfecto.

La hidra, que al cortarle una cabeza brotan dos.
5. DAMIÁN EN EL CENTRO DE LA TRISTEZA.

Iba caminando hacia mi celda-oficina y un estafeta, o sea, uno de los internos que trabajan como staff para cuestiones administrativas y pueden pasar de los dormitorios a C.O.C., se acercó para decirme que Luis Arturo** quería hablar conmigo, que me conocía. Yo estaba siempre precavida de alguna extorsión o ligue pasadito de agallas y dije que no. (Pero si el lobo hubiera estado fuera…)

A los pocos días,  por alguna razón extraña, se le asignó ser evaluado por mí. Fue alguien a quien sólo Olmo y yo conocimos, cuando éramos solo nosotros y nos gustaba ir a bares y conocer gente. Gente que no fuera de Psicología. Gente para discutir de cosas. En fin, Damián era estudiante de  la Facultad Filosofía, no me acuerdo de qué carrera. Seguramente era viernes y estaba en un bar dibujando ilustraciones darks y siendo darks, con una carita angulosa y ropa negra, botas militares, profundísimas ojeras, mohicano rojinegro y una palidez artificial como un Robert Smith del 2005: performando la estética de la tristeza.  Luego llegó Olmo. Los tres hablamos un rato sobre música y resistencias y nos despedimos. Yo aún no tenía Facebook, me resultaba completamente prescindible. Damián se perdió en la cerveza del día.

El día en que lo volví a ver, mandé llamar a mi cubículo-calabozo a entrevista a Luis Arturo López Blanco para hacer su historia clínica después de revisar sus pruebas. Cuando entró supe que lo conocía, excepto que no como Luis Arturo López Blanco sino con su nombre darks de bares de Copilco, Damián.

Me dijo que trató de llamar mi atención pero que no lo reconocí y tampoco es que se hubiese acercado a saludarme directamente. Tenía el cabello corto, sin mohicano, nada de look darks, con ojeras iguales a las de la última vez pero vestido con el color de los internos del Sur, el beige, se veía mucho más triste pero en ese momento contento de verme.  Él me contó sobre los bonos.

Si nada ha cambiado,  la policía capitalina otorga bonos de cinco mil pesos por cada preso que ingrese como un incentivo laboral. ¿Por qué se quiere encarcelar a más gente? …Y, ¿es México, cierto?

El problema de la hidra es que se tejen redes entre sus fauces para inculpar a gente inocente y recibir el bono. Como una inútil y absurda “disculpa” el sueldo de los policías es sumamente bajo. Sin embargo, la hidra no revienta sólo a los policías, es de funcionarios, es de jefes. De cabo a rabo. Es de dentro y de fuera de la cárcel. Es rastrera, electorera y sin estilo. Resultó lo más lógico responsabilizar a un joven como Damián pues lleva el luto que nos produce este país de mentiras y decide vestirse de obscuridad. Dark: Encarcelar al joven, al estudiante, al pobre, al vulnerable, al vampiro. Damián siempre me pareció un nombre sospechosamente acertado para andar de gótico. Se lo dije y nos reímos de eso un rato, soy medio irreverente. Hay muchas cosas que cambian de valor en la cárcel, unas bajan y otras suben, como la risa. La franca risa del alma.

Su familia podía pagarle la lista, comida y cierta seguridad pero había visto y experimentado cosas terribles y pasaba frío. Es todo frío ahí dentro. Lo golpearon, lo amenazaron con buscar a su familia, lo hicieron hacer y firmar una declaración falsa. Estoy muy segura de que no es la primera vez que leen sobre esto.  A veces México puede ser el centro de la tristeza. 

Su mamá se movió y consiguió un buen abogado, creía que podía salir pronto. Me dijo que no le dijera a nadie de la cárcel que saldría. Él fue también quien me pidió que contara a los que me son queridos que de ser detenidos hagan todo lo posible por no avanzar en el proceso aunque eso implicara sobornar a los policías o mentir diciendo que somos criminales, pues de cualquier manera iba implicar  una extorsión por parte de nuestro gobierno pero de mayores implicaciones y costos. Tristeza.

Poseído por la hidra, desde su pedazo de lodo en el imperio del miedo, uno de los policías que lo amenazó acabó por decir estas líneas <<pues si no quieres que te pasen estas cosas para qué te vistes así>>  Tristeza. Tristeza.

Foucault y Goffman, no contaban con la variable de la cultura de la impunidad en México, con la variable de su racismo de tercer grado. Nunca me lo volví a encontrar. Espero que haya estado poco tiempo, que sus pocos privilegios le consiguieran salir, que Damián se abrazara como artista decimonónico y loco a la poesía de la vida. Hablamos de música y de resistencias y nos despedimos en la estética de la tristeza.
 "Die Sünde"Franz Von Stuck

Epílogo: LA PENUMBRA DEL MUNDO

El día que terminamos el servicio social llegamos llorando a mi casa. Colmadas. Llenas de experiencia y saturadas de realidad. Cerramos el año con los talleres de Supuestos Existenciales. Bajamos del cerro de San Mateo con el auto y el alma llenos de regalos para ambas. Estuvimos 480 horas encerradas con esos hombres extraños, hablando de la libertad, hablando del amor. Lloraron, se abrazaron. Nos escuchamos. Quiero pensar que algo le dimos al mundo, que nos entregamos a la aventura. Pero no. 

La cárcel no es una aventura, una aventura es el mar o la música, privilegiada y ñoña. La cárcel es la vida de los otros, transcurre paralela a la vida y es la vida. Es la sombra de una ciudad, de esta ciudad en el centro de México, esta ciudad con sus escasos parques y su buen cine y sus dramas. La cárcel es otra vida que palpita en un tiempo propio, discurriendo en su propia gramática. Escurriendo del mundo. Los húmedos y carcomidos dormitorios de la periferia.

La cárcel es una de las hijas de la incestuosa  pareja del poder y la política. La cárcel pende de nuestra vida y nuestras calles, con sus héroes y sus palabras y sus genios. Es una ciudad invisible, bardeada, institucionalizada, como la del empleado bancario pero pobre, hacinada, húmeda y áspera, igual de surrealista, igual de injusta, corroída, subrepticia e ilegal. Más rota y más simple, quizá, que la nuestra.  La cárcel es el edificio del poder y viene de las entrañas del monstruo. Ahí nos sucede, ahí no nos sucede, ahí fue pensada, concebida en las entrañas de la hidra que fagocita esta tierra de fruta y de soles. 

La impunidad

La corrupción

La desigualdad

¿Quién soy en la penumbra del mundo?  Nunca lo he sabido, quizá por eso he demorado tanto estas letras.

Arte Harriet Lee-Merrion 


                                                
Aguamala o medusa 
Sirena. Max Kligne

**No se llama así bebés, obveo.  


Quiero pararme en el extremo de algo. La próxima entrega va sobre bondage






lunes, 12 de enero de 2015

MONOGRAFÍAS SUBMARINAS





                                          1. MONSTRUOS MARINOS


¿Qué hacen los hombres? Sobreviven. Si no están en eso, escriben o  persiguen monstruos marinos. Es lo mismo. Enfrentarse al océano que es la incertidumbre para alcanzar una forma. Apenas en la niebla una silueta. Instante de verdad  en el horizonte que nos seduce o nos azota. Presa esquiva es la escritura. Un dorso o una aleta. Viene como si no viniera de la búsqueda:  Se desea, se presiente y quizá, después nos acontezca, quizá no.  Como la primera mañana, como las primeras palabras de un poema. Yacimiento de otro tiempo. El mar es el ensueño. Navego en mi ilusión de niña mientras pienso estas palabras, ellas acondecen. Aparece la primera: Su respiración sobre la superficie es la señal de tu existencia,  acontecimiento marino, isla  intermitente. Quiero fotografiarlas para siempre. ¿Por qué siempre que vengo al mar estoy triste? Hay un lenguaje secreto y antiguo entre la bestia y el marinero que la caza o que la escribe. El misterio del agua o de la lengua. Histórica fuga en el azul perpetuo, en el campo de azules que siempre está empezando. Fuga del monstruo y fuga de uno ¿Qué es la escritura si no una barca perdida o una lanza de fuego?  Gracias al Universo y sus criaturas por hacer que la nostalgia y la escritura que son lo mismo, se diluyan y acontezcan. Como monstruos marinos, como el siguiente misterio entre las olas. 



                                             2. AGUAMALA O MEDUSA

          Quería ser una sirena. Pero eso es un mito.
             Es en cambio una trampa, las trampas existen.
            Es transparente. Baila. Algo en ella arde y algo en ella 
                quema, una ponzoña. Extraña presencia.
            Mitad ninfa, mitad furia.
          Lámpara de lava
           para el abismo marino
             para la obcusridad 
       de la vida:
       luminiscencia.
        La Gracia 
        le ha concedido
          un poder misterioso, 
               sostener  una danza: 
       renacer
         después de  
      disolverse
          en la belleza 
         de la muerte.

   



   3. MANTARRAYA




                                   Ángel acuático
                        Misterio negro
            obscuridad que vuela
        o se zambulle en el aire
          mariposa del agua
        aguijonado pez y murciélago
      Mantarraya, ¿será que nadas o que vuelas?
Puntiagudo veneno
       Lo llevas como una lanza,
              como  Arcángel
                  del cielo prehistórico
                         que es el océano.
                         La evolución te trajo a mi vista
                                         en esta extraña ola
                                                de nuestras vidas:
                                                                Nave.
                                                    Es tu piel y tu cadencia
                                                                   amenazante  belleza,
                                                                                 en tu nado de ave
la obscuridad que flota.

               

                                                                                                                            



 Aguamala o medusa. 


Después de que me estrellara contra el autobús me fui a la playa a escribir monstruos marinos. Una profundidad para salir a flote de otra, la propia. Las medusas en efecto tienen bioluminiscencia  y también, algunas especies se regeneran después de la muerte. (La aguamala que tiene la clave para la inmortalidad VICE) criaturas sensuales, cómo me fascinan. Si ya saben que en este blog todo es verdad y mentira. La referencia a Valéry es absolutamente deliverada y le mando besitos al chico que me ayudó a corregir estos poemas, la primera vez que salimos por una cerveza, hace como dos vidas, me salió con unos versos de Cementerio Marino en el Cenote Azul, con lo que me convenció de casi todo. Tener 18 años y ser sensible al verso. Lamento si echan de menos la crónica pop pero a la Aguamala toma una insoportable veta poética cada dos arrecifes o cada dos amantes. Ojalá les guste. Nos ha ido muy bien con eso de disciplinarme en las entregas, tuvimos cientos de vistas marineras en HIT BY A BUS de la semana pasada. Gracias por leer. Les mando besos con ponzoña. Bad bad water. 

¿Han escuchado el nuevo disco de Beck? Algo me hace pensar que anda en las mismas olas que yo.

                                                                       
Samurai fury 

lunes, 5 de enero de 2015

Hit by a bus

10. Hit by a bus.

”Nothing ever ends poetically. It ends and we turn it into poetry. All that blood was never once beautiful. It was just red.” —Kait Rokowski 


Yo soy una snob y aunque debí hacerlo hace tiempo acabo de comprar una bicicleta. Tampoco tengo un auto, he sido completamente incapaz de ahorrar para comprarlo y no me gusta el gasto en impuestos y gasolina, en cambio gasto más andando muchas veces de la semana en taxi. Todos los absurdos son igualmente absurdos, así que consecuentemente a mi absurdo uso de taxis tengo la creencia absurda de que vienen a mí únicamente taxistas chingones que son mis amigos y aliados en la omnívora urbe y nos damos consejo y terapia de muchas clases durante el trayecto.

Mientras yo les doy dinero y escucha, ellos me llevan siempre segura y cómoda a mi casa o a mi trabajo. Death cab for cutie. Pero no. Empecé a sentirme mal conmigo misma. Esa  esa incomodidad que proviene de estar demasiado cómoda, ese sopor que resulta después de muchas horas de sueño. Me sentía estancada y no eran sólo los taxis. Laura midió mi energía con un artefacto de dos varitas de metal con un ángulo recto en cada una que funcionan mientras están dispuestas paralelamente: Entre más amplio es el ángulo entre las varitas hay mayor energía. Yo necesitaba moverme, no, no eran sólo los taxis, tenía un problema generalizado con el movimiento. Todos los rincones de la vida me lo decían. Laura pasó los metales por mi cuerpo: Las varitas se abrían a la altura de mi coronilla, se cerraban a la altura del corazón, se  abrían hasta voltearse a la altura de la cadera y volvían a cerrarse mucho más en las piernas, debajo de las rodillas, especialmente en el  tobillo izquierdo, mi tobillo de Aquiles, dueño de todos los esguinces y las  entorsis, el culpable de que dejara de correr y empezara a pintar. Resquicio metafísico del miedo a cambiar de lugar. Necesitaba entender el equilibrio de la bicicleta o, mejor,  necesitaba entender el equilibrio subiéndome a la bicicleta.

El equilibrio no es algo que se alcanza, algo permanente que se obtiene porque el destino lo ha previsto de esa manera o porque provee las condiciones precisas para que lo obtengamos, no. El equilibrio es como el poder o el amor; siempre está ahí, disponible para nosotros, asequible tan sólo al pedalear, una práctica. Pero no lo sabía, tenía que sentir el golpe para comprenderlo. La vida no me ha dado sus lecciones en intertextos sutiles.

Él era frágil. Flaquísimo, fue el último novio que me conoció la abuela;  ojalá tuviera algún medio paranormal para explicarle que he elegido mejor, el día que lo vio me dijo que “le diera de comer a ese niño”.  Le decían el Ganso. La melenita rubia cubría su rostro y cuando las cosas no le salían se arrancaba en episodios de  ira, trabajaba como yo muchas horas al día  y para mí, estaba del otro lado del arte, siempre por graduarse de Arquitectura. Vivimos juntos, así comenzó todo, éramos roomies y luego, cuando regresó a casa de su madre a partir de un manojo de argumentos incomprensibles, se la vivía en mi casa y todo era muy tibio, agradablemente tibio pero el temor al compromiso posmoderno y al parecer mi irrefrenable coquetería nos tuvo saltando entre sí y el no por dos años que terminaron de golpe. Un gran golpe pero uno.  También, dos años más joven, con él me aficioné a las series de manga y a algunas otras caricaturas. Yo soy un poco japonesa y  a veces siento una melancolía chauvinista de Mishima y sashimi por el Imperio, otro camino de cerezos que me acercaría al amor. Y me sumaba, hacía un esfuerzo y sostenía conversaciones sobre  Kaichou wa Maid Sama con sus amigos animadores. Un día heroico, vi todas las de Star Wars en un maratón antierótico para tenerlo presente.


Con los videojuegos de plano no pude y sé que esto lo hacía sentir frustrado. El catorce de febrero del año catorce, invitó a nuestra amiga lesbiana Fer a jugar toda la noche. Yo que los miraba como madre amorosa, me puse a escribir sobre las mentiras y sobre los cenotes mientras me diluía en una botella de vino contemplado mi próximo derrumbe.

Ganso creía en la leyenda japonesa que dice que estamos destinados a encontrar a nuestra pareja ideal pues todos llevamos un hilo rojo atado al meñique y por largo o enredado que esté, el otro extremo de ese hilo estará atado al meñique de nuestra pareja. Es una leyenda medieval de la que tenía una interpretación muy... Ganso decía con total firmeza que no debería de haber problemas en una pareja, que si acaso fuéramos el uno para el otro y estuviera el hilo entre nosotros, no pelearíamos nunca, que todo siempre sería cool. Que si el destino hubiese sido preciso y generoso y cierto con nosotros no tendríamos jamás  problemas. Entonces yo me callé todo y volví esa idea adolescente y mágica la tapadera de mi insatisfacción y no pasaba nada, todo bien.

Por eso mis amigas estallaron en rabia irónica preguntándome si yo creía que eso era cierto, que tantos años de hacer psicología. Estar conmigo fue tan cómodo para él, alguna vez entre risas me lo dijo con todas sus letras, y  unos días antes de comenzar a andar, le salió en una tirada de tarot que comenzaría una relación con una mujer muy rica, y no es que yo tenga mucho dinero, no. No tengo nada pero le otorgué tantos bienes, fue tan sencillo de cuidar, procurar, de proveer, de seducir, le daba consejo, le preparaba la cena y no me pregunten cómo pero lo mandé de viaje a California, cálida compañía en la puerta vecina y agggg vimos tanta televisión. Ahorro de energía y de seducción. Seducción significa separar y guiar; orientar y esa orientación era completamente unidireccional. Ganso no se paró ni un día en mi laboratorio, no fue a ninguna de mis clases, no fue a la presentación de mis libros, le desagradaba ir a conciertos, no veía a Bergman y no le gustaba Von Trier. Para mí la comodidad no es un valor pero no lo sabía. No me gustaba ver televisión pero me quedé pegada mirándola.

El equilibrio es el flow de hacer y resolver. De entregarse a la acción y estar presente. Pasando los baches, haciendo fuerza en el abdomen y mirando en todas direcciones. Disfrutando el camino, sintiendo el viento. El equilibrio es la cadencia del presente. No puede hablarse sin asombro de la misteriosa y esquiva paz de estar con todo lo que uno es, aquí y ahora, no puede hablarse, no puede decirse, oh pero es.

Era doce de diciembre y esa mañana decidí aprovechar que la Universidad otorga guadalupanamente el feriado a todos sus trabajadores para hacer un ritual sobre el perdón. Fui al mercado, compré las cosas, hice mi ritual y quedé con mi amigo Ulises para ir por la tarde a la Roma a comprar mi casco y las luces para comenzar a andar en bici.

Ese día como vórtice, encontré en mi camino sobre la vía rápida del Eje 7 un bache profundo y enorme, decidí abrirme a la izquierda en el carril compartido y saben, es la Ciudad de México, a veces me comporto como si estuviera en Amsterdam, como si viviera en la playa, como si no fuera una guerrera azteca librando la guerra florida de los estampados, pero lo soy y la vida nunca me ha resultado sencilla y buscar que sea fácil es mediocre y esa clase de pensamiento y de conducta debió ser frenada por la vida violentamente. Un autobús me pegó en el costado izquierdo y volé, volé  tres metros, tal vez más, aterricé en la acera y la bici me cayó encima.

Me abrí completamente del camino, no lo sentí, no escuché, no estaba presente, no vi. El instinto no fue suficiente y el autobús me pegó del lado izquierdo del cuerpo como una bofetada amarilla e inmensa. Como pegan las olas. Todo se ensombreció y lo vi, por fin, tal cual era, monstruoso, capaz de sacarme del camino y de la vida. Sentí el golpe, dimensioné la muerte mientras volaba y caí aparatosamente enredada a una bicicleta negra y rosa al pavimento.

Cuando el tiempo trajo a nuestra relación temas que entender y resolver, cuando dejó de ser fácil y había que tomar decisiones él dejó abierta su cuenta de Facebook en mi computadora y me lo mostró todo; cómo era intrépido y propositivo, cómo era seductor y fuerte, cómo una semana antes del accidente, el día en que le había pedido dejar de estar de estar en el limbo entre el sí el no, fue a buscar a una chica de su escuela para acostarse con ella. Cómo quedaron al día siguiente, mientras su madre me llamaba buscándolo, bajo el reloj del metro Balderas. Cómo era tan adolescente de todo. Desde la pantalla de la computadora, golpeó a mi alma ese frío que tiene la verdad cuando es a la vez temida y anhelada. Brutal y súbito, su cobarde o benevolente acto fallido también fue una cachetada amarilla e inmensa. De qué otra forma hubiera podido terminar un amor cuya motivación era ser fácil y estar cerca. No tuvo que hacer nada, romperme fue tan cómodo para él.

Después del vértigo del impacto, caí en cuenta de que estaba completa y consciente. Busqué mi propia sangre en el pavimento. Ante la mirada absorta de la gente, traté de averiguar si me había roto algo. No me pasó nada. En la resaca vino un poco de dolor y el surgimiento de un morete notable, como las estrellas cuando mueren, en realidad no fue nada para el tamaño del impacto. Esa mañana había ido por algunas cosas al mercado de Portales para mi ritual  y decidí comprar a Zadkiel, un ángel que vi en un sueño y cuya estampa me eché al monedero, el ángel violeta de la transmutación. No sé si fue eso, que era doce de diciembre, que estuve meditando sobre el perdón esa mañana o que tengo muchas cosas que hacer y que aprender todavía; que fui afortunada. Oh, todo el miedo que enfrentamos cuando vemos el límite de una creencia y ese momento en que sólo nos queda soltarla: No está todo cool. No Daniel no. Si acaso hubiera un hilo rojo del amor romántico, si acaso, tendrías que sostenerlo con cierta fuerza y yo lo veo tan pequeño ahora. Hoy me resulta tan claro su tamaño. Hay un afán y hay un 
dolor. No voy a tener flow si no estoy ahí para mí, con mi Bergman y mi Von Treier y mi escritura y mis botellas de vino.


Sólo me quedó un moretón terrible en el trasero y el incremento, seguramente desagradable para mis amigos, de mis argumentos mágicos. Pienso que quizá, en efecto, he muerto aquél día y vivo entonces en un agradecimiento incrédulo. Fui tan arrojada y tan torpe. Necesitaba moverme pero no para ir con prisa a algún lado, escapando de mí, esquivando mis baches, le saqué por frita y por cobarde, porque quería un amor fácil, un amor que lo esquivara todo, cuando necesitaba pedalear para el  presente, solamente para pedalear, para estar aquí y ahora. No puedo creer hasta dónde llevo las cosas a veces. Mis pinches creencias absurdas, que mis taxis son infalibles, que ese lío psíquico que me traía con el Ganso era una pareja, que en él tenía un buen amigo, algo en la oquedad de nuestra historia. Algo. Oh el corazón delator, la transparente medusa. Lo fiel que puedo ser a mis creencias amorosas como diría Pablo Fernández que hacemos las mujeres por cultura. Los torzones que le doy al feminismo. Me levanté aturdida y nerviosa, avergonzada. Sé que fue mi responsabilidad, lo supe al levantarme de la banqueta. Lo supe cuando me golpeó dos veces en esa semana el autobús de la verdad.
 Rachel Bone Bicycle Accident Series 4/4
<>. Los tobillos están asociados al movimiento y la izquierda al lado femenino de las personas, resquicio metafísico del movimiento.  Las personas en la calle me atendieron y me ayudaron a ponerme de pie. Qué pinche oso, me veían todos perplejos. Eran como doce personas. Asusté a viarios, fui directo al impacto.  Japonesa kamikaze. Algunas especies de aguasmalas se regeneran después de la muerte. Yo misma, después de descubrir los madrazos, sacudirme las botas y entender un poco de la vida, ajusté mi bicicleta y creo que entre la epifanía y la risa hasta disfruté el trayecto pero yo soy una loca. La bici y yo avanzamos los primeros metros temblando después del impacto, creí que no iba a pasar el Viaducto pero llegué pedaleando a la casa de mi próximo accidente.

                                             Gabriel Zambrano Art work. Quizá en efecto, morí.  







Too much i've seen, too much i've seen. Que esto se volviera un paredón como el de la bella y salvaje Wild Belle. 


PD. Querido Anónimo: Sí escribo, este año un poquito más, ya verás. Gracias por leer. 

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lunes, 22 de septiembre de 2014

El Dolor. Orografía.


El dolor apareció en la faz de la tierra como un socavón en Siberia. Es una cueva fría e inmensa al noreste del mundo. El dolor se abre en el pecho de una mujer de tierra y fuego. En el centro del alma. En la cúspide de la belleza. Viene el dolor en esa barca de estruendo y escritura.

Todo mundo sabe que nos derretimos por adentro. Cómo se van perdiendo, deshaciendo los polos, poco a poco. Los científicos entregan sus reportes, han medido las marcas del desgaste. Lo sabemos, hasta nos lo decimos con palmadas en el hombro, con vino y con amigas, pero no estamos verdaderamente conscientes de su inminencia  hasta que se han abierto las entrañas de las rocas o la carne. Paseamos sobre los campos de lavandas y certezas hasta que viene el desgarre de las cosas. No de todas las cosas, sólo de las que damos por hecho. 

No conocemos el momento preciso en que el voraz vacío de la vida tirará nuestros techos y paredes para mostrarse, para hacerse evidente al mundo. Evidencia de la erosión histórica 
de la verdad o del amor. No sabemos cuándo es que la obscuridad paleolítica derruirá la risa y se tragará las tardes. Más vale no saberlo, nunca estar listo y sólo caer.


Estoy aquí, otra vez, años después. El dolor se abre paso entre las rocas o la carne  para empezar con su amenaza, de meses o de años de engüirnos por adentro. Pero no. 

No sucede. No ha sucedido. Nada nos ha tragado. Aquí seguimos. Acostumbrando la vida y los ojos al nuevo paisaje. A esa idea telúrica de perderte, de perderte así, hoy. Después de ponerle tanto amor a los días y tratar de ser generosa y de fluir en la vida. Diciéndonos que nunca, nunca más seremos, que nunca más permitiremos...Ahí está. Ha sido un gigantesco hielo cuyo peso acabó por horadar el terreno dejando la superficie de la tierra abierta. Franca y abierta.

Otra vez, un poco a la izquierda de una caja toráxica: la fosa que va al centro de la tierra. Viene el dolor sabiendo que es parte del tejido del mundo. Que también será la paz.

En el fondo de mi alma está el magma donde todo se quema y nace.

Y nace: Del dolor crecen las flores. 

Conozco su barca y su escritura, es barro primigenio.

El amor nos permite sentir mejor al Universo.
El dolor nos permite sentir mejor al Universo.

Quien se escapa no lo sabe. Y qué lástima me dan ustedes, los que no lo saben. Los que se escapan.

Vendrán las flores y serán mías y de otro. Brotará entre mis senos la flor de la belleza, la flor del perdón, la flor de la sabiduría. Mi corazón es la guerra florida. Sacrificio contempo para honrar a nuestros dioses. Los dioses paganos: el dios de la belleza, el perdón y  la sabiduría. Viene el dolor, se ha abierto. Se ha mostrado en la península de Yamal, el fin del mundo. Un gigantesco vacío entre el hielo y el fuego de lo que somos y sabemos. Me conoce, le conozco. Tengo otra cueva en la vida.

En mi alma crecerán todas tus flores.     





                                            Otro crímen quedará sin resolver.                                                     



Aguamala o medusa