lunes, 12 de enero de 2015

MONOGRAFÍAS SUBMARINAS





                                          1. MONSTRUOS MARINOS


¿Qué hacen los hombres? Sobreviven. Si no están en eso, escriben o  persiguen monstruos marinos. Es lo mismo. Enfrentarse al océano que es la incertidumbre para alcanzar una forma. Apenas en la niebla una silueta. Instante de verdad  en el horizonte que nos seduce o nos azota. Presa esquiva es la escritura. Un dorso o una aleta. Viene como si no viniera de la búsqueda:  Se desea, se presiente y quizá, después nos acontezca, quizá no.  Como la primera mañana, como las primeras palabras de un poema. Yacimiento de otro tiempo. El mar es el ensueño. Navego en mi ilusión de niña mientras pienso estas palabras, ellas acondecen. Aparece la primera: Su respiración sobre la superficie es la señal de tu existencia,  acontecimiento marino, isla  intermitente. Quiero fotografiarlas para siempre. ¿Por qué siempre que vengo al mar estoy triste? Hay un lenguaje secreto y antiguo entre la bestia y el marinero que la caza o que la escribe. El misterio del agua o de la lengua. Histórica fuga en el azul perpetuo, en el campo de azules que siempre está empezando. Fuga del monstruo y fuga de uno ¿Qué es la escritura si no una barca perdida o una lanza de fuego?  Gracias al Universo y sus criaturas por hacer que la nostalgia y la escritura que son lo mismo, se diluyan y acontezcan. Como monstruos marinos, como el siguiente misterio entre las olas. 



                                             2. AGUAMALA O MEDUSA

          Quería ser una sirena. Pero eso es un mito.
             Es en cambio una trampa, las trampas existen.
            Es transparente. Baila. Algo en ella arde y algo en ella 
                quema, una ponzoña. Extraña presencia.
            Mitad ninfa, mitad furia.
          Lámpara de lava
           para el abismo marino
             para la obcusridad 
       de la vida:
       luminiscencia.
        La Gracia 
        le ha concedido
          un poder misterioso, 
               sostener  una danza: 
       renacer
         después de  
      disolverse
          en la belleza 
         de la muerte.

   



   3. MANTARRAYA




                                   Ángel acuático
                        Misterio negro
            obscuridad que vuela
        o se zambulle en el aire
          mariposa del agua
        aguijonado pez y murciélago
      Mantarraya, ¿será que nadas o que vuelas?
Puntiagudo veneno
       Lo llevas como una lanza,
              como  Arcángel
                  del cielo prehistórico
                         que es el océano.
                         La evolución te trajo a mi vista
                                         en esta extraña ola
                                                de nuestras vidas:
                                                                Nave.
                                                    Es tu piel y tu cadencia
                                                                   amenazante  belleza,
                                                                                 en tu nado de ave
la obscuridad que flota.

               

                                                                                                                            



 Aguamala o medusa. 


Después de que me estrellara contra el autobús me fui a la playa a escribir monstruos marinos. Una profundidad para salir a flote de otra, la propia. Las medusas en efecto tienen bioluminiscencia  y también, algunas especies se regeneran después de la muerte. (La aguamala que tiene la clave para la inmortalidad VICE) criaturas sensuales, cómo me fascinan. Si ya saben que en este blog todo es verdad y mentira. La referencia a Valéry es absolutamente deliverada y le mando besitos al chico que me ayudó a corregir estos poemas, la primera vez que salimos por una cerveza, hace como dos vidas, me salió con unos versos de Cementerio Marino en el Cenote Azul, con lo que me convenció de casi todo. Tener 18 años y ser sensible al verso. Lamento si echan de menos la crónica pop pero a la Aguamala toma una insoportable veta poética cada dos arrecifes o cada dos amantes. Ojalá les guste. Nos ha ido muy bien con eso de disciplinarme en las entregas, tuvimos cientos de vistas marineras en HIT BY A BUS de la semana pasada. Gracias por leer. Les mando besos con ponzoña. Bad bad water. 

¿Han escuchado el nuevo disco de Beck? Algo me hace pensar que anda en las mismas olas que yo.

                                                                       
Samurai fury 

lunes, 5 de enero de 2015

Hit by a bus

10. Hit by a bus.

”Nothing ever ends poetically. It ends and we turn it into poetry. All that blood was never once beautiful. It was just red.” —Kait Rokowski 


Yo soy una snob y aunque debí hacerlo hace tiempo acabo de comprar una bicicleta. Tampoco tengo un auto, he sido completamente incapaz de ahorrar para comprarlo y no me gusta el gasto en impuestos y gasolina, en cambio gasto más andando muchas veces de la semana en taxi. Todos los absurdos son igualmente absurdos, así que consecuentemente a mi absurdo uso de taxis tengo la creencia absurda de que vienen a mí únicamente taxistas chingones que son mis amigos y aliados en la omnívora urbe y nos damos consejo y terapia de muchas clases durante el trayecto.

Mientras yo les doy dinero y escucha, ellos me llevan siempre segura y cómoda a mi casa o a mi trabajo. Death cab for cutie. Pero no. Empecé a sentirme mal conmigo misma. Esa  esa incomodidad que proviene de estar demasiado cómoda, ese sopor que resulta después de muchas horas de sueño. Me sentía estancada y no eran sólo los taxis. Laura midió mi energía con un artefacto de dos varitas de metal con un ángulo recto en cada una que funcionan mientras están dispuestas paralelamente: Entre más amplio es el ángulo entre las varitas hay mayor energía. Yo necesitaba moverme, no, no eran sólo los taxis, tenía un problema generalizado con el movimiento. Todos los rincones de la vida me lo decían. Laura pasó los metales por mi cuerpo: Las varitas se abrían a la altura de mi coronilla, se cerraban a la altura del corazón, se  abrían hasta voltearse a la altura de la cadera y volvían a cerrarse mucho más en las piernas, debajo de las rodillas, especialmente en el  tobillo izquierdo, mi tobillo de Aquiles, dueño de todos los esguinces y las  entorsis, el culpable de que dejara de correr y empezara a pintar. Resquicio metafísico del miedo a cambiar de lugar. Necesitaba entender el equilibrio de la bicicleta o, mejor,  necesitaba entender el equilibrio subiéndome a la bicicleta.

El equilibrio no es algo que se alcanza, algo permanente que se obtiene porque el destino lo ha previsto de esa manera o porque provee las condiciones precisas para que lo obtengamos, no. El equilibrio es como el poder o el amor; siempre está ahí, disponible para nosotros, asequible tan sólo al pedalear, una práctica. Pero no lo sabía, tenía que sentir el golpe para comprenderlo. La vida no me ha dado sus lecciones en intertextos sutiles.

Él era frágil. Flaquísimo, fue el último novio que me conoció la abuela;  ojalá tuviera algún medio paranormal para explicarle que he elegido mejor, el día que lo vio me dijo que “le diera de comer a ese niño”.  Le decían el Ganso. La melenita rubia cubría su rostro y cuando las cosas no le salían se arrancaba en episodios de  ira, trabajaba como yo muchas horas al día  y para mí, estaba del otro lado del arte, siempre por graduarse de Arquitectura. Vivimos juntos, así comenzó todo, éramos roomies y luego, cuando regresó a casa de su madre a partir de un manojo de argumentos incomprensibles, se la vivía en mi casa y todo era muy tibio, agradablemente tibio pero el temor al compromiso posmoderno y al parecer mi irrefrenable coquetería nos tuvo saltando entre sí y el no por dos años que terminaron de golpe. Un gran golpe pero uno.  También, dos años más joven, con él me aficioné a las series de manga y a algunas otras caricaturas. Yo soy un poco japonesa y  a veces siento una melancolía chauvinista de Mishima y sashimi por el Imperio, otro camino de cerezos que me acercaría al amor. Y me sumaba, hacía un esfuerzo y sostenía conversaciones sobre  Kaichou wa Maid Sama con sus amigos animadores. Un día heroico, vi todas las de Star Wars en un maratón antierótico para tenerlo presente.


Con los videojuegos de plano no pude y sé que esto lo hacía sentir frustrado. El catorce de febrero del año catorce, invitó a nuestra amiga lesbiana Fer a jugar toda la noche. Yo que los miraba como madre amorosa, me puse a escribir sobre las mentiras y sobre los cenotes mientras me diluía en una botella de vino contemplado mi próximo derrumbe.

Ganso creía en la leyenda japonesa que dice que estamos destinados a encontrar a nuestra pareja ideal pues todos llevamos un hilo rojo atado al meñique y por largo o enredado que esté, el otro extremo de ese hilo estará atado al meñique de nuestra pareja. Es una leyenda medieval de la que tenía una interpretación muy... Ganso decía con total firmeza que no debería de haber problemas en una pareja, que si acaso fuéramos el uno para el otro y estuviera el hilo entre nosotros, no pelearíamos nunca, que todo siempre sería cool. Que si el destino hubiese sido preciso y generoso y cierto con nosotros no tendríamos jamás  problemas. Entonces yo me callé todo y volví esa idea adolescente y mágica la tapadera de mi insatisfacción y no pasaba nada, todo bien.

Por eso mis amigas estallaron en rabia irónica preguntándome si yo creía que eso era cierto, que tantos años de hacer psicología. Estar conmigo fue tan cómodo para él, alguna vez entre risas me lo dijo con todas sus letras, y  unos días antes de comenzar a andar, le salió en una tirada de tarot que comenzaría una relación con una mujer muy rica, y no es que yo tenga mucho dinero, no. No tengo nada pero le otorgué tantos bienes, fue tan sencillo de cuidar, procurar, de proveer, de seducir, le daba consejo, le preparaba la cena y no me pregunten cómo pero lo mandé de viaje a California, cálida compañía en la puerta vecina y agggg vimos tanta televisión. Ahorro de energía y de seducción. Seducción significa separar y guiar; orientar y esa orientación era completamente unidireccional. Ganso no se paró ni un día en mi laboratorio, no fue a ninguna de mis clases, no fue a la presentación de mis libros, le desagradaba ir a conciertos, no veía a Bergman y no le gustaba Von Trier. Para mí la comodidad no es un valor pero no lo sabía. No me gustaba ver televisión pero me quedé pegada mirándola.

El equilibrio es el flow de hacer y resolver. De entregarse a la acción y estar presente. Pasando los baches, haciendo fuerza en el abdomen y mirando en todas direcciones. Disfrutando el camino, sintiendo el viento. El equilibrio es la cadencia del presente. No puede hablarse sin asombro de la misteriosa y esquiva paz de estar con todo lo que uno es, aquí y ahora, no puede hablarse, no puede decirse, oh pero es.

Era doce de diciembre y esa mañana decidí aprovechar que la Universidad otorga guadalupanamente el feriado a todos sus trabajadores para hacer un ritual sobre el perdón. Fui al mercado, compré las cosas, hice mi ritual y quedé con mi amigo Ulises para ir por la tarde a la Roma a comprar mi casco y las luces para comenzar a andar en bici.

Ese día como vórtice, encontré en mi camino sobre la vía rápida del Eje 7 un bache profundo y enorme, decidí abrirme a la izquierda en el carril compartido y saben, es la Ciudad de México, a veces me comporto como si estuviera en Amsterdam, como si viviera en la playa, como si no fuera una guerrera azteca librando la guerra florida de los estampados, pero lo soy y la vida nunca me ha resultado sencilla y buscar que sea fácil es mediocre y esa clase de pensamiento y de conducta debió ser frenada por la vida violentamente. Un autobús me pegó en el costado izquierdo y volé, volé  tres metros, tal vez más, aterricé en la acera y la bici me cayó encima.

Me abrí completamente del camino, no lo sentí, no escuché, no estaba presente, no vi. El instinto no fue suficiente y el autobús me pegó del lado izquierdo del cuerpo como una bofetada amarilla e inmensa. Como pegan las olas. Todo se ensombreció y lo vi, por fin, tal cual era, monstruoso, capaz de sacarme del camino y de la vida. Sentí el golpe, dimensioné la muerte mientras volaba y caí aparatosamente enredada a una bicicleta negra y rosa al pavimento.

Cuando el tiempo trajo a nuestra relación temas que entender y resolver, cuando dejó de ser fácil y había que tomar decisiones él dejó abierta su cuenta de Facebook en mi computadora y me lo mostró todo; cómo era intrépido y propositivo, cómo era seductor y fuerte, cómo una semana antes del accidente, el día en que le había pedido dejar de estar de estar en el limbo entre el sí el no, fue a buscar a una chica de su escuela para acostarse con ella. Cómo quedaron al día siguiente, mientras su madre me llamaba buscándolo, bajo el reloj del metro Balderas. Cómo era tan adolescente de todo. Desde la pantalla de la computadora, golpeó a mi alma ese frío que tiene la verdad cuando es a la vez temida y anhelada. Brutal y súbito, su cobarde o benevolente acto fallido también fue una cachetada amarilla e inmensa. De qué otra forma hubiera podido terminar un amor cuya motivación era ser fácil y estar cerca. No tuvo que hacer nada, romperme fue tan cómodo para él.

Después del vértigo del impacto, caí en cuenta de que estaba completa y consciente. Busqué mi propia sangre en el pavimento. Ante la mirada absorta de la gente, traté de averiguar si me había roto algo. No me pasó nada. En la resaca vino un poco de dolor y el surgimiento de un morete notable, como las estrellas cuando mueren, en realidad no fue nada para el tamaño del impacto. Esa mañana había ido por algunas cosas al mercado de Portales para mi ritual  y decidí comprar a Zadkiel, un ángel que vi en un sueño y cuya estampa me eché al monedero, el ángel violeta de la transmutación. No sé si fue eso, que era doce de diciembre, que estuve meditando sobre el perdón esa mañana o que tengo muchas cosas que hacer y que aprender todavía; que fui afortunada. Oh, todo el miedo que enfrentamos cuando vemos el límite de una creencia y ese momento en que sólo nos queda soltarla: No está todo cool. No Daniel no. Si acaso hubiera un hilo rojo del amor romántico, si acaso, tendrías que sostenerlo con cierta fuerza y yo lo veo tan pequeño ahora. Hoy me resulta tan claro su tamaño. Hay un afán y hay un 
dolor. No voy a tener flow si no estoy ahí para mí, con mi Bergman y mi Von Treier y mi escritura y mis botellas de vino.


Sólo me quedó un moretón terrible en el trasero y el incremento, seguramente desagradable para mis amigos, de mis argumentos mágicos. Pienso que quizá, en efecto, he muerto aquél día y vivo entonces en un agradecimiento incrédulo. Fui tan arrojada y tan torpe. Necesitaba moverme pero no para ir con prisa a algún lado, escapando de mí, esquivando mis baches, le saqué por frita y por cobarde, porque quería un amor fácil, un amor que lo esquivara todo, cuando necesitaba pedalear para el  presente, solamente para pedalear, para estar aquí y ahora. No puedo creer hasta dónde llevo las cosas a veces. Mis pinches creencias absurdas, que mis taxis son infalibles, que ese lío psíquico que me traía con el Ganso era una pareja, que en él tenía un buen amigo, algo en la oquedad de nuestra historia. Algo. Oh el corazón delator, la transparente medusa. Lo fiel que puedo ser a mis creencias amorosas como diría Pablo Fernández que hacemos las mujeres por cultura. Los torzones que le doy al feminismo. Me levanté aturdida y nerviosa, avergonzada. Sé que fue mi responsabilidad, lo supe al levantarme de la banqueta. Lo supe cuando me golpeó dos veces en esa semana el autobús de la verdad.
 Rachel Bone Bicycle Accident Series 4/4
<>. Los tobillos están asociados al movimiento y la izquierda al lado femenino de las personas, resquicio metafísico del movimiento.  Las personas en la calle me atendieron y me ayudaron a ponerme de pie. Qué pinche oso, me veían todos perplejos. Eran como doce personas. Asusté a viarios, fui directo al impacto.  Japonesa kamikaze. Algunas especies de aguasmalas se regeneran después de la muerte. Yo misma, después de descubrir los madrazos, sacudirme las botas y entender un poco de la vida, ajusté mi bicicleta y creo que entre la epifanía y la risa hasta disfruté el trayecto pero yo soy una loca. La bici y yo avanzamos los primeros metros temblando después del impacto, creí que no iba a pasar el Viaducto pero llegué pedaleando a la casa de mi próximo accidente.

                                             Gabriel Zambrano Art work. Quizá en efecto, morí.  







Too much i've seen, too much i've seen. Que esto se volviera un paredón como el de la bella y salvaje Wild Belle. 


PD. Querido Anónimo: Sí escribo, este año un poquito más, ya verás. Gracias por leer. 

                                                                          Mi foto 



lunes, 22 de septiembre de 2014

El Dolor. Orografía.


El dolor apareció en la faz de la tierra como un socavón en Siberia. Es una cueva fría e inmensa al noreste del mundo. El dolor se abre en el pecho de una mujer de tierra y fuego. En el centro del alma. En la cúspide de la belleza. Viene el dolor en esa barca de estruendo y escritura.

Todo mundo sabe que nos derretimos por adentro. Cómo se van perdiendo, deshaciendo los polos, poco a poco. Los científicos entregan sus reportes, han medido las marcas del desgaste. Lo sabemos, hasta nos lo decimos con palmadas en el hombro, con vino y con amigas, pero no estamos verdaderamente conscientes de su inminencia  hasta que se han abierto las entrañas de las rocas o la carne. Paseamos sobre los campos de lavandas y certezas hasta que viene el desgarre de las cosas. No de todas las cosas, sólo de las que damos por hecho. 

No conocemos el momento preciso en que el voraz vacío de la vida tirará nuestros techos y paredes para mostrarse, para hacerse evidente al mundo. Evidencia de la erosión histórica 
de la verdad o del amor. No sabemos cuándo es que la obscuridad paleolítica derruirá la risa y se tragará las tardes. Más vale no saberlo, nunca estar listo y sólo caer.


Estoy aquí, otra vez, años después. El dolor se abre paso entre las rocas o la carne  para empezar con su amenaza, de meses o de años de engüirnos por adentro. Pero no. 

No sucede. No ha sucedido. Nada nos ha tragado. Aquí seguimos. Acostumbrando la vida y los ojos al nuevo paisaje. A esa idea telúrica de perderte, de perderte así, hoy. Después de ponerle tanto amor a los días y tratar de ser generosa y de fluir en la vida. Diciéndonos que nunca, nunca más seremos, que nunca más permitiremos...Ahí está. Ha sido un gigantesco hielo cuyo peso acabó por horadar el terreno dejando la superficie de la tierra abierta. Franca y abierta.

Otra vez, un poco a la izquierda de una caja toráxica: la fosa que va al centro de la tierra. Viene el dolor sabiendo que es parte del tejido del mundo. Que también será la paz.

En el fondo de mi alma está el magma donde todo se quema y nace.

Y nace: Del dolor crecen las flores. 

Conozco su barca y su escritura, es barro primigenio.

El amor nos permite sentir mejor al Universo.
El dolor nos permite sentir mejor al Universo.

Quien se escapa no lo sabe. Y qué lástima me dan ustedes, los que no lo saben. Los que se escapan.

Vendrán las flores y serán mías y de otro. Brotará entre mis senos la flor de la belleza, la flor del perdón, la flor de la sabiduría. Mi corazón es la guerra florida. Sacrificio contempo para honrar a nuestros dioses. Los dioses paganos: el dios de la belleza, el perdón y  la sabiduría. Viene el dolor, se ha abierto. Se ha mostrado en la península de Yamal, el fin del mundo. Un gigantesco vacío entre el hielo y el fuego de lo que somos y sabemos. Me conoce, le conozco. Tengo otra cueva en la vida.

En mi alma crecerán todas tus flores.     





                                            Otro crímen quedará sin resolver.                                                     



Aguamala o medusa

martes, 19 de noviembre de 2013

Embalsamar a Hugo Chávez.

Un estudio hagiográfico improbable y tres miembros fantasmas.


Introducción.

Pues sí. Parece que hay ciertas emociones más glamourosas que otras. A mí, que una de las cosas que más me importan en la vida es el glamour,  me ha resultado un poco sorpresivo admitir que tengo cierta inclinación por presenciar la conservación minuciosa y ornamental  de los cadáveres o pedazos de cadáveres de  personajes  casi siempre desmembrados, que resultan por una razón u otra, más o menos ilustres. He descubierto con igual o peor pudor estético,  que a mí, en particular, me gustan  los pedazos de las personas interesantes: Las reliquias. La televisión y una, preferimos a las personas interesantes,  ya sean vivas,  muertas o en pedazos.

Me gustan y aunque me parezcan infinitamente tristes esas cajas donde se guardan mariposas en crucifijo, me atraen con infinito morbo los cuerpos embalsamados, averiguar datos sobre el conocimiento del proceso y los contenedores cristalinos que contienen a la muerte.
Me gustan los miembros guardados en formol, los fetos de reptiles de dos cabezas en el laboratorio de Biología y quizá, por razones heredadas de algunos hombres de ciencia occidentales, me fascinaron, desde niña,  los rulos rubios de mi hermano, conservados en una cajita  dentro del estuche de costura de mi madre. Sin embargo, entre todos estos insospechados  mausoleos biológicos, lo que a mí más me gusta son las reliquias de los santos.

Yo no se si Ud. lo sepa, pero como en mi antepenúltima vida fui un monje liberal del medioevo europeo, tengo debilidad por ciertas cosas:

 [Primero Miembro]

 [ En esa vuelta de 180° a Francia y a mi cabeza, empecé a reconocer esta sensación de atracción por lo salomórfico* como objeto de estudio, por supuesto. Soy el Abad Choisy,  invitado a viajar al Reino de Siam]

- Una tarde en Picardie, incrustada de piedras hermosas y más bien discreta entre las atracciones del verano, una de  las cabezas de San Juan Bautista me llama desde un rinconcito de la catedral de Amiens. Digo una porque el tiempo ha multiplicado el milagro.

Más de dos mil años han pasado desde que Salomé,  entendida de esa danza, que es precisa y voluptuosa (y del mambo),  se hizo de los poderes de la  seducción  inmisericorde y antigua que hay en la cadencia.

Gracia y poder utilizados para pedir a su padrastro la cabeza de Juan, que hombre o santo, juzgaba desde la beatitud  o desde una moral bien poco endogámica, la relación de Herodes, su padrastro (y tío) con su madre, Juan, que se dice la rechaza,  además de vociferar y señalar con desaprobación completa,  los  siete velos de deseo que Salomé despertaba o desvelaba, en su tío-padrastro y rey.

                                Afiche Aubrey Beardsley, artista del XIX hizo estos afiches para la presentación de la obra.
La imaginación de Oscar Wilde hizo que Salomé enamorada de Juan, ejecutara su danza frente al profeta, de quien pide la cabeza, por ignorarla.  Con Salomé, Wilde fue a la cárcel, al desobedecer una ley que prohibía poner en escena textos sagrados. Esta versión me parece más cercana al drama de la mujer contemporánea, una puede identificarse más con  eso de conseguir la cabeza del hombre que se haya vuelto un patán para ponerla en casa como un adorno bonito.

¿En qué íbamos? Soy el Abad Choisy, veo en Amiens las cuencas de Juan entre esmeraldas y zafiros, sobre uno de los posibles platones  en el que le llevaron a Salomé, la prueba más contundente y tarantinesca de por qué sus caderas no mienten. 

"Una" de las cabezas y "uno" de los platos porque gracias a Dios y a este extraño afán de los seres humanos, existen 8 cabezas completas de San Juan Bautista y alrededor de 20 pedacitos de cabeza regados por el mundo.

Cuando le fue presentada la cabeza de Juan a Salomé, fundadora del gore; la chica se lanza a besar la mórbida boca de quien la rechaza y juzga eternamente, asqueando a sus invitados:  Qué morbo.

Asumimos que después de cumplido el capricho de la niña, los (al menos veinte) cuerpos de Juan habrán tenido otra suerte y reposarán sobre las piedras justas. 

Veinte Juanes en  los sacros sepulcros de las ciudades más viejas de Asia y de Europa para la satisfacción  de monjes y morbosas doncellas por los siglos de los siglos…

El emperador de Siam me invita a ver una pelea entre ocho elefantes y dos tigres, mientras bebemos té que se ha tostado bastante al sol y da una sensación de energía…-Fin de la cita]

Ya no puedo seguir siendo el Abad Choisy.

[Segundo Miembro]

Parnaso en los Alpes.  Italia o la memoria de las cosas que alguna vez amamos (2009).

Hay un extraño, diminuto, frasco empantanado en el estudio de Antonio Canova. 

En las montañas de Adeso, el taller de Canova es el mausoleo de un hombre entregado a la belleza de los griegos y sus dioses, disciplinado en su don privilegiado.

El enorme taller es un depósito repleto de sátiros y titanes blancos, de héroes y de magdalenas y de ninfas. El escultor dejó en Adeso una aldea de esa raza nívea y fría, atrapada en la representación eterna de sus mitos.

Canova, tan entregado a su tarea como otro monje, como se entregaba Choisy,  absorto y disciplinado en la creación de su raza de musas y semidioses blancos, fue un hombre discreto, bueno y solitario.

 En el taller de Asolo, esa tierra del Veneto bajo los Alpes, entre  las amplias estancias sin muros del siglo XVIII…Ahí, entre algunos ensayos del abrazo perpetuo entre Amor y Psique, ente la diáfana belleza de los poderes del universo y sus ninfas. (Siempre las ninfas). Tal vez Amor y Psique sea mi estatua favorita. Tal vez sea mi misterio favorito también. Para mí y para los hermosos ojos de Elisa Rigo, en la planta alta del edificio los pétreos ángeles y héroes y las bellas gracias, no parecían anunciarnos al soberbio dedo del artista,  flotando a través de la luz verde, del agua del frasco que lo conserva entre sus pétreos delirios.  
Conservar la carne. Esa materia que nos permite ser de agua y fuegos o de blanco mármol por adentro.  El dedo del muerto, la mano de artista zombie, es el objeto más misterioso en el hermoso Parnaso de Canova.  



[Miembro Tercero]

La bella Venezuela y sus amigos invisibles.

El General Maduro, conductor de metro acostumbrado a llevar los trenes por  el subterráneo, ha querido embalsamar los restos de un hombre y perpetuar en esta reliquia del trópico aquello que los orientales elevan y los occidentales le devuelven a la tierra.

Aunque acartonada y triste, queremos perpetuar la huella de  aquello que nos provocó cerrar la boca y entender la vida, que puede ser  tan bella como dolorosa: los héroes y las musas de la mano de Canova, el delirante libro de San Juan, el viaje al Reino de Siam de Chosy, el invierno bajo la nieve de Asolo y las azules pozas en los ojos de Elisa Rigo.

 El morbo es una palabra de origen obscuro, como la mano de Canova en su brillante estudio y como las cuencas que juzgan y  anuncian el  mayor de los juicios.  El morbo que es algo cercano a la culpa porque se retuerce en la evidencia de algo que ha pasado, en algo que se descompone dentro de nosotros y por eso, con lo enfermo. Morbo era hijo dos hermanos,  Nix la Noche y de Erebo, dios de la Obscuridad y de las Sombras.
Erebo, hijo del Caos y hermano de la Noche, engendran  a Morbo, la Enfermedad,  divino resultado de un incesto entre hermanos, como la que juzgaba Juan ¿Qué habría sido de sus veinte cabezas, si hubiese presenciado esta nota del Gráfico mitológico, el juicioso de Juan? Cicerón decía que desde Roma y quizá hasta hoy en México o en Venezuela, Morbo es una divinidad.
Nos aferramos  a la prueba  terrenal y fidedigna de la carne.  La existencia de quien narra la fe o de quien hizo un palacio de nieve para  ninfas. 

Al argumentar por embalsamar sus restos ,el general Maduro nos dijo que la sonrisa de Chavéz sería el testigo de la Revolución y yo pensé en Salomé y la bandeja de plata que llevaba la cabeza de Juan.  
El Morbo escondido en las cajitas de costura y en los más diáfanos rincones de la tierra, ahí donde es enaltecido el poder y la beatitud.

Nos interesa conservar la parte de la magia, del genio o de los poderes salomórficos de algunos que tuvieron privilegiados dones, pero la cadencia de la carne da vueltas de tuerca y en el afán de perpetuar la danza y la palabra de la vida, perpetuamos la Enfermedad, la nuestra, que es con la vida como su sombra, Érebo del mundo, indispensable y consecuente ante toda esa luz.


Aquí el Abad Choisy, usando ropa de mujer, como siempre le gustó, mientras escribía sus viajes por Asia en una ilustración de Gabriel Gutiérrez.



*La palabra salomórfico no existe fuera de este texto.

 

 Aguamala o medusa

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

jueves, 10 de octubre de 2013

¿Qué y quién es un fantasma?








“231. Habiendo eliminado a la madre (avidez) y al padre (orgullo) y a los dos reyes (infinitismo y nihilismo), y habiendo destruido  un reino y sus habitantes (apego), uno se convierte en  iluminado.”  Dhammapada.
 
fantasmas (del griego φάντασμα, "aparición")
Wikipedia (ja!) 

 

Fantasmas auténticos y manifiestos, encienden y apagan la luz de este pasillo. Qué es el pasillo sino un bardo. La antesala a la intimidad rota.  El pasillo es un umbral.

Lo único que me gusta de la lluvia y especialmente, la lluvia en la ciudad, son los abrigos y las botas y que es un buen sonido de fondo para escribir o besar. A mí me gusta esta ciudad porque tiene buena luz. Escogí vivir este país porque no importa lo malas que puedan ser las aguas, lo severas que sean las lluvias, después de unas horas o cuando más algunos días, uno puede  pararse en  cualquier punto de la arena pública y mirar el  cielo azul.  

Pero uno no debe acostumbrarse a nada y este Septiembre los dioses decidieron castigarnos por votar por el PRI,  por no dejar ir y por eso que hacemos de odiarnos a nosotros mismos como expresión cultural. Nos han dejado así, en el gris.

No soy lo que se dice supersticiosa. Como dice mi abuela, “más miedo los vivos”  o  las instituciones totales y los gobiernos. Una vez escribí un poema que se llamó poltergeist, sí, lo admito, pero esa era una cuestión completamente metafórica. Poema para una idea-hombre fantasma; relato subrepticio e insistente, que persistió en mi cuerpo y en mis años, sin ceder, sin irse tras la muerte que es definitiva y por eso, solidaria.  Pero no. A él lo dejé, lo olvidé y luego lo cambié de lugar: mi campo de narcisos.  Esto va de otra cosa, más cercana a las pelis de terror, a las alucinaciones duermevela. Nada de metafóra.

Ayer sentí un fantasma en casa. A escasos metros de tu profundísimo sueño y el ansia del  insomnio: Un fantasma de inexistencia hiperrealista. Era una ella, una fantasma, conjetura  derivada de los sueños de Jaime y las visiones de Coralie y Nishat. Feminidad que persiste a la muerte. Una ella: Estrangulada.  

Asustada. Casi convencida de nuestro inminente encuentro,  dejé de hacerme preguntas sobre la física y las tuberías y sobre el proceso de sugestión que habrían de comenzar mis compañeros de piso una noche de borrachera. Ninguna razón podía servirme entonces.  Ni siquiera los antecedentes de todas esas cosas moustrosas en las suelen transformarse mis temores.

La parálisis del miedo se transformó no sin pocos intentos engolosinados de angustia,  en esta honda nostalgia de septiembre. Septiembre. T.S. Elliot  says:  <April is the cruelest month>. Elliot is always right, right?  So, what a hell with this sadness! September pays in melancholia. Abril y Septiembre, sicario y viuda. Este mes nos sume en una penosa empatía con la fantasma estrangulada en mi pasillo. A mí y al país ahogado en su miseria y sus mentiras. Corazón abierto, puerto de  huracanes.

Así, me descubrí repetida, invisible, más pálida que siempre. Miedo dentro y miedo fuera: Fantasma. Así todas nosotras: la patria, septiembre, la fantasma y yo.

Casi salgo de la habitación para abrazarla y decirle: ¡No sufras, hermana! ¡Yo te entiendo!

Tal vez todos somos un fantasma para alguien. Vibramos en un temor lejano. Activamos  el interruptor de otra vida.

Exnovios. Exnovias. Madres. Padres. Carreras. Hijos. Sueños. Busco en tu pasado insípido, la oliva que me amarga el trago.

Sentí lo que Bruce Willis sintió cuando le cayó el veinte de que no era, precisamente, el terapeuta del niño que veía gente muerta. Sentí que no era hija suya, ni amiga suya, ni amante tuya. Sentí que ya no era o que nunca había sido. Que los otros trataban de negar mi existencia por miedo e incompatibilidad de dimensiones. Los fantasmas son fieles, complacientes, como yo.  Siempre están ahí, apegados, son los personajes más fieles a su historia, a su historia de nostalgia o de venganza o de horror o de honor.

Olvidan la lección número uno de los libros de budismo que dan en los enormes  hoteles extranjeros que devastan esta  playa: Dejar ir.

Agradecer y dejar ir.
La complacencia alimenta el jardín de narcisos que es mi cama. Mi estructura psíquica es una damisela en apuros, un ataque de histeria victoriano. No soy un pastel suficientemente dulce, un bordado  suficientemente preciso, una tela suficientemente vaporosa, no para mí.  Not enough, no me amo tal y como soy. Ya está.

Hoy sé que es mi trago y que no lleva olivas.

Frecuencias  de nuestra inexistencia rebotan en una puerta que no se cierra. Corazón que no es escuchado,  llanto que no es consolado. Crujido del techo y  las paredes,  insistente goteo del agua,  luz  que se enciende y se apaga sin motivo. Sin estructura.  Es la realidad del fantasma, una que persiste, necia, terca, instalada, insatisfecha en todo eso que no es.  Aquello que no vive se proyecta inútil, neuróticamente en la vida. Simples apariciones.

Apelando a la neurosis, yo me pregunté por qué. Tú cerraste la puerta. Así, de un trancazo.  La fantasma se quedó afuera, yo me quedé dormida, en algún minuto de la madrugada pasó la forma sutil y natural  en la te meces y me vuelvo invisible, indigna de atención, como un fantasma. Esta noche fue toda tormenta. Septiembre dejó ríos de tristeza. El país se ahoga.
(pero siempre levantamos los escombros).

 Aguamala o medusa
I see dead people!!!

 

                                               Toquinho & Vinicius de Moraes:  Tristeza

lunes, 26 de agosto de 2013

Cascadas.

Querida Aguamala: Terminó el vértigo. Parece una broma del destino pero ya sabemos que este cuento se teje con tus hilos. Después de la última vuelta, el remedio, una bebida efervesente, analgésica y llena de electrolitos, también se llama Daniel. 


Hallazgos amorosos al fin de la montaña rusa. Tres reflexiones sobre lo sencillo y lo sagrado. 


                                                                                                      
 

1.       Fórmula de la disolución secreta a dos lenguas.

 

Crónica de una pasión sencilla. Any given love.

Me gusta la vida sencilla, con su luz clara y su ir al mercado y sus desayunos. Me gusta  tu piel de frazada y tus besos de tónico hidratante. Me gusta que descanses a mi lado como yendo por un río paralelo.  Sexo-dulce-pleniluneo y tu amor indispensable, simple y certero, me sube a la cabeza y a la sangre, como cafetera italiana sin filtro/// Te sucede el efecto inverso de los cuchillos clavados en la tierra para evitar la lluvia. Cuando tú estás en mi tierra invocas todas las tormentas.  Marisma es esta cama que compartes conmigo. Hay evidencia científica de relámpagos domésticos. Nuestra habitación es un trópico improbable: Playa interior.  Páramo y fuga. Qué extraño acto de generosidad metafísica que después de ser río,  te vuelvas el barco,  el parasol y el remanso; las aguas claras, las aguas mansas, todas las aguas. Quiero descansar en ti. Eres mi casa. Y estás lleno de cuadros surrealistas y de la  luz ámbar a la que es proclive tu cabello, la que escapa de tus ojos. La que me llena la casa. Techo de palabras dulces. Ventana a la claridad para la vida. Iris caramel macchiato. Me encantas.

Love like waterfalls

The spilling of my Daniel cascade. Your love and kindness are just revealing. They have the same properties of simple and sacred objects, which are susceptible of being simply discovered:   As the old’s gods words, inscribed on the walls of a lost temple, as a present involved with kindness, or a black novel murderer. Love as the morning lighting up my sleeping lover. Love to be choosen. Daniel, easy flow of tenderness, you have just dissolved.me:

2.       Disolución.

Estoy segura
que hay cuestiones del Universo,
sutiles y  fundamentales,
que sólo se han dicho,
tus manos y mis senos:
Cosas relacionadas a las fronteras y a los puentes,
cosas de brujería,
asuntos claves en política interior,
y  magnetismo.
Tal vez un día sepamos
el misterio por el cuál
esta cálida llama nos protege y nos abraza.
Por qué en tu cuerpo de desfiladero,
se despeña la envidia,
de ojos menos dulces,
desprovistos de la  sencillez
de tu alma
y la precisión de tu risa.
Escala mi deseo por tus riscos,
amigo mío, amor mío,
piel de magnolia:
Quema las naves.
Toma mis olas.

Hay secretos soles,
violáceos astros
canarios ríos,
que sólo han visto nuestras almas
elevadas en el sexo,
revueltas,
disueltas,
desprendidas del mundo.


Aguamala o Medusa

 

                                                                  Dissolve Me









Larga es tu muerte. Long distance call.




“…heat-oppresse’d brain”, Macbeth

La otra noche hablamos por teléfono en un sueño. Escuché tu voz. Tú cálida voz cruzó esta distancia dicotómica, breve e insondable, entre esta vida, derroche de posibilidades y el otro lado de la luz. Otro derroche: Ahí, donde estas tú o algo parecido a ti, o algo de tí… o nada.

Han pasado más de tres años. El día de tu muerte no lloré. No se si no podía expresarme de esa manera en público o tenía que equilibrar con un poco de templanza, la inconsolable resistencia de mi madre. Lo que sí se, es que tenía colmado el pecho por la inmensa dicha de haberte conocido. Por haber acontecido en una vida como la tuya.

Nunca antes vi la muerte. Sólo había perdido a Calígula, mi gato. Sé que no hay punto de comparación, o el único punto de comparación y por eso de encuentro, es la muerte. Por supuesto, fue muy distinto, pero tu muerte y la suya son la misma.

Cuando era adolescente podía llorar durante horas. El día en que perdí a Calígula no dejaba de intentar con desesperación, construir las preguntas que hoy me hago ya sin miedo y que por supuesto, no se contestarme todavía.

Dejé de entender la vida toda la tarde y entré al llanto como si entrara en mi casa: Ese llanto sordo y loco que nos descoloca, y que como la sordera y la locura, también nos aísla y nos lleva a otra parte. Nos pone a salvo en una tristeza avasallada. Protegida. Una habitación sin vistas.

Ya no puedo llorar así. Hoy más o menos lo he intentado pero inundar la dicha de mi casa, el valor de mi trabajo y los besos de Daniel, me haría sentir casi patética. Ya no puedo llorar así.

Calígula y sus ojos amarillos fueron un derrame de vida sobre el mantel de la mesita de noche. Hoy sé que los pasos en falso de mi gato negro, temerario y absurdo, como emperador romano, me rasgaron el alma para que yo entendiera tu muerte.

Dos afectos sí pueden ocupar el mismo pecho, al mismo tiempo.

La fecha de tu muerte fue tan precisa que siempre he preguntado si la elegiste con el trazo de cirujano o con ese afán romántico de poeta del diecinueve. Cuidar la forma. Hay dos "emes" en las manos: modo y manera. No me dio pena perderte, sentí como si te estuvieras graduando con honores. Ya sabes, nosotros y la academia y los rituales de la mesa y del conocimiento. Y Debussy. Me sentía desbordada, inundada de admiración.

Pensé que todas las vidas deberían ser cómo lo fue la tuya; pensé que mi vida debería de parecerse a la tuya, entregarme a la aventura y al conocimiento, y siempre estar muy elegante para abrirle al mundo una mente abundante y un corazón generoso. Sabía que un día iba a extrañarte tanto, que escribiría largas líneas sobre tu impecable gusto para la música de concierto. Sabía que ibas a faltarme.

Hoy es ese día. Quizá por eso he soñado contigo o quizá por haberte soñado es que te extraño. La vida antecede al sueño y el sueño antecede a la vida: Se abrió la puerta de tu voz a mi inconsciente, que es un páramo esmeralda habitado de fauna marina:

Ahí, donde nadan o vuelan mantarayas o acontece la guerrilla, hablamos por teléfono. Lejos del llanto sordo de mi adolescencia, hoy soy toda oídos y no le temo a las preguntas que no se responder. Precisión de cirujano al otro de los sueños. Yo tengo tus libros de poetas del siglo XIX. Me has llamado y tuviste, como siempre, palabras de dulce y filigrana para mí.

Gracias por llamar, abuelo.

 Aguamala o Medusa