miércoles, 5 de agosto de 2015

Uróboros


El término loop es un anglicismo, bucle en español, en en música electrónica consiste en uno o varios samples sincronizados que  ocupan generalmente uno o varios compases musicales exactos y son grabados o reproducidos enlazados en secuencia una vez tras otra dando sensación de continuidad.


El uróboros es un abrumador evento de la naturaleza y un antiguo símbolo usado en la búsqueda alquímica, repetido a través del tiempo en el inconsciente colectivo, un impasse calcado y rediseñado por civilizaciones diversas, ilusoriamente distintas. El uróboros es una serpiente o a veces un dragón que se devora a sí mismo, una orilla de fauces que devora su cola, la otra orilla, y con ello, inevitable pero voluntariamente es y se destruye continuamente.

Es importante saber que el uróboros es tanto más veces símbolo que naturaleza y por ello resulta una búsqueda. En los serios juegos alquímicos es el símbolo de la perfección, un ser que se satisface a sí mismo como alimento y como cuerpo alimentado. La redondez de los textos, de los proyectos, de las organizaciones, de los cuerpos, de una obra, del ser, es el hambre y la satisfacción del hambre. La efímera y única autosuficiencia de la autoingestión, una autofagia misteriosa y ancestral, la muerte devorando la vida y la vida, dispuesta y sumisa siendo la muerte, como lo es siempre pero con una claridad insoslayable, en el formidable seppuku del uróboros. Como las bellotas que caen con estridencia sobre el techo de la cabaña en el Anticristo de Von Trier, como soplar las velas del pastel de cumpleaños. El uróboros, imposible de no mirar, muestra que somos el plato fuerte de la cena, el fin, sin el intermedio de los días, sin los aperitivos o postres que nos representan los otros.

Mi primera pesadilla ha sido con serpientes. Sueño con la amenaza y el poder de un movimiento seductor. Para poder devorarse es necesario disponer el cuerpo de manera circular, performar un círculo y con él, la paradoja infinita que hay en la perfección de ser en lo que es,  la eternidad o la crueldad de un ciclo infinito, un loop de la existencia. El infierno, que también está diseñado en círculos; Dante, Sísifo, Perseo, tú, la noria del sufrimiento. Shiva danza en la dicha por lo que transmuta, en la dicha de lo que será destruido: el holograma de la política, de la vanidad, del dinero, del ego. Shiva danza con una serpiente adornando su cuello que simboliza los años. La destrucción que completa la creación. La forma serpentina del Uróboros espejea el vértigo de las cosas que no dejan de empezar. Como los vicios, como el mar, como nuestros labios en un beso: amorosa, suave, intermitente antropofagia. Antes me besabas con la ansiedad del hambre, ahora bailamos, volvemos a comenzar, sé que lo importante es no dejar de cazarte. En algunas barajas del tarot,  también podemos ver un uróboros atado a la cintura del primer arcano, el mago, que contiene en aquella latitud creativa del cuerpo, la fuerza primitiva y originaria del infinito sobre el que crea y hace su magia, la pequeña ilusión del hombre, manipulando con artilugios y destrezas la fuerza de la vida que reside en su fragilidad, en la posibilidad que tenemos de morir, en las fauces de la muerte respirando sobre la nuca, siempre acechándonos. Los antiguos nórdicos sabían que hasta el día de su destrucción, el mundo estará rodeado por la Jörmundgander, la poderosa serpiente que prevalece autoengulléndose alrededor de la Tierra. México, esta semana, este sexenio se mueve como un uróboros. 

El símbolo también sucede en la naturaleza, verlo, causa cierta repulsión; el uróboros es un fascinante y grotesco acontecimiento del mundo pues, no se sabe exactamente por qué mitológica o evolutiva motivación, la imposibilidad de cazar y de comer, por ejemplo, hay algunas clases de víbora que comienzan a fagocitarse, tragando desde las dislocadas mandíbulas el fin de sí mismas.
                                                                                     



Aguamala o Medusa
Entre Caníbales. Soda.

lunes, 27 de julio de 2015

Envidia de las Aves. Crónica de lo profundo en las BARRANCAS DEL COBRE.

Las Barrancas del Cobre, caldero de los Dioses. Poza tornasol en la se decanta la vastedad de la Tierra. Memorandum de la instantánea que es la vida, testigo panorámico de nuestra épica amorosa.

En las paredes de este cuenco mágico yacen las cobrizas inscripciones de todas las horas, las hilvanadas, las descubiertas; es un oficio para los dioses viejos, sacra caligrafía del tiempo, espigas remotas en un electrocardiograma de piedra, signos de un corazón paleozoico. Antiquísimo vertedero de cascadas: agua que corre rarámuri, lenguas líquidas que alimentan un ensueño tarahumara. Este sendero alto despierta con una nostalgia por mañanas más simples y más fundamentales, mañanas también crueles. Las fallas del espacio son las fallas del tiempo.  La cañada es el altar de todos los soles y en ella crece la verdad de la espina y la miel de un cristo vegetal.
El tren recorre el trazo de un Kandiski cósmico, un amor brilla en el coro de esta paleta tectónica. Cáliz magnífico para invocar al rosa,  al ocre, al azul cuando deviene verde, a todos los verdes, el que deviene azul como en los campos marinos para que las aves emerjan del océano improbable. Así es el cobre, alarde de timbres minerales, una duda cromática, despliegue de indecisión.
No es distinta la substancia ardiente que subyace y palpita bajo todo deseo. La Sierra Madre Occidental, es el resultado de un antiguo y violento beso ígneo. En la cañada una cumbre mira a otra y una tensión de vértigo pende entre sus bordes; al amanecer todos los límites se cubren de humedades y bocas de ríos imaginarios se beben entre las rocas. Caricias de nubes urgentes me recuerdan a Ulises. Me resulta preciso nadar entre dos profundidades y más abisal es su risa. ¿Volar, caer? Un pájaro metálico, canta al amor pendiente entre los riscos, es una fuga del alma, un poeta perdido.
 Aguamala o Medusa
Fotos de él
México, algún lugar entre Game of Thrones y El Señor de los Anillos

Queridxs, estoy en una crónica sobre el viaje y otras cosas ambivalentes de la vida, pero este retrato me resultaba urgente, me subí a un tren de sentimiento, el paisaje de fuera se parece al paisaje que se siente dentro, poemas a los que les gusta repetirse. Gracias por leer.



martes, 19 de mayo de 2015

Epic love: El universo según Aguamala

                                      Nunca vamos a estar a salvo, Kim Herbst

 
Primera temporada, 2003, creo. 
Ojos de la intuición.
 
Henry was literary.
Anaïs Nin, Diaries.

Nos conocimos en  2003, creo.  Yo tenía 18 o 19 y el 22 o 23.  Coup de foudre en la explanada de Ciencias Políticas, era viernes y había una fiesta. Yo  lo llamé porque era muy segura de mí misma.  Como una aristócrata, nada me angustiaba y le pedí a alguien que lo trajera a mí, lo mandé pedir.   Aguamala teen – ¿Y él? ¿Quién es, lo conoces?-  Interlocutor equis -¿Quién? ¿el Ulises?- Aguamala teen  -Sí, el de lentes... a ver, tráemelo-  Y fue.
Pero sé que lo llamé, que lo miré, porque él ya me estaba mirando como me mira ahora. Universitaria doncella en mezclilla y gaza con vaso de agualoca, flotaba sobre lo que había y su mirada me hizo girar;  eso fue lo que me enganchó, que él también parecía enganchado. Me lo llevaron.

Ante mí sus ojos de indio triste, como le dice su madre, absortos y nerviosos detrás de sus profundísimos lentes. Hoy es el hombre del lente. Del ojo. Siempre ha tenido esa forma de verme, a veces lo he sorprendido como depravado mirándome mientras duermo. Esa labia con transparente poética de tlatelolca, tan efectiva con las extranjeras y conmigo, Ulises me hizo lo que alguien le hizo a  Gween Stefani cuando se pregunta Why does the good girls always like the bad boys? El tan Tepito y yo tan Perisur. No tuvo mi teléfono pero me encontró el lunes siguiente en el patio de Psicología, acechando cual mosco, como después dijo en un poema en el que se enternecía por mi fe.

Compartíamos ciertos parámetros del interiorismo. En la primera cita me sorprendió que conociera a Valéry, porque casi nadie conoce a Valéry y menos para que te lo citen con la primera cerveza cuando tienes 18 o 19.  –Fuck, este sí lee- pensé.  Pero no sólo leía sino que conocía mis palabras clave y la vida y la Aguamala saben cuánto nos importan las palabras: El Cementerio Marino abrió paso a la metáfora que el Ulises moderno sería en mi vida y en mis letras.
Él lo cambió todo, los indicadores y criterios del amor, los síntomas del amor, la barroca gramática del sexo, los finales del amor. Doce años nos hemos pisado los talones de Aquiles en todas las configuraciones posmo y acaso imposibles y acaso así: planteadas desde lo post que es ya la imposibilidad de la vida aprendida, durante cuatro temporadas que yo pensaba eran tres. Ulises cambió también la dimensión de las caídas en el amor. Bienvenida a  la tercera cuerda de la vida. Love hurts. Love learns. (Canción de drama ochentero). En la primera cerveza que bebimos juntos Ulises dijo que el mar siempre está empezando...
Siempre me han gustado las personas con buen ojo y me vi haciendo añicos al único chico decente y cuidadoso que conocí en un largo rato, el Rodri, otro cineasta en el futuro, quien pudo perdonarme y ahora somos amigos. Cuando conocí a Ulises venía de comportarme como la quarterback ligadora y prepotente de la escuela, me sentía por fin cómoda en un espacio como Ciudad Universitaria y andaba muy  seguido de cacería con mis amigas en un edulcorado y liviano malestar de la cultura. Quería verme a mi misma como una buena cazadora de problemas y me había hecho de un área de expertise: tenían que ser guapos, con un auto lindo, del sur, que me resultaran simpáticos y que les gustara el rockcito que me gustaba a mí;  cosas muy simples para entablar romances simples, relaciones superfluas y poco duraderas, me gustas y luego ya no, consumo de cuerpos, they just checked my cheklist. Tampoco se entienda que buscaba que aspiraran a  “un futuro” o que buscara marido, como otras chicas del colegio.  A esa edad yo ya sabía que quería dedicar la vida a servir en una universidad (no sabía cuál)  y sospechaba que me iba a gustar mucho la fiesta, era como una porrista a la que le gustaba la poesía. Dieciocho, veintiocho...whatever!

Después de Rodri llegó a la Ciudad de México la belleza aria del primer Daniel. Proeza su belleza y proeza que viniera a vivir al DF por mis huesos. Aguamala ya ha nadado en esa historia, sólo hay que decir que después de varios años de insistir con un  amor adolescente y a distancia (el tiempo teenager pasa más lento), cuando lo tuve dejé de  quererlo y sus hermosos ojos azules dejaron de tener sentido cuando estaba huyendo de la policía con Ulises,  muertos de la risa.
 Allegory of Charity, (detalle) Francisco Zubairán
Después de Ulises solo pude fijarme en personas que parecían entender la poesía de la vida, aunque no la entendieran, aunque no la entendiera yo misma. La poesía que se dice a sí misma se volvió un criterio para la vida: un extraño gatillo.  Con él tuve una explosión tras otra y me abrí sinceramente porque me gustaba intimidarle. Le mostré mis textos y mis jardines del sur, los interiores de mi alma y una fuerte añoranza por la sagrada sencillez ¿Qué estaba viendo cuando vi a Ulises? ¿Qué certeza predecía o me imaginaba?
 
Nos conocimos y nos amamos y él se estuvo y me estuvo mintiendo todo el tiempo. Así fue como la porrista a la que le gustaba la poesía conoció, por primera vez, el rumiante sentimiento del rencor. “Estaba tratando de salir de otra relación”; una todavía más teen que la nuestra. Yo no podía o no quería entender cómo hacía para  gastar tanto tiempo, dinero y esfuerzo en mí. Me encerré en angustia, me llené de celos y  descubrí que podía llegar a ser muy patética. Nada de quaterback prepotente y ligador, nada de eso; mi libido estuvo pegada a viscosas fantasías de venganza y decidí que no lo vería ni dejaría que me viera hasta que hubieran desaparecido: la estética de la tristeza sería solo para mí. 

Me vi orillada a torturar un oso de peluche; lo puse de cabeza frente a un calendario y  le di una fecha de caducidad a mi pena. I think I’m turning japanese. Desde el segundo piso, lo veía esperarme a la salida de mis clases de  francés y aguardaba ahí  hasta que se marchara de la puerta del CELE sin poder verme. Cambié mi teléfono y mis clases, les dije a mis padres y a mis conocidos que no quería saber nada, que no le dieran información mía. Estaba cansada de que me pidiera disculpas o que me dijera que yo era mejor. Me safé de un triángulo amoroso adolescente, de egos desbordados, de egos angustiados que dejó de ser cosa de él para volverse una cosa de nosotras, transformarse en una absurda y subrepticia competencia en la que él me puso por  andar de “todasmías”, aunque el monstruo creado y aceptado era mío de pies a cabeza. Los químicos del sexo, del bienestar y los de las drogas no son los únicos químicos a los que nos habituamos, también el cuerpo genera sus droguitas cuando nos hacemos adictos a la angustia,  los celos o la tristeza. Nos asesiné. Supe exactamente el momento en que decidí cortar con todo.  Recién salió de la casa de mis padres una caja con mis letras viejas en la que  también dormía su poesía; Ulises me veía como una flor y como un escape y como un golpe de suerte.

Tiempo después supe que enfermó. Lo operaron, perdió por un tiempo la voz y con ella su labia tlatelolca y su poesía, mi enredadera.
Desaparecí de la faz de sus tierras porque antes, no hace tanto, se podía. Los amigos no estaban en redes y éramos todos peces sueltos. Se ha vuelto más difícil esfumarse.  Sin embargo, y a pesar de la red, a estas alturas de la vida desaparecer ya me sale perfecto. Si alguien me rompe yo no le voy a hacer un teatrito. Si alguien me rompe sólo me es ejecutable el acto de la desaparición: usted simple y sencillamente puede pasar a recoger su constancia de participación en Aguamala.

El desapego es un arte del dolor, un ricito de filigrana que le haces a todo lo que duele, como si fuera mármol o barro o acuarela o harina. El dolor es la materia prima de la potencia de la vida con sus alegrías y sus olas. Pero ya hablamos de eso cuando se colapsó el mundo.
Él tan de la Épica, tan tempestad. Llegó Ulises con sus monstruos y sus brujas y  sus héroes y poetas. A él se le ha cumplido eso que dice Jodorowsky de que el nombre es como un mantra. A Ulises todo le acontece en Odisea: los horarios y las fechas, el amor y el cine; también la adolescencia tardía en la que nos conocimos y que se le notaba mucho más a él que a mí. Aunque tal vez siempre adolezca de algo, yo soy toda discreción. Encontré la sencillez añorada y un remanso de historias que no estuvieron en él ni con ningún otro hombre sino bien guardadas ahí debajo de mi escote. Con Ulises exploté y me desaparecí. Es lo que hago cuando se marchan las olas o los hombres de mi vida, con lo que amo y me transforma. Bienvenida la muerte de conciencia que es la muerte de todos los amantes. Me rompo, desaparezco, muero porque no se puede hacer otra cosa y mantener cierta elegancia.

Su exnovia es una estrella de las redes. Yo siempre me he parecido mucho a  todos los nombres y a una pira de fuego. Soy como todos los cuerpos, un ecosistema, un planeta de sangre. En mi cara sonríe una mujer de mil razas. La gente dice que me parezco mucho a la selva y yo, como todos, soy una red de estrellas, como todos los cuerpos que nacen y se mueren explotando de conciencia, que es lo único que está. Lazos de constelaciones soy.
El dolor se aproxima como las olas voraces de los océanos japoneses. Es inminente y mata de miedo hasta que uno decide soltarse y ahogarse y morir. El  magma, el fuego, que es el fondo de todos nosotros, que es el fondo de toda ola, amenaza, sucede, cede, y de la costilla de ese dolor nos acontecen nuevos ríos, brotan risas manantiales, nuevos sistemas montañosos, la piel de largos y tibios pastizales inaugura nuevas danzas y se abren en la carne claros valles para que brote la vida y la escritura. Cañadas de aves interiores, cavernas de agua tibia, tigres dientes de sable, flores, sangrantes corazones abren amplias e impasibles calmas para que nos devoren olas nuevas.



Patrik Mogilni de Berlinart parasites
Pero no cualquiera se le enfrenta a la ola. No es cool enfrentarse a la ola. Es más fácil inventarte un cuento de hadas fraudulentas y torturar a tu osito de peluche sin límite de tiempo. Mi amiga  Baby Princess que es tan hermosa lo hizo. La otra noche, la encontré en una fiesta y me di cuenta cómo le había sucedido, esa belleza brutal resultado de hacerse añicos e ir de besos litorales a espejos literales: la vi tan llena de ríos, tan cubierta de flores.

El Universo es una red de conciencia que se piensa a sí misma. Un fractal infinito de conciencia. Todo es  esto. Una red por cuyos circuitos o caminos o vías, transcurren el tiempo y el espacio, y es con tiempo y espacio como persiste y se da forma a sí misma. Los bordes de sus circuitos o vías o caminos están hechos de agua, de aire, de polvos y de fuegos y estos elementos separados o juntos, en todas las formas en las que podrían estar juntos, están siendo aquí y ahora en una orgía total de infinitud y de posibilidad. Toda la belleza y la crueldad de lo posible. Derroche de todas las formas: es esa su respiración. Todo es esto, todos somos esto, y es absolutamente abrumador y es absolutamente hermoso. Ante tal descubrimiento, ante tal visión y su luz y su vértigo, otros hombres y yo pronunciamos el nombre Dios, enorme abismo de luz esencial.  Se parece mucho a la poesía y la poesía se parece mucho al Universo. Prana.
Metatron's Cube, Platonic Solids/Sacred Geometry

 Segunda Temporada, 2010.
El planeta nouveau.
                                                                                                                                                  Your body is a battleground
                                                                                                                                                          Barbara Kruger/Delain

Cuando regresé de Barcelona volví a ver a Ulises y ahora que lo pienso, algo de Barcelona tenemos ambos. Pasaron muchos años y en Cataluña me volví al queer. Nos volvimos todos, me parece. Olmo también. Your body is a battleground, quería tatuarme. Mi cabeza iba y venía en el columpio de la teoría, análisis del discurso, una impronta sudamericana y esa soberbia de la destrucción que algunos tenemos al final de los veintes. (Es que vemos muchas películas). Vivíamos persiguiendo cierta estética. Nuestra adicción total a la relatividad, a un paso de volvernos promiscuos por afinidad teórica.
Nos vimos en el piso de Jalapa y Obregón y bueno...me enamoré del barrio, del edificio, del apartamento y de la posibilidad de un escape. Del hombre no me enamoré, siete años después, sólo le reconocí. No iba con esa intención pero sabía que si me encontraba con él, cabía la posibilidad de estarle pisando tres pies al gato. Es algo con el cerebro reptiliano, su maldito olor, cuestión de neurotransmisores y que soy una pinche necia. Él me contactó y como esa onda entre la curiosidad y los gatos tiene algo de cierto, fui. 


                                     The Season: Summer by Alphonse Mucha

Bastó un encuentro para comenzar a diseñarnos el planeta del escape: me resulta tan importante su nombre, Ulises, qué bellas tardes, la luz ámbar de nuestra intimidad mitológica. De la Ciudad, de esta, siempre hemos estado enamorados. Una vez hicimos el amor sobre una piedra volcánica mirando al cielo. En la segunda temporada, ya nos parecíamos a las personas que somos ahora, no estábamos descubriendo qué nos gustaba. En  1921 se hizo el edificio Francia, con sus techos altos, con esa ventana, (mi ventana!!!) con la geométrica mantis de recuerdo de otra ex en el muro, los pacientes ángeles de la escayola, viendo salir una amante tras otra.
Yo ya había empezado a lidiar con las prácticas postfordistas de la academia. Cuando aterricé de la maestría tenía tal vez 26 años y  avanzaba no sin tropezar con mis propias desilusiones laborales. Me había independizado de mis padres hacía mucho tiempo y ya me nombraba feminista. Él ya sostenía a su madre. Traté, junto con mis socias, de construir un espacio para relacionarme de manera más justa con el trabajo, fue un verdadero laboratorio social y afectivo y cultural. Tenía un nombre recalcitrantemente discursivo que en maya significa “lo que se hace con las palabras”. Abrimos una cooperativa que era nuestra empresa y pervivía aún el momentum de creatividad que Olmo y yo tuvimos juntos. Me había dejado ir tan hondo en él, en Europa y en mí, que el  frame ñero de Ulises ya no me impresionaba; me impresionaba y atraía su generosidad y su autenticidad, me gustaba y me gusta que se mantenga en la lucha de mirarse, pero ya no era el barrio ni el mood Romero y Julieta; teníamos en cambio muchas cosas por darnos uno al otro. Volábamos al cine y al museo,  estaba contenta de estar en la ciudad que es mi casa. Él ya divisaba el cine y yo le hice letras muy definitivas. Que estábamos en un abismo, que esta boca es suya.

                             Your body is a battleground/Barabara Kruger

Ese año, la noche apretada entre Aries y Tauro, entre Venus y Marte, la noche del 20 de abril, brotó de la costilla de una chica, justo el día de su cumpleaños,  la Aguamala o Medusa que es una ninfa y que es una furia. Una criatura viscosa y transparente que salió de algún lugar de su caja torácica, para alimentarse de ella y darle el hambre, pues las cosas son así para el uróboros pop de la que vive y la que escribe. Este es el trato.
 Uróboros, Alquimia (y la lógica de Aguamala)
Calipso, otra isla.

Pasaron los meses y con la Bruja puse la casa de Tokio, tal vez estuve poco más de un año flotando en la energía art nouveau que decidimos darnos. Esta vez no hubo muchas explosiones, sino la armonía contundente de la  potencia. Un fluir de la ciudad. Una cadencia floral y secreta que me gusta llevar de casa en casa y a donde me gusta invitar a mis amigas y a mis amantes para jugar al Montessori. Estuvimos siempre bien provistos de poesía porque eso es lo que más me gusta de él y es lo que más me gusta de la vida. Ahí también empezaron mis problemas con las tinas: me encanta sumergirme.

Yo no quería escribir de Ítaca, un buen porcentaje de las aguamalas que se pegan a las piernas cuando se nada en esto son para Ulises (y son una basura todas). En alguna de ellas encarno a una Penélope indispuesta, porque el tejido que deshago por las noches es el propio, también llegó a divertirme la posibilidad de ser Calipso, la que por una condena familiar es maldecida para tener entre sus brazos, solamente, un héroe (por decirle de una forma al hombre que padece y vuelve) cada milenio y en una de esas extrañas y sagradas ocasiones Calipso se enamora, enamora y hechiza a Ulises, prometiéndole vida y juventud eternas y a quien los fatales dioses griegos obligan, pese a todo  a ser abandonada para continuar la travesía y volver a su mujer y a su isla. Sin embargo, si en su historia fuera yo Calipso, en mi historia siempre he sido Homero y la idea de Ulises, si bien me fascina, no me ata pues la narro, yo la escribo. No había fechas, ni horarios, ni familias, ni aniversarios. Hubo muchísimas letras y muchísimo cine y yo me dejé llevar en mi libertad con él y con otras dos libertades. El Ulises urbano, antes de la estrella de las redes, muchas mujeres antes, se enamoró de una turista de la vida, de las que quieren poquito y práctico, una que era tan nimia como mi exnovio,  uno que nunca me pudo leer bien y de corridito.
En la segunda temporada Ulises no me rompió ni lo rompí yo de vuelta, ninguno se puso adolescente. Yo me intenté queer y él se puso muy amigo del imperio, así que aceptamos ambos las consecuencias y una vez más nos rompimos en ellas como toro, torero y ruedo ¿usted, cómo se rompe?

Entonces no “tuve” que desaparecer, no tenía ninguna justificación afectiva para hacerlo, era cuestión de  aceptar la vuelta de tuerca que implicaba ser libres y sin nombre, de ponernos relativos y sentirnos muy loquillos y modernos... pisarle tres pies al gato. Ponerse en tela de juicio que para eso estamos. En ese entonces lo entendía todo mal y sé que lastimé a gente muy querida porque love hurts y porque el ego. No por la libertad, ni el feminismo, ni la impronta queer de Barcelona.
Hice o hicimos todos, Olmo también, un esfuerzo por fluir con cordialidad y buscar la libertad por valentía, no puedo decir que intentara nada más, no es tan sencillo salirse de todo y comenzar a ser abierto y poli-bien-intencionado. Tampoco había meditado, ni tenía tan de cerca una referencia clara de mi propia conciencia. El feminismo, el mío y el de ninguna otra, ya me ha dado varias revolcadas y me pienso morir viejita y feliz en ese intento. Para mí el feminismo es un refugio del  corazón y es a la vez una lucha, una pregunta, como la cumbre y su despeñadero es el afán del montañista. El cuestionamiento político sobre el género, a mi parecer ha sido todo un camino, no una forma afectiva de proceder, sino una forma afectiva de mirarse, no una postura política introyectada ya sin dudas, sino una duda constante sobre nuestras relaciones más próximas, tan próximas como el juicio o el cuerpo: los cuerpos. No una militancia conquistada, no, tan sólo una vía más para crear la libertad y la dicha de la justicia que es lo que queremos todos. (Vale, no todos). En esa época de mi vida, la vuelta de Barcelona, no desaparecí de Ulises, pero me fui a otra cosa y borré las huellas.

(Hubo de tres a cuatro temporadas, hay un debate y es difícil de saber. Hace dos años ya sabíamos algunas cosas pero no sabíamos renacer.  Sé que nos volvimos verdaderos amigos en ese tiempo).

Tercera temporada 2012-2015.
Calma o tormenta.
Épica: Adj. (epikos); de (epos), "palabra, historia, poema".

En la tercera vuelta Ulises llegó con su barca flotando en eso que los españoles y antes que todos los españoles, los marineros españoles, llamaban la calma chicha. Esa quietud del océano sin olas o sin ninguna ola notable que se prolonga durante horas, durante días o semanas sin que acontezca una brisa amiga, ningún viento solidario, sin el aliento que se da a si mismo el movimiento del mundo. Se trata de la navegación pesada y lenta de las embarcaciones  mientras el cruel horizonte devana los sesos a la tripulación y el sol las abrasa, quema y arrebata la esperanza que nos dan las islas, aún tan lejanas. Lejanas dos veces porque están después de la tormenta. La palabra calma viene de una palabra griega, o sea una palabra que usaron otros marineros aún más antiguos para nombrar al calor, no ese calor agradable y llevadero como el que riega nuestra ciudad en marzo o en octubre, como la tibia miel que se procuran los amantes, sino ese calor que es veneno punzante y envolvente y que azota a los marinos como aguijones totales,  lanzados por el astro que nos da  los días y que se ensaña cuando nuestras naves sortean puras olas bajas; cuando no podemos movemos con la respiración del mundo.
 
 
Ulises vino a mí en Tokio, después de esa calma y sin haber sorteado la tormenta. Vino sediento y vino náufrago y loco y un poco desesperado y desesperanzado de la turista. Nos pusimos a hablar sobre el vértigo y nos contamos nuestras épicas porque somos amigos. No abundo en las mías porque ya se conocen; dice Rilke que es importante mantenerse solo y atento cuando se está triste, pero no lo sabía.
Para mí, en 2012 sí aconteció el fin de mi mundo y soy el resultado de una profecía chilanga autocumplida. Algunos meses adelante, ya instalados en nuestras “soledades” (amantes random) me sucedió un año de fiestas y de montaña rusa emocional y laboral y hasta política de la que ya se ha escrito en esta colección de carencias que es Aguamala o medusa; cambié de playa y con él sólo me encontraba de vez en cuando en alguna bañera del mundo.

Al paso de los meses, que cuando se ponen juntos sanan, Ulises, más estable, me llevó dos veces a dos restaurantes japoneses y me dijo sobre el abismo y que su boca era mía y que viviríamos en el paraíso nouveau con chelos y  ginebra, con encajes y con letras. Me habló sobre  Ítaca en una casa mexicana y a mí todo eso me dio una risita nerviosa ¡Me acababa de bajar de la montaña rusa!  Teníamos una idea muy similar del interiorismo en nuestras vidas y  sabía que verlo era buscarle tres pies al gato. Pero no, esa vez no me convenció de nada, no lo  reconocí como propio, (o sea como un vicio propio). Me dediqué a plantear la posibilidad de montarnos otro ambiguo escape y ahora fui yo quién terminó por encarnar el espacio bello y cruel de lo posible. Otras costas despertaban la  curiosidad de mi gato interno y dos veces en dos restaurantes japoneses,  le dije que tal vez y luego que no. La segunda le dije que me había enamorado de un turista, que quería un amor fresco y fácil y lo tuve. Ulises volvió un poco derrotado aunque más tranquilo a sus ventanas altas y a la escayola labrada de ángeles de la entrada de su casa; yo me  fui a intentar otra cosa. Me hice de una playa que compartí con un turista de la vida, de los que quieren poquito y práctico, un turista tan nimio como su exnovia de la segunda temporada, la que nunca lo supo leer bien y de corridito.
Así que tuvimos que aprender a renacer y fuimos a la guerra. Otra vez la guerra, otra vez la ola, la tormenta, que por más víctimas que nos pongamos, por más que lo alarguemos en pretextos, siempre es una tormenta de nosotros mismos.

Él terminó por enfrentarse a PolifemX, el cíclope (sólo así nos explicamos una mirada tan estrecha), probablemente el  monstruo más grotesco de toda su odisea, ser de monstruosa ceguera producida por la herida de Odiseo sobre su único ojo y sobre su ego de gigante. Polifemx, con su atrofiado ojo, mostró a Ulises el espejo más apocado y  vergonzoso del que ya había sido un largo viaje: el herido vástago de Poseidón, acabó por invocar para Ulises la maldición patriarcal por todos los océanos tratando de apresarle o destruirlo, que es lo mismo, en sus olas sociales. Monstruo y mostrar tienen la misma raíz etimológica y todas las lecciones se agradecen. Hasta esta.

                                           Shamo, manga, The foolish brothers.

El turista regresó a la playa de su madre y me dijo por los escasos medios que tenía, como señales de humo, que no me podía, ni me quería y yo se lo agradezco. Me quebré. Me rompí tres veces porque le tengo mucha fe a mis creencias amorosas (pinche necia) y al final me quedé pensando que en realidad sí me gustaba el paisaje que ya había construido. Que estaba llena de tardes y de agua potable, que siempre tendría disponibles caricias de playa y grandes amores, así que fui a sentir el dolor que se abrió en el noreste del mundo y a entender esas cosas budistas que están por todas partes. Acudí por respuestas a una secta de coahing en las madrugadas, fui al café, a los ángeles, a mis hermosas amigas. Ya trabajaba en el trabajo al que sirvo devotamente y podía sostener mis delicados vicios con todo el lujo de mi precariedad. Doce años después, sirvo en la Universidad, me gusta mucho la fiesta y no tengo marido.
Font du Surf, Mazzacio Drowilal
Como dice Aguilar Camín, escapar de lo difícil es el camino a la indolencia, he ahí la tormenta. Los turistas no quieren ninguna dificultad en sus vidas. Yo ya no me siento tan relativa ni en ánimos de experimentos afectivos, quiero lo mejor aunque sea difícil y deba atravesar la soledad y el dolor.

Fui a ponerme contenta por el sol en mi pecho y por la estrella boreal de la escritura. Me fui a pensar en qué clase de amor quería merecer y a buscar para mí las  palabras clave.  Dejar de disculpar a mis amantes por no amarme ni a mí ni a la vida. Dejar morir mi hermosa isla y agradecerle la última y dura sacudida.
Esas batallas, la de él y la mía, dejaron una imbatible sensación de... exacto hasta el colmo, definitivo al hartazgo, brillante y elocuentísimo: chale. Pero todas, todas, todas las lecciones se agradecen, hasta estas. Las tormentas y sus olas sobrevienen para poder amar mejor.

Todo es uno

 Cuarta temporada, 2015.
La ruta de la seda y Primavera.


“Sex must be mixed with tears, laughter, words, promises, scenes, jealousy, envy, all the spices of fear, foreign travel, new faces, novels, stories, dreams, fantasies, music, dancing, opium, wine.”
Anaïs Nin, Diaries
Así entré al dolor y como lo único que puedo darle son palabras, le dí al Universo tres palabras clave: valentía, generosidad y risa. Y el Universo, que es una red que se piensa en todas las formas, por ejemplo, a través  de las campanas o de los soles o de la seda y se parece mucho a la poesía,  me trajo a Ulises.
 
Cuando apareció en escena en la cuarta temporada, teníamos muchas más certezas y bastantes más agallas. Ulises, mi amor ñero, compulso y compulsivo, Ulises el tlatelolca, el sonorense, llega con su barca después de la tormenta, con sus poetas y sus héroes, con sus naves y sus brujas, Ulises con las graves sirenas que hemos  degollado y cuyos cabellos gruesos nos atan al mástil del aprendizaje, a esta  barca y a su movimiento sobre  las olas de la vida. A la libertad es a lo único a lo que debemos atarnos. Yo no soy Penélope, yo soy la isla.

Doce años después del día en que se puso frente a mí en la fiesta  de mi Ciudad Universitaria, como si nos lo hubiera dicho un Homero posmoderno, el día en que en los ojos del otro vislumbramos Ítaca, lo supimos todo.
Ulises y yo tenemos una idea muy similar del interiorismo en nuestras vidas, eso nos mantiene acaramelados y calientes, con un calor distinto al del sol punzante del anquilosamiento o de las llamas vivas, es el calor dulce y envolvente de lo que se cocina a fuego lento, del conocimiento mutuo que es un ámbar delicioso, que se mueve con las olas y acontece ante su propio movimiento.

Después de esos doce años, decidimos mudarnos del escape a la vida y lidiar con horarios, fechas, familias y aniversarios, con la vida postprecaria de vivir de lo que amamos para adorar y cuidar a nuestra isla, superar las olas de su neurosis y la mía, o de los vicios y los egos que son cosas parecidas. Abandonar la relatividad y reconocer las certezas y el afán del marino y del poeta, que son oficios similares porque ambos persiguen criaturas elusivas.  El amante se parece al marino y al poeta. Él ha llegado al cine ¿Qué diablos será el cine?

La cuarta temporada es una barca susceptible al impulso adolescente, está diseñada a imagen y semejanza del planeta nouveau y está al tanto de que lidiará con crueles calmas y feroces tormentas. Tal vez vaya a ser lo más difícil del mundo, pero quien renuncia a lo difícil está condenado a la indolencia; la meta es alta, la tripulación está decidida a fundar varios ecosistemas que se parezcan a la selva.

El 21 de marzo, a la vuelta de Perséfone o la Primavera, Ulises me llevó a un restaurante japonés y le dije que sí, que esta vez sí y desde ese día o unos antes, nos hemos embarcado en la ruta de la seda. La belleza de tantos días se ha desdoblado en todos sus fractales. Nunca nada fue tan nuevo. Me siento tan llena de ríos,  cubierta de flores.

                         Aguamala o medusa
                 Cecilia Paredes en berlin-artparasites.

Sean razonables y denle play al melancólico genio de Son Lux:
 





 

 

martes, 3 de febrero de 2015

Las Reinas del Sur. Viñetas sobre una cárcel

Las Reinas del Sur.
Viñetas sobre una cárcel

Foto de Christi Lee Rogers


Para Laura, una reina.


Hay muchas cosas que no he contado todavía. Estuve un año en la cárcel. Era de entrada por salida. No crean  no soy una buena chica marista. Privilegiada y ñoña.

Sin embargo, en mi ñoñez y en mi privilegio mantuve cierto sentido de aventura. La aventura importa en la vida porque se sale de ella. De eso se trata esa palabra y es lo que dice George Simmel en la Cultura Femenina. Tiene una gramática propia. Un tiempo propio, fuera de la narración de la vida, que nos sirve para entender la vida misma. Tenía 21 años y me  interesaba aprender cosas. Las instituciones totales y Foucault y Goffman. Quería pararme en el extremo de algo.

La pregunta por la mujer. Quería empezar a trabajar con mujeres internas pero la tramitología universitaria o la capitalina, nunca lo supe, no me lo permitieron y acabé por prestar mi servicio social en el Reclusorio Preventivo Sur para Varones.

La pregunta por el mal. Tan definitiva en mi vida. Ya entonces, sospechaba que el mal provenía más veces del entramado de un sistema y una sociedad podridos con sus consecuencias, que de una persona con el gen de la maldad, llevando la marca de Satán, con los neurotransmisores del diablo. Me guardé la libreta con mis notas de las historias clínicas con las que nunca estuve de acuerdo del todo. La clínica me repelía y me fascinaba.

En ese entonces no había Aguamala, no había nacido, pero siempre quise escribir mis propios, y por supuesto menores, cuadernos desde la cárcel. Le dije a Laura que iba a nombrarlo las Reinas del Sur, por nosotras, además de que estaba de moda el libro. No se por qué habré demorado tantos años estas letras. Las experiencias dolorosas de los otros siempre me han resultado más imponentes y difíciles de aprehender que las propias. Necesitaba del bondadoso filtro del tiempo para ver que no todo era tragedia en el mundo del encierro y  peor, del sistema de administración de la justicia en mi país. Requería de tamizar la enorme cantidad de historias que escuchaba todos los días, durante un año, hace casi casi diez. Tenía algunas ideas claras:

Sabía que la política era la de  encarcelar a los desviantes.

Sabía que las ciencias tenían su visión y sus técnicas, a veces bien intencionadas para hacerlo.

Sabía que habría corrupción. 
No sabía de la dimensión de la  hidra de fauces y cabezas  infinitas que ha digerido cada parte del sistema de administración de justicia en México, en esta ciudad, que es otra hidra en sí, y tampoco que cualquier política o ciencia o política de la ciencia, también estaría sofocada por ella, por la hidra. Una viñeta es un recuadro delimitado por líneas que representa un instante de la historia: 

                                                   
       "Quería pararme en el extremo de algo” Arte Gabriel Isak

1. CANASTAS

Los días de  visita son algo parecido a una verbena popular. Sucede cada martes, jueves y sábado, ¿no les parece demasiado? Hay una razón para todo. Es difícil de explicar porque es difícil de creer, pero una vez acostumbrada a la verbena y a las rutinas de la cárcel, los días de visita en el Sur sólo podían recordarme a otro lugar y momento preciso en la Ciudad de México: la entrada de Chapultepec en domingo.

Si la sacáramos del contexto de los controles no sería muy diferente. Un día de campo masivo, despliegue de talentos de las mejores exponentes del itacate, algarabía, el dominio del know how del picnic dominguero, hasta que uno se percata de ese particular detalle: las largas filas de personas cargadas con viandas, expectantes o acostumbradas, organizadas y organizadoras, eran  casi exclusivamente mujeres.

Largas filas de generosas mujeres cargadas con sus canastas. Esas bolsas de mercado mexicano, con hilos plásticos de colores brillantes, cargando sus manteles, llenas de trapos que guardan el calor de las  tortillas, los contenedores con papas con chorizo y  chicharrón en salsa verde, con sus Coca-Colas de dos litros. Largas filas dentro y fuera de las puertas del penal con las esposas, madres, hijas, hermanas, amantes, novias e hijos de los hombres recluidos. La corrupción del sistema hace que la manutención, con lo que quiero decir, supervivencia de un interno cueste aproximadamente 300 pesos a la semana. ¿Cómo no van a ir?

En las cárceles de mujeres no hay largas filas. Nadie compite por tener el día de campo mejor orquestado. No es necesario. No hay esposos, ni madres, ni padres, ni novios, ni hermanos, ni hijos, ni amantes.

La pregunta por la mujer y su cárcel. La cárcel de Santa Martha, el edificio y la cárcel del patriarcado, los cuerpos de las mujeres indignos de perdón, de compasión y especialmente de cuidado. La palabra cuidado y la palabra pensamiento tienen la misma raíz etimológica. A las mujeres de Santa Martha nadie las cuida, nadie las piensa. Nadie les lleva ninguna canasta.

My tears dry on their own” Mujer con canasta  de Juan Gris

2. TOUR PENITENCIARIO

Hubo una capacitación impartida por parte de los Centros de Observación y Clasificación en los reclusorios preventivos de la Ciudad, departamento al que estaba suscrito el servicio en donde laboré por un año. En esa capacitación hubo un recorrido para conocer los penales, el protocolo para saber entrar y algunas directrices para conducirnos dentro. Entre ellas, estar conscientes de la relación de poder que estaría implicada si alguna de nosotras era seducida por un interno. Cuestión profesional y ética, y además tan usual que parecía una experiencia cotidiana. Tiro por viaje alguna servidora social se enamoraba de un interno. Ellas eran temerarias y ellos tenían todo el tiempo del mundo para conquistarlas.

Todas  éramos chicas veinteañeras de la UNAM y de la UAM, con el arrojo de esa edad y cuatro años de proyectos del grupo piloto en escenarios reales. Yo también era temeraria, iba con un afán Clarice Starling para enfrentarme ante cada puerta de seguridad que se abría para mí con estas preguntas:

¿Qué es la cárcel? ¿Quién soy yo en las penumbras de la sociedad? ¿Cómo es la sombra de todas las ciudades?

Hubo cosas que se repitieron: ese vaivén de los policías cuando están entre ponerse necios y/o corruptos, con las dificultades procedimentales que eso ocasiona para entrar a cada penal, incluso viniendo en un  grupo con todos los permisos requeridos y acompañadas de los coordinadores técnicos del sistema. Los directores con dientes de oro y joyería despampanante,  como sacados de alguna peli de Luis Estrada. La  falta de tecnología: era 2006, en ese entonces estaba de moda escribir blogs y todo (so, you have a blog?!!! that is sooo 2006!), no era como para que no existieran las computadoras en la totalidad del sistema penitenciario. Los internos pegados a las mallas ciclónicas de los pasillos externos aullando como lobos al vernos pasar. 

Quería conocer la arquitectura de los penales  ¿eran en peine o panópticos? Me importaban los espacios.

Fuimos al Norte, panóptico. Desde mi fugaz punto de vista era el más violento de los preventivos. El único recuerdo que guardo es una mirada pesada como muro, como celda. El Norte es una mirada de resentimiento que se ha quedado 8 años dentro de mis ojos. Le aprendí a ese hombre mirar de una forma que duele. Resentimiento, como una rabia dosificada y agonizante. Rencor.

Fuimos al Oriente, panóptico. Al haber muchos comerciantes se percibía a la gente muy movida, cierta práctica, cierta energía. Cada institución total es una ciudad, con su personalidad y sus palabras.

Fuimos al recién inaugurado CERESOVA de Santa Martha Acatitla. Nos recibieron los lobos. Panóptico donde había muchachos más jóvenes que nosotras. Lobos jóvenes.  Eso me ocasionó esa pesada sensación de tristeza y agradecimiento por una evasiva y clasista fortuna, que  hoy pienso que se llama duelo y que se siente muy seguido en este país.

Fuimos a la peni de Santa Martha. La peni no era un panóptico, era un complejo en peine, un conjunto de cuatro edificios y cuatro anexos dispuestos paralelamente con un pasillo perpendicular que los recorre al costado. Me dio mucha risa ver que en la página de internet de reclusorios del DF dice que se parece a la  Ciudad Universitaria. No mamen. La peni fue el espacio más duro y de alguna forma más ajeno a mí y por ello más desviante que visité en nuestro recorrido penitenciario, la heredera de Lecumberri. Sucede que ahí se cumplen las sentencias más largas. Es decir, a diferencia de los otros, este es un penal correctivo y no preventivo ¿la diferencia? La desolación de lo definitivo. Y esto:

El Dr. Carlos Tornero Díaz en la obra "Cárceles" de Julio Scherer García, refiere:

"Junto al dormitorio 4 se adecuó una sección de alta seguridad, a la cual se le denominó zona de observación, o simplemente "ZO". Era el nombre oficial. También se le conocía como "Zona de Olvido". Salvo algunos, nadie debía arriesgarse por el territorio sagrado, ni bordearlo siquiera. Al fondo se encontraban las celdas clausuradas con autógena, mazmorras construidas con cemento armado del piso al techo. Había una llave que goteaba y un agujero para el drenaje de los deshechos. Apenas se levantaba la rejilla por la que un custodio de confianza introducía las sobras del rancho".

Esas son letras de 1973, no sé si se refieran a lo que vi. A ras del suelo por el pasillo que recorre el complejo, se asoman desde pequeñas ventanas rectangulares,  bolsas de plástico de supermercado prendidas a palos que los internos invisibles de esas celdas en el subsuelo, como mazmorra del medioevo europeo, alzaban para ver si obtenían alguna limosna de los marchantes afuera.

La espera del amante es más larga en la cárcel. La lluvia es más desoladora. La enfermedad es más precisa. Cuando todo es tan obscuro, las personas son más claras.  Con sus marginales entre los marginales. Con sus atmósferas olfativas y sus palabras y sus héroes y sus genios.  

Mi servicio social se gestionó en el único penal al que no fuimos en el tour penitenciario: El Sur. Nos tocó hacerlo todo: lidiar con los custodios, aprehender el camino, acostumbrar a los lobos a nuestra presencia, conocer sus pesadas atmósferas, lidiar con sus terribles olores. Un complejo  con casi cuatro mil almas. A él se asignaba una parte importante de población de detenidos de zonas rurales y población indígena, existían muchos abusos. El Sur se ubica en la cima del cerro de San Mateo Xalpa, el preventivo más tranquilo, el más light.

                                          ¿Quién es el lobo?

                              3. ASANDO CHILES


Ya habían pasado algunos meses. Conocíamos el oficio y estábamos diseñando un par de talleres sobre supuestos existenciales. Nos encerrábamos con los internos para entrevistarlos en nuestras celdas-oficinas en la planta baja, sobre un pasillo alejado y siempre limpísimo, aunque afuera las atmósferas olfativas fueran otra cosa. Yo solía llegar caminando rápido, con la mano en la nariz y evitando las arcadas. Laura era menos dramática. Los lobos dejaron de aullar en cuanto caminamos más confiadas. Era un lugar húmedo y frío, solo nos dejaban llevar una chaqueta simple y ese año estuvimos varias veces enfermas.

Ese día  calificábamos pruebas masivamente, estábamos haciéndonos compañía y nos encerramos en la misma “oficina” a  calificar Domino’s, HTP, Mochover y alguna otra. Ya nos sentíamos como pececillos en el agua turbia.

En la cárcel existe el rancho, así se le llama a la comida que provee el penal y por lo tanto el gobierno a los internos. Todos tenemos esa idea arquetípica de la masa extraña parecida a un puré que servía de alimento para los huérfanos ingleses del siglo XIX… pues el rancho es así, exactamente así. En México supongo que se compone de variaciones de algo parecido al adobo y algo parecido a los frijoles. Sin embargo, todo es tan bizarro y desigual en el tambo y en este país, que la comida también puede ser basta y gorda, hecha por y para machines, excepto los días de visita en donde ya dijimos que cocinan las mamacitas.

En el Sur de alguna manera se proveen negocios bien armados de tacos, hamburguesas, cocteles de frutas de tamaño descomunal con los que nuestros fans nos alagaban y una que otra rareza, de la que hablaremos más adelante.

El día en que sucedió no se nos hizo raro que en alguna cocina cercana se estuvieran asando chiles. Comenzó en ambas una tos repetida y agria. Ardor y lágrimas en los ojos durante 10 minutos. Las dos pensamos en la posibilidad de que estuvieran asando chiles. Pero era gas pimienta. Había un  motín en la cárcel. Todo sucedió en el piso arriba de nosotras, entre la población que está siendo procesada, la población de C.O.C. con la que solíamos trabajar.

Hay pocas imágenes  que me resultan  más atemorizantes que  una turba violentaAún estando en nuestra celda de trabajo-cubículo, un piso abajo, tosimos y nos lloraron los ojos por media hora. Pienso en los ojos de la persona que lo recibió en el rostro.

La cárcel. Segovia. Centro de creación.

4. TIRAMISÚ

El dormitorio 9 era el más flamante, tenía la apariencia de una highschool pobre y estaba impecable. Al entrar percibías el subidón en las condiciones y la calidad de vida de los internos, olía mejor que cualquier parte de C.O.C. Era el dormitorio de los privilegiados. Más cálido y mucho menos húmedo. Nos dejaron pasar pidiendo permiso, siendo educadas y por el uso de la técnica milenaria e infalible: sonrisa y pestañeo. También, sí, por nuestro guía, estafeta y poderosillo él, que ya estaba enamorado de mi colega.

En la planta baja, un preso italiano dejó un restaurante operando con relativa rapidez, calidad y buen sazón, sirviendo los básicos italianos con ingredientes frescos, mucho decoro y sin ningún pudor con la mantequilla y el queso. El italiano heredó sus recetas haciendo un legado emprendedor en el lugar más extraño del mundo.

En el 9 se paga renta como en un piso caro de la Condesa, adicional a  la renta semanal por existir en la cárcel de la que ya habíamos hablado. En ese dormitorio hay internos que han ingresado por delitos financieros, tal vez algunos jefes narcos pero no tan jefes y no tan narcos.

Cuando entramos al restaurante nos recibió la guitarra de un ex integrante de un grupo de pop de los ochentas de cuyo nombre no quiero acordarme, que se había vuelto una suerte de juglar medieval cobrando  por hacer canciones y cantárselas a las novias de los internos cuando iban de visita. La hermosa creatividad de la gente. Tarantino will never reach this.

Nuestro guía en el dormitorio nueve nos hizo algunas recomendaciones ¿frutti di mare en el reclusorio? Antipasti tras las rejas. Era demasiado arriesgado pedir mariscos en la cárcel pero ya se había dicho que era temeraria, que la aventura nos importa. Trajeron un plato delicioso y otro de bolognesa, ensalada y  tiramisú.

Todo perfecto.

La hidra, que al cortarle una cabeza brotan dos.
5. DAMIÁN EN EL CENTRO DE LA TRISTEZA.

Iba caminando hacia mi celda-oficina y un estafeta, o sea, uno de los internos que trabajan como staff para cuestiones administrativas y pueden pasar de los dormitorios a C.O.C., se acercó para decirme que Luis Arturo** quería hablar conmigo, que me conocía. Yo estaba siempre precavida de alguna extorsión o ligue pasadito de agallas y dije que no. (Pero si el lobo hubiera estado fuera…)

A los pocos días,  por alguna razón extraña, se le asignó ser evaluado por mí. Fue alguien a quien sólo Olmo y yo conocimos, cuando éramos solo nosotros y nos gustaba ir a bares y conocer gente. Gente que no fuera de Psicología. Gente para discutir de cosas. En fin, Damián era estudiante de  la Facultad Filosofía, no me acuerdo de qué carrera. Seguramente era viernes y estaba en un bar dibujando ilustraciones darks y siendo darks, con una carita angulosa y ropa negra, botas militares, profundísimas ojeras, mohicano rojinegro y una palidez artificial como un Robert Smith del 2005: performando la estética de la tristeza.  Luego llegó Olmo. Los tres hablamos un rato sobre música y resistencias y nos despedimos. Yo aún no tenía Facebook, me resultaba completamente prescindible. Damián se perdió en la cerveza del día.

El día en que lo volví a ver, mandé llamar a mi cubículo-calabozo a entrevista a Luis Arturo López Blanco para hacer su historia clínica después de revisar sus pruebas. Cuando entró supe que lo conocía, excepto que no como Luis Arturo López Blanco sino con su nombre darks de bares de Copilco, Damián.

Me dijo que trató de llamar mi atención pero que no lo reconocí y tampoco es que se hubiese acercado a saludarme directamente. Tenía el cabello corto, sin mohicano, nada de look darks, con ojeras iguales a las de la última vez pero vestido con el color de los internos del Sur, el beige, se veía mucho más triste pero en ese momento contento de verme.  Él me contó sobre los bonos.

Si nada ha cambiado,  la policía capitalina otorga bonos de cinco mil pesos por cada preso que ingrese como un incentivo laboral. ¿Por qué se quiere encarcelar a más gente? …Y, ¿es México, cierto?

El problema de la hidra es que se tejen redes entre sus fauces para inculpar a gente inocente y recibir el bono. Como una inútil y absurda “disculpa” el sueldo de los policías es sumamente bajo. Sin embargo, la hidra no revienta sólo a los policías, es de funcionarios, es de jefes. De cabo a rabo. Es de dentro y de fuera de la cárcel. Es rastrera, electorera y sin estilo. Resultó lo más lógico responsabilizar a un joven como Damián pues lleva el luto que nos produce este país de mentiras y decide vestirse de obscuridad. Dark: Encarcelar al joven, al estudiante, al pobre, al vulnerable, al vampiro. Damián siempre me pareció un nombre sospechosamente acertado para andar de gótico. Se lo dije y nos reímos de eso un rato, soy medio irreverente. Hay muchas cosas que cambian de valor en la cárcel, unas bajan y otras suben, como la risa. La franca risa del alma.

Su familia podía pagarle la lista, comida y cierta seguridad pero había visto y experimentado cosas terribles y pasaba frío. Es todo frío ahí dentro. Lo golpearon, lo amenazaron con buscar a su familia, lo hicieron hacer y firmar una declaración falsa. Estoy muy segura de que no es la primera vez que leen sobre esto.  A veces México puede ser el centro de la tristeza. 

Su mamá se movió y consiguió un buen abogado, creía que podía salir pronto. Me dijo que no le dijera a nadie de la cárcel que saldría. Él fue también quien me pidió que contara a los que me son queridos que de ser detenidos hagan todo lo posible por no avanzar en el proceso aunque eso implicara sobornar a los policías o mentir diciendo que somos criminales, pues de cualquier manera iba implicar  una extorsión por parte de nuestro gobierno pero de mayores implicaciones y costos. Tristeza.

Poseído por la hidra, desde su pedazo de lodo en el imperio del miedo, uno de los policías que lo amenazó acabó por decir estas líneas <<pues si no quieres que te pasen estas cosas para qué te vistes así>>  Tristeza. Tristeza.

Foucault y Goffman, no contaban con la variable de la cultura de la impunidad en México, con la variable de su racismo de tercer grado. Nunca me lo volví a encontrar. Espero que haya estado poco tiempo, que sus pocos privilegios le consiguieran salir, que Damián se abrazara como artista decimonónico y loco a la poesía de la vida. Hablamos de música y de resistencias y nos despedimos en la estética de la tristeza.
 "Die Sünde"Franz Von Stuck

Epílogo: LA PENUMBRA DEL MUNDO

El día que terminamos el servicio social llegamos llorando a mi casa. Colmadas. Llenas de experiencia y saturadas de realidad. Cerramos el año con los talleres de Supuestos Existenciales. Bajamos del cerro de San Mateo con el auto y el alma llenos de regalos para ambas. Estuvimos 480 horas encerradas con esos hombres extraños, hablando de la libertad, hablando del amor. Lloraron, se abrazaron. Nos escuchamos. Quiero pensar que algo le dimos al mundo, que nos entregamos a la aventura. Pero no. 

La cárcel no es una aventura, una aventura es el mar o la música, privilegiada y ñoña. La cárcel es la vida de los otros, transcurre paralela a la vida y es la vida. Es la sombra de una ciudad, de esta ciudad en el centro de México, esta ciudad con sus escasos parques y su buen cine y sus dramas. La cárcel es otra vida que palpita en un tiempo propio, discurriendo en su propia gramática. Escurriendo del mundo. Los húmedos y carcomidos dormitorios de la periferia.

La cárcel es una de las hijas de la incestuosa  pareja del poder y la política. La cárcel pende de nuestra vida y nuestras calles, con sus héroes y sus palabras y sus genios. Es una ciudad invisible, bardeada, institucionalizada, como la del empleado bancario pero pobre, hacinada, húmeda y áspera, igual de surrealista, igual de injusta, corroída, subrepticia e ilegal. Más rota y más simple, quizá, que la nuestra.  La cárcel es el edificio del poder y viene de las entrañas del monstruo. Ahí nos sucede, ahí no nos sucede, ahí fue pensada, concebida en las entrañas de la hidra que fagocita esta tierra de fruta y de soles. 

La impunidad

La corrupción

La desigualdad

¿Quién soy en la penumbra del mundo?  Nunca lo he sabido, quizá por eso he demorado tanto estas letras.

Arte Harriet Lee-Merrion 


                                                
Aguamala o medusa 
Sirena. Max Kligne

**No se llama así bebés, obveo.  


Quiero pararme en el extremo de algo. La próxima entrega va sobre bondage