miércoles, 16 de noviembre de 2011

Tristes y sorprendentes declaraciones de la mujer que no.

Nota: Este blog no es para ti. Mis letras, mis horas…los tragos y las manchas y los guiños de la vida que hay en la e s c r i t u r a   no son tuyos. No eres tú, soy yo. Soy yo que me enamoré de tu edificio y del ritmo de tu barrio, de la luz en la ventana, del eco en la escalera, de los terribles ángeles de la escayola. Asalto de cornisas decó. Ligereza de hacer el amor en la estética del alba vintage. No eres tú. You're so vain, I bet you think this song is about you, don't you, don't you, don't you Tú eres un cabrón. Un egoísta y niño cagado de miedo como lo somos todos. Un hombre que quiere mujeres propiedades. Mujeres que no  falten a la retorcida idea que tienes del respeto. Mujeres que no te falten. Así medio unilateral. Así medio sesgado, como el piso del Francia. Me gusta tanto que esté al borde del derrumbe. Y yo quería ser como tú porque me pones a escribir. Y yo quería ser como tú por tu barrio y tu edificio. Porque fue escandalosamente bella y triste la exuberante forma de la mujer que no. Gloria y derrumbe poético del no.  No eres tú, soy yo que me enamoré de las olas de tu nombre. Treta. Trampa psicomágica: Llevas el nombre del hombre que se espera. También es la ciudad que es salón de danza y matadero de corderos. Yo te amo Ciudad de México. Se ha sostenido en cada sismo porque tiene buenos huesos. Ahí donde también tu habitas, en el tuétano. El aire que se pone raro cuando salgo de tu casa. Soy yo que me enamoré de la posibilidad de andar juntos por la llovizna, que es mi palabra favorita. Tú eres un cabrón, un mal amigo y la neta a veces comes con ansiedad. Jalapa y Obregón esta boca es mía. No eres tú que sólo sabes perseguir y escapar de tu ruina. Yo persigo la poesía.


*La poesía no sirve para la vida. La poesía sólo sirve a la poesía misma. Vas directo hacia los riscos.  La marea (la tuya) siempre trae aguamalas.

Las faltas de respeto al lector han sido piloteadas.

 clic: found myself here...strange weather...









lunes, 26 de septiembre de 2011

La Chica y la Ciudad.

Ella es la Ciudad. Ella es el monstruo.

Esta ciudad,
hidra multifásica
de vocación lacustre,
de impronta telúrica.

Esta ciudad,
crece y se repite,
como todos nosotros,
hijos y fantasmas:
México vuelve. Emerge.

Terribles tambores
bajo las rocas,
en las miradas
subeterráneas.
Este es el centro.
Aquí se gestan
las revoluciones arquetípicas.
Ciudad Dante, Cuidad Virgilio.
Ciudad loca. Ciudad Maga.

Beatriz perfilada,
en tu luz ámbar,
de mandala exótico.
Ciudad como diáfana sospecha
de estos dioses contundentes,
descarnados y tullidos.

Volver desde Europa y sus sepulcros,
de la Europa mito, de la Europa muerte,
soledad de mundo primero,
concurrida farsa de Barcino:
No. Sus muros no son más sabios
que los de este valle
que es pozo de brujos.

El caos de la urbe
es el caos en mi pecho.
Mi propia vuelta me aterra:
Se es con la ciudad y esta ciudad es infinita.
Somos así: Vértigo de límite escindido.

Después de los héroes perdidos,
de las horas rotas 
de la mujer rota:
necesito volver.

Tengo que ser engullida
por el monstruo de aceras tuertas,pertenecerle,
Ciudad de México.
Prueba al temple de mis venas,
de mis pasos llenos.

A imagen y semejanza,
sigo el afán poético
de nuestros padres desnaturalizados:
Cronos tibio y cotidiano, 
Coatlicue impaciente, moderna.

 


I. Metro.

Escaleras
eléctricas
paralisadas,
tennis rosas
de darklolita.

II.

Paz y Orozco
guardan nuestro carísimo secreto:
beso
nocturno
en San Ildefonso.

                              

Medium.

Me preocupa que el mesaje de equinoccio
sea siempre el mismo:

Que te acercas y que está mal.

Septiembre es un niño cruel
que pasa con la lluvia haciéndose el tonto.

Septiembre deja su bomba de verdad inclemente
en el centro del valle.

Y tú que vienes con los palacios viejos
que tratamos como héroes
porque nos hacen justicia estética.
Que vienes con el cine. El cine.
Que vienes con las aceras mojadas
que llenan nuestros pasos
de criaturas de ciudad grande y agitada.

Mi labios de manzana partida
se agrietan con el viento que pasa,
anunciándote.

Septiembre es el insólito mensajero 
de un deseo incauto:

Te acercas,
pero no llegarás.

                  

Tales from his bed II.

Pedacitos de mi boca
en cada equina
del fin de semana.

Jalapa y Obregón.

Ésta boca es tuya.

                 


Tuétano.

Amor sin tiempo,
inoportuno.
Hilo gélido entre cada sístole.

Tienes esta sesación de tren perdido.
Pulsar. Vaivén.
Tregua silente de un anehelo que insiste:

Soy el signo de flores
en la piedra de sol
que llevas en la espalda.

Soy la carne bajo el pedernal de tu carne.
Magma. Certeza.

No te quiero en la vida,
sentado a la mesa,
al volante del auto.

No te quiero en la vida cruda y simple.
En la vida infame.

Nuestra sustancia se parece al barro primigenio
y tiene el nombre de una espera mítica y estéril:

Ulises. Soplo de nostalgia marina.

El tejido que deshago por las noches es el propio.
¡Oh, Penelope indispuesta!
Carne. Fuego.
Ulises moderno.
Ulises perpetuo.

Deseo puro. Materia prima.

Último habitante en la oquedad del hueso,
tuétano.



                       Aguamala o medusa. 


Obviamente todos los nombres fueron cambiados para salvaguardar la integridad emocional de los personajes. Este texto queda tan sólo como testimonio poético de lo que no se debe hacer en un anecdotario fantástico. Gracias por leer morros. Sí, más o menos así: ¡Click aquí!

jueves, 25 de agosto de 2011

Poesía ante el silencio (un silencio, el tuyo). Paso de gato y otros inútiles poemas.

I. Paso de Gato

El amor y el azar
comienzan a jugar juntos
cuando cierras la boca
y yo te cierro la puerta.

2. No name blues

No vamos a salvarnos,
ni tu espíritu previsor,
ni la intuición femenina 
de la que tanto me jacto,
harán nada por nosotros.

¡Nosotros! Qué risa.

Amor condenado a la horca,
simpre supimos que saldaríamos 
las cuotas de impunidad
que termina por pagar Eros a Tanatos.

Lástima que no estés aquí.
Vas a perderte
de la estética
del dolor 
de tu partida.  


III. Revelaciones.

Todo eso que somos
en la luz roja,
en la nube,
en la cama,
en la ola,
en la espera y en la esperanza,
tu mano delicada y presta,
tu beat
mi rock.

La dilación de la hora 
en la que somos lobos y vampiros.
El instante en el que llegan los versos en tus besos.
Mis
            delicados
                                      vicios:
las  costumbres romanas
que llegan de tu boca.
Tu boca de río,
tu boca 
            de franca,
                               insólita,
                                             locura.

Precisa sincronización amante y amorosa
en el puente de palabras,
en el tren llamado deseo.
La Historia vuelve por el placer de los hombres.

Todo eso que somos
en la memoria
y el secreto,
brutal intimidad
del ritual sofisticado
que es tu alcoba.

Todo eso que somos
en las sustancias del espíritu.
Amor Virgilio,
amor mezcal
y polvo
          y hierba
irrumpes  la escritura.

La música sagrada
de la misa negra,
de la misa roja
que es tenernos,
encontrarnos
en lo profundo o en lo sublime del alma,
tu alma abierta al tiempo de los dioses,
con la vastedad que se ofrece
al amor o al sexo.

Revelaciones:

Toda vehemencia y vastedad son mías,
total ausencia de conciencia
 y de empatía.
Sólo pasabas como el natural 
efecto de tus drogas.
Subida y resaca.
Como larga y pesada noche.
Como  sueño adolescente.
Como la canción de Jarvis Cocker.
Ha sido una fiesta.
Bebimos mucho, sólo eso.

You were my discodeine shot.
Fue la vista nublada en las substancias
 y la ciega obediencia a la poesía.

Revelaciones:

Tu silencio no es de estrella.
Tu silencio no es un navío.
Tu silencio como despeñadero,
se parece a una mentira.

Revelaciones:

Se que para tí
      las delicias
               son
                      otras.

La piel de orquídea negra
que reusltas a veces, ya no es mía.
La piel
es todo lo que fuimos:
Superficie y engaño.

Revelaciones:

Sutil y cruel abismo
el que se ha abierto entre nosotros.
Ante la intimidad rota,
los ángeles de nuestra noche callan.
Callaré yo, por tanto.

Aguamala o medusa.

Para estar en el lugar correcto en el momento correcto, para estar allá, dar-clic-aquí.

martes, 2 de agosto de 2011

Dialéctica fantástica con (la) otra mujer. Lecturas sobre la noche.

Para su lectura rápida y desesperada.

En otra intimidad, en otro tiempo, él dijo que viviría con otra pero moriría conmigo.  

(Las canciones de Nina Simone me causan cierto pudor. Quizá, la buena chica marista que vive en mi interior, ataca de nuevo y por sorpresa. Pero  no. Después de las bombas anarquistas de ser otra, debe tratarse de un asunto diferente: Nina sube y baja en la hipérbole de amor y sufrimiento que es su voz, es Nina, lo desgarradoramente frágil que resulta y que a veces, nos aterra. Me aterra. Sobre todo cuando tratas de hacerle frente a la vida con risas y tacones altos. Con botas para la lluvia, cuando tratas de ser una buena mujer y la soledad reclama su lugar sobre los mundos del hombre. Cuando tratamos de andar contentos y libres, escondidos en nuestras relaciones equitativas y modernas. Y tú y yo que parecemos tan dueños del yate. Tú y yo que somos tan elocuentes en la roja escena hasta que nos quitamos las palabras y la ropa. Nina irrumpe en nuestro amor aristrócrata. Nina que es tan blues; el blues, esa música rastrera. Esa música que es tan verdad y tan noche. Nina devela la cara más íntima y secreta del amor, la sobrecogedora fragilidad de quien ama. Es frágil. Vulnerable. El misterioso poder de un cuerpo que se ofrece. El terror de la entrega. De la imagen de un yo diluído en humores y tacto y acto. Todas aquellas cosas que dejan de ser y de importar por el instente líquido y abstracto del nosotros. Elogio a la locura.

Se siente un abismo en las entrañas frente a la interpretación diáfana y dura del amor de Nina. Parece sospechoso eso de transparente en la escritura. Cómo se canta una falta tan inmediata y profunda. A pesar de mi edad y la lluvia, ¿cómo? Los tonos severos de su voz se parecen al deseo [tan deseo] a esta intimidad, páramo etílico y urbano de mis ventitantos, quiero pertenecerte con tanta vehemencia. Lazo. Descanso. Espero tu boca como la hora del recreo. Como mal y remedio.

Hoy, amor, me ha saltado a la memoria y a la noche, que es nuestra, palabras que no nos pertenecen, ni a Nina, ni a nosotros. Palabras que invaden y no deberían. La imprudencia de su recuerdo, de su nombre, de pronto se parece tanto a él. Asalto al tranvía llamado deseo. Conspiración de las circunstacias amorosas. Supongo que también soy un fantasma para alguien).

En otra intimidad, en otro tiempo, él dijo que viviría con otra 
y que moriría conmigo.

La otra mujer es otra canción. Si usted elige la píldora roja, haga clic aquí. Aguamala o medusa.

martes, 19 de julio de 2011

Historia de una fuente catalana.


Primera historia por encargo para Alí Lara 

...una de las dos Españas,
ha de helarte el corazón.

Antonio Machado.


La primera vez, llegué con un chileno medio mapuche, ex okupa de dudosas intenciones, de dudosa procedencia y de dudoso destino. Era una noche de octubre, cuando el frío comienza y los ánimos aún no están pisoteados por los largos meses de cielos grises y viento helado, antes de la familia postiza latinoamericana que Olmo y yo tuvimos a bien encontrar. Antes de que decidiéramos entristecer definitivamente y de que esa tristeza, vil y catalana, nos hiciera reventar al otro lado del océano, donde hay que tener temple y es difícil encontrar ayuda para llevar las maletas por el metro y recoger los escombros. Era una de esas noches, como las más lindas en Barcelona, en esa época del año, cuando todavía no llegan las invasiones bárbaras de guiris buscando alcohol y fiesta, mientras sinuosos ríos de cabecitas rubias, con sus fantasías sobre sexo y vacaciones, inundan de saludable capital extranjero, las calles y pasajes de la ciudad gótica. Barrio amigo y refugio de mis amigas, testigo medieval de esa crisis de chica moderna, de mi yo pobre, de mi yo migrante, de mi yo estudiante, de mi yo mujer. Cuando los días de playa se empiezan a contar, cuando las lunas de octubre nos protegen de la muerte y no hay entre las plazas y carrers, más que unas cuantas almas góticas, las que nos sentimos bien entre las gárgolas. Esos, los que tenemos la ciudad, lo tenemos todo.

Para mí, todo lo bueno de Barcelona hubiera podido estar ahí, como en un extraño sincretismo de mi historia en la ciudad: al sur de la catedral, frente a la puerta de Santa Eulalia y detrás de la esquina en donde el rey-escultura parece hacerle un favor sexual al obispo, (exactamente a espaldas de la casa del obispo). Allí, en el centro de todo y oculta tras de todo, está Sant Felip Neri, extraño rincón del universo.

Sant Felip Neri es un callejón grafiteado y un ex camposanto, es una fachada con restos de guerra, un muro raído con hoyos como historias, es una plaza, es una iglesia, es una fuente con una calavera, es el siglo XII, es un escenario, es tres vagabundos: el vagabundo de la guacamaya y la bicicleta, el Jordi, y el que me regaló esa hermosa pulsera de marca tan petulantemente robada. Saint Felip Neri es la belleza de la decadencia, una reliquia del anarquismo, espejismo de esa Barcelona que duele en un lugar que no se puede tocar, la ciudad que no pudo ser y la que no quiere ser, la ciudad que fui. 



Sant Felip Neri, de pie frente a su templo neobarroco del S. XVIII, permanece erguido como el testigo pétreo de lo que los hombres se hacen en la guerra. A la fachada, quizá fusilamiento, quizá bomba,  seguramente bombas le llueven ausencias.  La puerta contigua al templo fue un orfanato en tiempos de la guerra, esa guerra en la que todos morimos un poco, la última de la ciudad y, aventuradamente, muy aventuradamente, la última guerra de las ideas. Es un jardín de niños, jardín de niños que suena a que los niños florecieran. 

Y entonces sucede, que en Saint Felip Neri, cobijo de mujeres rotas y de vagabundos-hombres rotos y de niños que faltan, los árboles florecen y dan sombra a un jardín de infancia. Los niños de Barcelona, los de origen magrebí y los catalanes, corren, y sus madres con burka y sus madres con perforaciones, los esperan y una se pregunta por la vida y esas cosas. Sobre de qué maneras ser fértil. 

En Sant Felip Neri, también y sobre todo, como figura central pero discreta, había una fuente, a caso medieval, con una pequeña calavera de granito en la punta. Un cráneo del que la fuente brotaba, y por cuyas cuencas todo sucedía. Todos nosotros sucedimos. Tu amor y el mío. 

El mío se hizo estallar. El se tragó todo el miedo que traían mis maleficios. El siglo XX y su estela de metralla. Las pilas de la fuente que en marzo se llenaban de flores amarillas flotando sobre las aguas de su mudo conocimiento de los hombres y del mundo. Ahí se veía con ella. Ahí me sentaba a sostener la incertidumbre de mis veintitantos. 

Donde vendíamos boletos para el concierto de guitarra clásica, donde mis amigas y yo cantamos porque hay muy buena acústica. Donde conocí la historia de Jordi, donde me morí de frío y tomábamos cerveza. Ahí se veía con ella. La tomaba de la mano y le daba dos besos, se sentaban en la fuente de la calavera para hacer planes de amantes, mientras tramaban la salida por la ciudad gótica y se volvían otros dos tontos, en esta ciudad de sobrevivientes, de zombies, que piensan que refugiándose en el amor se salvarán de la peste de la soledad. Luego terminaron, y el encargado del Ayuntamiento pensó que con la calavera en la  punta de la fuente, no era posible sostener un huevo sobre el chorro, y por ello, la fuente de Sant Felip Neri, no podía participar en las fiesta de L'ou com balla, el huevo que baila, en Corpus Christi, y entonces mandó a removerla, a quitarla de la cima de lo que ahora sí parece ser una auténtica fuente catalana. El fin del testigo es el fin de la historia. 

Se que cuando él pasa por ahí siente toda esa ausencia. 




Besos infames, 
Aguamala o medusa.




Usted puede hallar la historia de Saint Felip Neri en internet, aunque antes, su buscador lo llevará a encontrarse con el anuncio del hotel de lujo que se ha instalado por ahí. Carcelona, como le dice mi amiga Nagore, es un Disneylandia para hipsters y un laberinto para ciegos.


martes, 14 de junio de 2011

Aguamala o medusa CONVOCA

A todos los escritores y escritoras o a todxs lxs que pretendan serlo al PRIMER CONCURSO DE HAIKÚ, que se plasmará en stencil en una pared de mi casa de TOKIO...Col. Mortales.

El ganador será acreedor de una cena casera oriental en compañía de Aguamala o medusa (el factor japonés) y La Bruja, distinguidas y potencialmente peligrosas habitantes de Tokio 705.

El haikú deberá estar elaborado en castellano y el escritor deberá ser seguidor de este blog ingrato y hacerlo llegar a través del espacio de comentarios de este post. 

Dicho stencil será plasmado por la artista plástica Elízabeth Sánchez de la H.H.H. ENAP UNAM

Si no viven en la Ciudad de México, podemos discutir el premio.

Un beso de medusa.






lunes, 9 de mayo de 2011

Poltergeist.

Para mi eras la verdad y la noche.

Y como el viento que pasa.
La idea de ti, tiene cierta cadencia.
Bocanada.
Como un fantasma, estás condenado a repetirte.

Tú, de carne y besos.
Tú, una vez hombre, eres nostalgia.
Espejismo íntimo. Habitas el mundo sutil y cruel de lo posible.
Te cuelas en la vida en un instante ingrávido. Silencioso.
Tu nombre no se enuncia.
Tu nombre es el nombre de una idea. De un mito. De un eco de la vida.

Sonrisa que se esboza y difumina.
Interferencia.


 Jessica Asai...¿quién?

Tan arrepentida y encantada...aquí una canción y video clásicos, a mi parecer, muy 8 y 1/2.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Una buena chica marista.

1/3 The little blak dress tragedy.

No se si tenía 14 o ya había cumplido los 15, pero en ese entonces asistíamos a grandes y semisobrios reventones al poperísimo ritmo de: OV7, Kabah, “La vida loca” que solía llevar Ricky Martin antes de que tuviera una vida cabal y pidiera para llevar gemelos de probeta, o bien, y ya que los tíos y los jefes de los chavitos se ponían bien pericles, Los ángeles azules hacían la delicia de todos en el preligue, el presexo y la prepeda de los preadolescentes de la clase media del sur de la ciudad. Todo medio (cre).

Cada fin de semana, teníamos tremendas fiestas en honor a las quince primaveras de las chicas de los seis salones de secundaria del Colegio México. Y yo, que he sido buena para la fiesta desde que era una aguabuena e inocente, confieso que la pasaba bomba levantando las manos, llegando bien arriba y moviendo la cintura con movimientos sexys ¡síííí! Como no sabía quién era y comenzaba a sospecharlo, no quién era sino que no sabía, no puedo asegurar que me sintiera feliz, pero durante ese año, que se parece mucho a éste, empezó a crecer mi círculo social reducido y en crisis y me invitaron a muchas, muchas fiestas.

En ese entonces, mi experiencia relacionándome con el sexo opuesto había sido brutal. Una auténtica hecatombe adolescente, drama infrarrealista de segundo de secundaria, ocasionado por el telúrico rompimiento con un primer amor de patanería fundacional y legendaria: a coapish. Un chamaco inverbe, wannabe y feo que no se merece muchas líneas pues tratar el amor con desprecio es básicamente lo más ruín del universo conocido. Fue cruel conmigo y la vida que es terrible y bondadosa, me dio la oportunidad de mandarlo al carajo y despreciarlo de vuelta, de formas espectáculares y novelezcas cuando ya estaba en la Universidad y me gustaban ese otro tipo de patanes que saben escribir y citan oportunamente anarquistas muertos. Ahora es mi amigo en Facebook, y de vez en cuando,  me gusta ver lo feo que se puso y lo predecible y de hueva que es su patética existencia.(Mala la aguamala) Todas mis relaciones sociales estaban centradas en él y tardé el periodo histórico de un año en recuperarme del todo. Durante mucho tiempo lamenté que esos graves dramas y pérdidas, me hayan sucedido tan chamaca pero ahora me siento curada de espantos amorosos. (Bueeeeno, dejadme ser).

Ése fue el año de las fiestas de 15 que tan mala fama tienen, porque las familias se gastan  la feria en el reven y la protagonista se disfraza de algodón de azúcar, piñata o  edecán de Televisa pero a mí me vinieron como brisa refrescante después de ahogarme desde los 13 con la loción barata y abundante de ese pelado. 

Por ello, no me había sido posible tener una visión genérica, más amplia y justa de “los hombres” como grupo social, ni tenía mucha idea de cómo relacionarme con éllos. Mis amiguines de la escuela activa freinetiana requetehippie (y hermosa!) donde estudié la primaria eran iguales a mi, a saber: pequeños hombres de acción, comandos creativos chiquitos, criaturas salvajes y todo terreno, de familias hippies, demasiado ocupados en nuestros juegos, para prestarle mucha atención a un tardío e ingenuo incio erótico...sí acabo de escribir “inicio erótico” jojo. Entonces, con esas experiencias tan divergentes,(Ya se que se preguntan qué pedo con mis jefes...no se!)  tan definitivas en mi vida,  tampoco estaba muy conciente de mis potenciales encantos y de los letales efectos del cuerpo femenino y su doble efecto de tótem y tabú... (¿A poco creen que nací así?)

Mi madre, que siempre ha sido distinguida fashionista, no tenía empacho en ir de compras conmigo y de vez en diario me regalaba algún vestido para tan distinguidos eventos quinceañeros. Un sábado de fiesta, fuimos a la tienda y compramos un vestidito negro de Tatoo.

That dress.

Probablemente fue el primer vestido negro que tuve, era bastante sobrio pero corto y un poco ceñido, aún lo conservo por ser rockero y sexy y porque, por algún milagro textil mediante, aún me queda bonito. En la noche, nos arreglamos en casa de mi mejor amiga, lo cual llegó a hacerse un ritual entre nosotras hasta la Universidad, juntas teníamos el doble de fetiches de belleza y tendíamos sobre su cama un derroche de objetos de colores, olores y texturas para el cuerpo, para el juego, para el diseño de una estética. Salimos y llegué con mi vestido nuevo a un fraccionamiento very nice del sur, cerca de la escuela, a la fiesta de Cintia Sosa.

Algo pasó. Cuando entré todo el mundo se me quedó mirando como a Cenicienta cuando llega al baile. Lo que me hace sospechar que probablemente la Cenicienta era una quinceañera en minifalda. De pronto, todas las miradas estaban sobre mí, sobre mi cuerpo, especialmente, las de éllos, los niños, los weyes...Y creo que experimenté la súbita comprensión empírica de algunas cosas importantes en la vida:

Sí, jalan más que dos carretas.

De pronto, estaba rodeada, todos querían bailar conmigo y llegó a mis manos una cuba de bacacho (esa parte proviene de una falsa memoria pero puedo asegurar que mi alcoholismo comenzó hasta que desapareció esa madre de las fiestas a las que iba) que me tomaba a sorbitos soperos porque nunca me ha gustado. Los chicos, o el círculo de chicos que casi no me hablaban, ni me pelaban, ni me saludaban, se decantaron en cumplidos chafas cuando me vieron entrar a la casa de Cintia. My milk shake brings all the boys to the yard.

Saludé a mis amigas, bailamos, reimos...La fiesta siguió y entonces, llegó él. (No, no era el Místico). Sino el capitán del equipo de basket, chamaco muy popular, famoso por sus inumerables conquistas y conocido por mí, debido a que mi mejor y más querida amiga, (i know!)  cacheteaba las banquetas por él y, un par de meses antes, habían tenido algunas “ondas pre” con las que se había clavado como nunca...y como siempre.

Él, estuvo hablando o bailando un rato conmigo, cuando de sus carnosos labios vino intempestivamente la mítica frase: 

-¿Me acompañas por unos cigarros al coche?-

Clásico. (Leer así: classssi-co)

Así que yo, pendeja y no fumadora, en mi flamante y recién adquirida coolness, le dije que sí:
-Ash, esteee, o seaaa claro, ¡vamos!-. Jojo, seguro hablaba así, no me molesta, he crecido. Entonces, salimos de la fiesta y cruzamos la calle del suburbio hasta llegar  al auto. Peor: 
 
-No los veo ¿No te quieres subir tantito mientras los busco?- 
 
Más pendeja todavía, dije otra vez que sí (nomás tantito). Entramos a un ¿Neon? ¿Cirrus? Un coche verde que seguro le prestaron a él o alguno de sus gorilientos amigos. Subí al asiento del copiloto y dentro del auto me pidió un beso.

Híjoles, ¿qué hacer? Le dije que no, que mi amiga, que no se qué.

Que le gustaba mucho. -¿En serio?- -Sí, desde hace mucho-. Ajá como dos horas, pienso. -No, gooeei pero mi amiga. Mejor ya vámonos-

Entonces, trato de bajar del auto y están puestos los seguros eléctricos. -No puedo abrir.- Le pido que me abra -Los seguros no funcionan, está atorado- -¿Cómo que están atorados? ¿No se puede abrir?- Se me echa encima y me da unos besos medio mal puestos. Jesús de Veracruz. Should i stay or should i...¡mi papá!...Sí, como Yuri herself. Veo a mi jefe de frente, con cara de desvelado, manejando su viejo Jetta azul que llegaba un poco antes por mí. Parece que busca dónde quedarse o la dirección de la fiesta. Cuando pasa junto y muy cerca de nosotros, me agacho tipo Matrix en el asiento delantero y no me ve. El chico tiene cara de frustración y susto. "Mágicamente" (milagros textiles y mecánicos)  se arreglan los seguros del auto y cruzamos la calle para entrar de nuevo a la fiesta.

Cuando regresamos, la escena se repite y una vez más todos se me quedan mirando...pero-mala-onda. En el baño, mi amiga y la niña de la fiesta lloran desesperadamente. Mi amiga porque piensa que le bajé el galán, Cintia porque dice le arruiné la fiesta. Algunas chicas me miran horrible, me juzgan. Los niños se sonríen burlonamente. Me siento chinche aplastada. Me voy de la fiesta sintiéndome miserable y con una indescriptible y entonces no identificada: CULPA JUDEOCRISTIANA.

Escribo cartitas de arrepentiemiento con bolígrafos color pastel durante el resto del fin de semana. No se por qué, no se qué fregados hice,  pero se que yo lo hice.

Aún hoy, no sé qué argumentaba en las cartas, que no me di mi lugar, que no pensé en ellas, que fui tonta, que fui vanidosa...no se, no puedo acordarme y tal vez no importa. Él, claro, machito católico, todo ganador. La chica de la fiesta y yo nunca fuimos amigas. Mi amiga me perdonó casi de inmediato y un año después conocimos a nuestros próximos-amores-de-la-vida en Acapulco. No se cuántas cosas han podido cambiar en mí desde ese entonces pero definitivamente no fue mi gusto por los vestiditos negros que suelo llevar segura y cómoda. Ooook, sólo cómoda. Pero ahora, cuando alguien me pregunta -¿Y si me acompañas por unos cigarros al coche?-  Yo suelo contestar: -¿Y si me acompañas por un vinito a tu recámara?-

Una buena chica marista aprende la lección aunque sea dura.  

Aguamala o Medusa. 

jueves, 31 de marzo de 2011

Efecto mariposa y otras cosas que muerden.

Efecto  Mariposa


Qué envidia me da esa niña que te obsesiona, 
imaginarte dando vueltas por la noche
tomándote las sienes,
mientras te lleva el sueño
de sus piernas como olas,
impidiéndote escribir
y pensar correctamente.

Qué sadismo me provoca
ver mansa y trastocada
la implacable soberbia
del hombre y del artista.

Yo, maravillada, mirándote perdido,
pensando en frases hechas,
abatido en las ridículas inercias
del encuentro absurdo
que te ha volado los sesos.

Luces bien, cariño.
Eres justo como te había imaginado.
Eres el toro herido.
La belleza de la derrota.
Y no se si deba curarte o acabar contigo.

Qué envidia que alguien controle tus humores
y conduzca manos y deseos
sobre el cráter palpitante
que hace arder tu pluma
como artista adolescente.

¿Por qué no has reventado en mí?
¿Por qué no soy yo quien te tiene en tal estado?
Será que parece demasiado bueno, que da miedo...
Me fascina verte padeciendo.

Ella aletea, yo tempestad.



Diálogos desde mi Fausto interior (Behave yourself)

Obscuridad interior,
luz interior y tú,
que estás parado en el umbral.

No me importa jugar con fuego,
es mi elemento.
No hice la confirmación.
No me abofeteó la iglesia católica,
(directamente).

Me siento tentada
a seducirte, Mefisto.

¿Caerás?


Tales from his bed II.

Siempre me ha sorprendido
la habilidad de algunos hombres
para interpretar la moda femenina.

Tú, que no conoces
todos mis disfraces,
tienes un talento oculto.
Contigo, estoy elegantemente
descubierta.

Me gustaría, a cambio,
como en un trueque erótico,
darle buen uso
a tu memoria fotográfica:

Seda roja
sobre piel deseante.

Medias negras
sobre sábanas agenas.

Encaje sobre duela.

Inmoral-mirada-sobre-tí,
(sobre todo lo que eres)
te acecha
       desde
               el  reflejo
                   del televisor
                              apagado.

Plata sobre gelatina,
en la Colonia Roma.


IV. Pequeña imperfección.

Tuvimos un amor maravilloso,
casi perfecto:

¿No podrías haber sido tú
el que se quedaba llorando
mientras yo te dejaba?

Ese poema no es para tí.


Esos viejos rituales.

Honremos, cariño, a la Gran Tenochtitlan,
quiero
       comerte
                 el corazón.



Claridad.

Tengo la ligera sospecha
de sólo ser comprendida
por un whisky y Los Smiths.


(Íntimo homenaje al poeta de Orihuela).
Improbable Tauromaquia.

Hermoso y terreno,
eres hombre y eres toro.

Con los ojos fijos en la vida
te mueve un rojo y palpitante instinto.
Muerdes el polvo con elegancia
y todas las tardes se arrastran contigo.

Hermosa y franca criatura,
te conozco en lo profundo.
Te se marrajo.
Sabes que esperan que caigas,
y tú miras y corres y embistes.

Encuentras, abatido,
la gloria en el castigo”,
para demostrarte esas dos o tres cosas
que no se comprenden
a la sombra.

Así que ve a la arena
y sangra.
¿Valor y hombría?
Es cierto, en parte.
Pero lo que añoras,
es cuestión de instantes
y de formas:

La ejecución precisa
de la vieja danza
de Eros y Tanatos.
Se que no deseas
el bucólico indulto,
sino un teatro de muerte
.........................(estética).

Y toda roja yo,
con el poder de
convertirte en bestia,
cumplo con mi parte en la faena y
me dejo llevar,
como vuelo de capote,
por aldinegra embestida.

Cariño mío, soy yo la flor, la tuya,
también errante, también taurina.
Sabes que me tendrás
precisa y tarde.

Un domingo de fiesta
llaceremos en el ruedo.
(Sólo llegaré flotando
al final de tu vida).



Aguamala o medusa.
I'm a jealous girl i can't relate.


Esta canción tiene una imagen parecida a esos reflejos grises en el televisor apagado, sólo que Stellastarr dice: i wanna see your face in the reflection of my bedroom stereo. Si no entienden de qué hablo deben dar una vuelta más por este blog.  Sweet troubled soul. Denle click. Súbanle.





domingo, 20 de febrero de 2011

El sueño del Rey Salomón. Esos días de ocho y medio.


Después de la intensa y conflictiva relación que mantuve con Pier Paolo Pasolini durante la universidad, no creí que me enredaría tan fácilmente con otro italiano. Tenía un apetito voraz de algo asiático y muy posmo: Ese cine de luces magenta. Pero la cinefilia como adicción es caprichosa, y si alguien saca de su cajita de drogas la mezcla adecuada, sólo puedes engancharte. Y miras. Miras hasta que tienes demasiado, que es lo que pasa con el cine y con los hombres.

Tal vez esa extraña fotografía con la escena de “Y la nave va”, que por algún misterioso motivo, colgaba de la pared de la cafetería de Filosofía y Letras, a donde tantas veces fui buscando chilaquiles y teoría psicoanalítica, me estaba dando algún tipo de señal. Tal vez, el ocaso de un amor largo y poderoso, anunciaba, como premonición, que llegarían los días de un diciembre que fue más cálido que de costumbre y que instaló en mi vida una atmósfera peculiar y citadina. Cierta estética. Cierto estado al que podría llamar novelesco o quizá, onírico, o cinematográfico, pero para usar la palabra correcta, debería de decir que esas fueron para mí, semanas fellinescas. Así, que aún en mis veintes, a finales del año en el que no vi la mar, me encontré brutalmente acribillada, flanqueada, por la precisa y escandalosa obra de Federico Fellini, todo él. Todos ellos.

El acecho psicomágico, mi necesidad, mi búsqueda, se volvió una obsesión disfrazada de dulce acompañamiento vespertino. El ciclo planeado por la Cineteca Nacional y el Instituo Italiano de Cultura, transformó mi enésima crisis en un paseo cinematográfico por mis debates y arquetipos. Pero, en fin, para eso es el cine y para eso es el arte hasta cierto punto. Lo que es extraño, lo que es sórdido, es que vida y pantalla entraron en complicidad sincrónica y, acompañada de “ellos” de casi todos ellos, comenzaron esos que he llamado, mis días de ocho y medio.

Se que mordí el anzuelo porque nombraron la muestra como Tutto Fellini y yo tenía ganas de aprehender un lenguaje, de verlo todo, de ir de cabo a rabo de una manera de ver el mundo, de gastarme una mirada completa, una pasión. Fui a Fellini con el afán de hacer complicidad, que es lo mejor del amor, de hacer un puente entre él y yo; (ÉL Y YO) y entonces comprender que era posible para mí, que no había sido una oportunidad solitaria que había perdido para siempre por no saber mantener una relación. Fui a Fellini para darme cuenta de que podía seguir participando en la construcción de lo íntimo con alguien.

Todos ellos, por supuesto, son los hombres equivocados para casi todo lo práctico en la vida, y no porque lo sean para todas las mujeres, el ajedrez imperioso de las ciurcunstancias me tiene en un lugar comprometido y no, resulta que no, que por el momento toda abdicación es imposible, que las cosas no pueden ser simples y que no se puede más que jugar duro. Ninguno es para mí aunque todos sean un poco míos.

Calladamente y de vez en cuando, espero que haya marcha atrás y la cultura me perdone. Me pregunto asustada si en verdad no habrá un hombre para mí y si eventualmente dejaré las fellinadas por los cuentos de hadas, pero de un tiempo para acá, por las heridas y los bares (y las películas), no puedo conformarme con tan burdas prioridades. Sé que parece que hablo con soberbia pero no ha sido una conclusión calculada sino consecuente de mi historia. Y justo ahí, el origen de esta coincidencia con Giudo, con Fellini: Tuve miedo de no ser capaz de una historia y me puse a buscar una, especialmente, con los implacables métodos del inconsciente, que pueden ser desesperados y  que por ser contundentes, luego dan mucha risa. La vida se me había vuelto muy escasa de inspiración y de deseos, esas cosas que no hacen mucho ruido cuando se marchan pero su ausencia es honda y paraliza.

Ocho y medio: Me tiras el tarot, bajas con una chica insípida y perfecta la escalera de la sala de cine con tu sonrisa de niño para saludarme, me miras con anhelo, te presento a Hernández, me besas por la noche, me dejas tu escenario, me dejas tu escritorio, me dejas, me muestras el infierno que sí tiene luz roja, bailas conmigo, te robo el libro que olvidaste en la cantina, me hablas duramente, andamos por la calle,  te hago el desayuno, miramos un show que me conmueve, me das regalos con culpa, vamos al cine, me lees un cuento de Bolaño, tenemos sexo tántrico, cocinas para mi, me tomas de la mano, desapareces, me buscas, me miras bailar, hacemos planes, me dices cosas horribles, vamos a ver a Von Trier, sabes que eres un machista, me escribes, me dices que me extrañas, te digo lo que pienso, hacemos el amor en la ventana, me llamas borracho, me llevas al museo, te llevo al museo, une semaine de bonté, me besas en la boca, me besas toda, discutimos, vamos por unas chelas, me hablas de Rilke, dejo mis cosas en tu cuarto, me declaras tu amor frente a todos, Nina Simone, te vas con otra, vemos el paisaje de alcohol y pólvora,  no me llamas, hacemos el amor, me quieres libre, me quieres para tí, me quieres hoy, me rechazas, fumamos, me cantas, tocas el piano para mi, quieres escribir conmigo, quieres vivir con otra, tuve el sueño del Rey Salomón y preparaban todos juntos la cena navideña, te lo cuento, Patti Smith, llego a tu casa, estás enamorado de mí, estoy enamorada, estás contento, estás celoso, hacemos el amor en la cocina, cantamos en el auto, el agua es más bella despeñándose, bebemos mezcal, vamos al jazz, vamos a ver a Fellini, tutto, tutto Fellini.

                                                                         F I N.

Cómo quisiera poner aquí lo que nos pasa, lo que hacemos, sus nombres como guía psicomágica, como mapa en mi existencia, sus psicopatologías que empatan tan eficazmente con las mías, pero ya me muestro demasiado y no podría narrar toda esa intimidad por el pudor de lo inmediato y lo reciente, toda esa posibilidad, que por eso es bella y por eso, también, un poco dolorosa. La avidez de tinta cede, pues de mi Fellini y los suyos han habido curiosas consecuencias en blanco y negro, (negro y blanco) entre otras, éste y muchísimos otros-inútiles-poemas, al que por cierto, no se cómo nombrar; así que si quisieran sugerir un nombre o les gusta el que se me ha ocurrido, tengan la bondad de comentar.

Un beso largo de Medusa.


Y la nave va.

Con cierta gracia,
te meces de un lado a otro,
de mi insolente vanidad.
Parece que quisieras
reservarme para el postre.
Pero usamos los mismos trucos, Guido.

¿Me has estudiado, colega,
o sólo te reconoces en mis gestos?
En verdad piensas que...
-¿cómo fue que lo dijiste?-
“Que no intentas nada conmigo
porque tienes la certeza
de que te engancharías
como un loco.”

O sólo tiras para comprobar que aciertas.

Quizá tengas razón y
es materia inflamable
el espacio entre nosotros.
Si se cometiera la imprudencia
de tirar el fósforo,
tú y yo, volamos,
nos volamos
y nos vamos a otro mundo,
(uno lleno de delicias)
o nos hacemos pedacitos.

El veneno sigiloso
de aquello que es certero
sólo se reconoce mediante un buen olfato.

¿Quieres echarme las cartas y
sucumbir ante la fatal idea
de un destino con Medusa?
¿O que nos volvamos, tan sólo, humocaracola?

No tenemos remedio.
La vida está llena de formas
y me gusta nombrarlas contigo.

Vamos tropezando con
los personajes sórdidos
de un circo post
mientras nos sentimos
fellinescos.

Ya me sabes, nos conocemos.
Las musas, de vez en cuando,
se encarnan en anatomías masculinas
que analizo por oficio.
No necesito un jeque blanco.
Los tengo a todos y a ninguno.
La bella indiferencia
es un buen recurso cinematográfico.
Quería ser Claudia pero soy Guido.

Somos gente de historias.
Coleccionistas.
Son las luces de variedad que nos seducen.
Y tus ojos son humo de sándalo,
mientras amaneces con otra.

Esta noche, sin tí y en tí
me siento como un fantasma.
Escribo el guión,
desde tu trinchera urbana favorita.
En otro país y en otro tiempo,
lejos del mediterráneo afán
que te llevó a mi puerta
esa extraña noche de Cabiria.

Esta nostalgia neorrealista
me confronta y se me estrella
frente al primer cuadro
de la ciudad abierta
donde amamos y vivimos.

Esta noche, soy la forma femenina de un anhelo.
Y esperando una locura, la tuya,
me leí tus libros
y me bebí el café que dejaste
irremediablemente frío.

Así es la dolce vita,
me apodero de tu ausencia
mientras sigues soñando
en ocho y medio.

Aguamala o medusa.
(Prometo que mi siguiente post será de esos chistositos).

                                                                     Tutto Aguamallica