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viernes, 24 de febrero de 2012

Antídoto.

"...Alzo mi lámpara para iluminar tu camino,
Paz, mi corazón, que el tiempo de la separación sea dulce."
Rabindranath Tagore



No me contestas.

Te estoy extrañando detrás de mi escritorio. Ahogándome con infusiones pequeño burguesas de fruta de la pasión.

Como una Pessoa Luxemburgo, me inquieta un silencio
                y un océano:

Qué hacer sino permanecer templada. Sepultarme en documentos, morderme la boca, invocar preludios. Que tus ojos sigan los límites de estas vagas letras. Lluvia de Sol: Te espera una fiesta bajo mi vestido. En pasusa queda tu derrama de Anarquía. Estaré por aquí, contenida como Kafka hipermoderno. A punto de derrumbe, giro la noria sorda del buró y del "buenos días". Agonizo abatida en una silla reclinable. Pero miraré cabal la última aurora, si acaso rondara el planeta del tiempo
                y la melancolía.

Y si la piel comienza a ponerse un poco gris, vendrán a mí las noches rojas y te escribiré unas líneas para traerte a la escritura
              (que es lo más íntimo que tengo).

Quizá con fe o con suerte, los dos nos salvaremos, aunque sea un poco.
                                         
                                                                                                       Aguamala o medusa.

De antídotos...Mocheeba, este trío inglés de par de chicos ñoños y cantante demasiado cool...dale clic al verde  1) esa vieja e infalible fórmula.

martes, 27 de diciembre de 2011

Carta desde la isla


Tengo vértigo. Vértigo en el estómago, en el corazón, en la garganta. La nausea es el miedo al vacío. Me lo debo, llevo muchos años evitando esta sensación y este día. No sólo por el miedo, por el vértigo, sino porque siempre he sido muy fiel a mis creencias amorosas. 

No recuerdo cómo estar sola, desconozco ese lado del mundo que hoy  parece obscuro y frío. Nueva nave o refugio.   Nadie para tomar mi mano. Nadie frente a quién tener agallas. Soledad, estepa del norte o abismo marino. Terror al desconocimiento de las presencias y los límites, de los fantasmas que vendrán a aterrorizarnos hasta que logremos  hundirlos  en la serena muerte del perdón y del olvido. Del aprendizaje. Vértigo... nos hemos dejado y parece que naufragan todos los sueños, las certezas. Las creencias  sobre un amor largo y prodigioso, los cimientos de una sociedad potencia. Pero ya nos habíamos dejado antes, no se cuándo,  no se qué parte de la guerra nos derribó el puente. Ha sido una muerte agónica, una resitencia heróica, nos alimentamos artificialmente con los tubos y mangueras de lo cotidiano. Primero, fue posible vivir bajo la sombra del árbol de la prosperidad amorosa que tuvimos en la casa azul, la casa del idilio, la casa sin tiempo. Habitamos el manto protector del mito que nos había fundado: Nosotros. Pero la peste y el hambre y las furias de la historia  se filtraron por la ventana del pisito de l'Eixample. Tú no las viste, las dejaste pasar por tu boca y yo las dejé entrar por los oídos y  años después, cortan.por.adentro.  Tú crees que es normal hablar con palabras miserables y olvidarlo al día siguiente. Tú eres un niño. Estás tan en tí mismo que eres ciego para otros.  Yo soy una jóven y exitosa mujer rota. Igual de rotas Penélope o Medusa.  Inconforme pero cómoda a la sombra de tu árbol.  Incapaz de mi luz y obsuridad. Incapaz de mi soledad.  Inmóvil y enraizada. Pero yo no quiero convertirte en piedra. Tejo ya sin deshacer el manto. Yo no quiero ser tu madre, ni tu hijo.  Y no es mi muerte en tu conciencia, no creo que pienses mucho en lo que soy o en lo que quiero.  Este es mi luto y el abismo es ante la muerte de la esperanza sobre Nosotros. Pienso que ya nos hemos hecho pedazos.  Pienso que parecemos aves de carroña.  Y es lo más triste que ha pasado. Algo bueno de la vida se calla cuando a las ideas hermosas se les prende keroseno. Cuando los amores libres se ahogan en violencia. 

He estado aquí antes. Conozco el vértigo. Y no seremos mendigos. No recuerdo qué hice entonces y no se qué voy a hacer ahora.  Algo tuvo que salir bien porque pude estar y conocerte y amarte más y amarte mejor. Se avecina "la soledad que aguarda y tiembla". She said. (*) Me dejaré caer con los brazos abiertos a la indispensable belleza de la vida aunque implique el terror y  la tristeza. Vendrá el vértigo y me tomará por los hombros y estarán los anhelos rebotando en las paredes. Vendrán las nostaligas que serán azules como  lo era nuestra casa, y el deseo será ansiedad doliente y escindida. Vendrán los espectros, vendrán las rabias estridentes y ríos violáceos de aguamala correrán furiosos por la calle de Tokio. Vendrán y les abriré las puertas y los dejaré marcharse, espero, pronto. No abrazaré  la soledad  como se abraza a la muerte, no como se abraza al vacío, me tenderé con velas y vestidos al viento de lo que se avecina, quemo las naves de la esperanza perdida en la hoguera de la posibilidad, de la potencia de la vida. Ojalá que te mires y te rompas un poco por adentro. Easier said than done. Estuvo tu alma dentro de mi alma.  Amigo mío, amor mío, se que también bailará tu corazón Tengo vértigo. Bienvenido. 

Las letras verdes en AGUAMALA son enlaces musicales y las pastillas verdes son de muerto. (Chiste ñoño muy selecto para los amantes de la Ciencia Ficción) where no ending ends
(*) Rosario Castellanos said.

Aguamala.

jueves, 25 de agosto de 2011

Poesía ante el silencio (un silencio, el tuyo). Paso de gato y otros inútiles poemas.

I. Paso de Gato

El amor y el azar
comienzan a jugar juntos
cuando cierras la boca
y yo te cierro la puerta.

2. No name blues

No vamos a salvarnos,
ni tu espíritu previsor,
ni la intuición femenina 
de la que tanto me jacto,
harán nada por nosotros.

¡Nosotros! Qué risa.

Amor condenado a la horca,
simpre supimos que saldaríamos 
las cuotas de impunidad
que termina por pagar Eros a Tanatos.

Lástima que no estés aquí.
Vas a perderte
de la estética
del dolor 
de tu partida.  


III. Revelaciones.

Todo eso que somos
en la luz roja,
en la nube,
en la cama,
en la ola,
en la espera y en la esperanza,
tu mano delicada y presta,
tu beat
mi rock.

La dilación de la hora 
en la que somos lobos y vampiros.
El instante en el que llegan los versos en tus besos.
Mis
            delicados
                                      vicios:
las  costumbres romanas
que llegan de tu boca.
Tu boca de río,
tu boca 
            de franca,
                               insólita,
                                             locura.

Precisa sincronización amante y amorosa
en el puente de palabras,
en el tren llamado deseo.
La Historia vuelve por el placer de los hombres.

Todo eso que somos
en la memoria
y el secreto,
brutal intimidad
del ritual sofisticado
que es tu alcoba.

Todo eso que somos
en las sustancias del espíritu.
Amor Virgilio,
amor mezcal
y polvo
          y hierba
irrumpes  la escritura.

La música sagrada
de la misa negra,
de la misa roja
que es tenernos,
encontrarnos
en lo profundo o en lo sublime del alma,
tu alma abierta al tiempo de los dioses,
con la vastedad que se ofrece
al amor o al sexo.

Revelaciones:

Toda vehemencia y vastedad son mías,
total ausencia de conciencia
 y de empatía.
Sólo pasabas como el natural 
efecto de tus drogas.
Subida y resaca.
Como larga y pesada noche.
Como  sueño adolescente.
Como la canción de Jarvis Cocker.
Ha sido una fiesta.
Bebimos mucho, sólo eso.

You were my discodeine shot.
Fue la vista nublada en las substancias
 y la ciega obediencia a la poesía.

Revelaciones:

Tu silencio no es de estrella.
Tu silencio no es un navío.
Tu silencio como despeñadero,
se parece a una mentira.

Revelaciones:

Se que para tí
      las delicias
               son
                      otras.

La piel de orquídea negra
que reusltas a veces, ya no es mía.
La piel
es todo lo que fuimos:
Superficie y engaño.

Revelaciones:

Sutil y cruel abismo
el que se ha abierto entre nosotros.
Ante la intimidad rota,
los ángeles de nuestra noche callan.
Callaré yo, por tanto.

Aguamala o medusa.

Para estar en el lugar correcto en el momento correcto, para estar allá, dar-clic-aquí.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Una buena chica marista.

1/3 The little blak dress tragedy.

No se si tenía 14 o ya había cumplido los 15, pero en ese entonces asistíamos a grandes y semisobrios reventones al poperísimo ritmo de: OV7, Kabah, “La vida loca” que solía llevar Ricky Martin antes de que tuviera una vida cabal y pidiera para llevar gemelos de probeta, o bien, y ya que los tíos y los jefes de los chavitos se ponían bien pericles, Los ángeles azules hacían la delicia de todos en el preligue, el presexo y la prepeda de los preadolescentes de la clase media del sur de la ciudad. Todo medio (cre).

Cada fin de semana, teníamos tremendas fiestas en honor a las quince primaveras de las chicas de los seis salones de secundaria del Colegio México. Y yo, que he sido buena para la fiesta desde que era una aguabuena e inocente, confieso que la pasaba bomba levantando las manos, llegando bien arriba y moviendo la cintura con movimientos sexys ¡síííí! Como no sabía quién era y comenzaba a sospecharlo, no quién era sino que no sabía, no puedo asegurar que me sintiera feliz, pero durante ese año, que se parece mucho a éste, empezó a crecer mi círculo social reducido y en crisis y me invitaron a muchas, muchas fiestas.

En ese entonces, mi experiencia relacionándome con el sexo opuesto había sido brutal. Una auténtica hecatombe adolescente, drama infrarrealista de segundo de secundaria, ocasionado por el telúrico rompimiento con un primer amor de patanería fundacional y legendaria: a coapish. Un chamaco inverbe, wannabe y feo que no se merece muchas líneas pues tratar el amor con desprecio es básicamente lo más ruín del universo conocido. Fue cruel conmigo y la vida que es terrible y bondadosa, me dio la oportunidad de mandarlo al carajo y despreciarlo de vuelta, de formas espectáculares y novelezcas cuando ya estaba en la Universidad y me gustaban ese otro tipo de patanes que saben escribir y citan oportunamente anarquistas muertos. Ahora es mi amigo en Facebook, y de vez en cuando,  me gusta ver lo feo que se puso y lo predecible y de hueva que es su patética existencia.(Mala la aguamala) Todas mis relaciones sociales estaban centradas en él y tardé el periodo histórico de un año en recuperarme del todo. Durante mucho tiempo lamenté que esos graves dramas y pérdidas, me hayan sucedido tan chamaca pero ahora me siento curada de espantos amorosos. (Bueeeeno, dejadme ser).

Ése fue el año de las fiestas de 15 que tan mala fama tienen, porque las familias se gastan  la feria en el reven y la protagonista se disfraza de algodón de azúcar, piñata o  edecán de Televisa pero a mí me vinieron como brisa refrescante después de ahogarme desde los 13 con la loción barata y abundante de ese pelado. 

Por ello, no me había sido posible tener una visión genérica, más amplia y justa de “los hombres” como grupo social, ni tenía mucha idea de cómo relacionarme con éllos. Mis amiguines de la escuela activa freinetiana requetehippie (y hermosa!) donde estudié la primaria eran iguales a mi, a saber: pequeños hombres de acción, comandos creativos chiquitos, criaturas salvajes y todo terreno, de familias hippies, demasiado ocupados en nuestros juegos, para prestarle mucha atención a un tardío e ingenuo incio erótico...sí acabo de escribir “inicio erótico” jojo. Entonces, con esas experiencias tan divergentes,(Ya se que se preguntan qué pedo con mis jefes...no se!)  tan definitivas en mi vida,  tampoco estaba muy conciente de mis potenciales encantos y de los letales efectos del cuerpo femenino y su doble efecto de tótem y tabú... (¿A poco creen que nací así?)

Mi madre, que siempre ha sido distinguida fashionista, no tenía empacho en ir de compras conmigo y de vez en diario me regalaba algún vestido para tan distinguidos eventos quinceañeros. Un sábado de fiesta, fuimos a la tienda y compramos un vestidito negro de Tatoo.

That dress.

Probablemente fue el primer vestido negro que tuve, era bastante sobrio pero corto y un poco ceñido, aún lo conservo por ser rockero y sexy y porque, por algún milagro textil mediante, aún me queda bonito. En la noche, nos arreglamos en casa de mi mejor amiga, lo cual llegó a hacerse un ritual entre nosotras hasta la Universidad, juntas teníamos el doble de fetiches de belleza y tendíamos sobre su cama un derroche de objetos de colores, olores y texturas para el cuerpo, para el juego, para el diseño de una estética. Salimos y llegué con mi vestido nuevo a un fraccionamiento very nice del sur, cerca de la escuela, a la fiesta de Cintia Sosa.

Algo pasó. Cuando entré todo el mundo se me quedó mirando como a Cenicienta cuando llega al baile. Lo que me hace sospechar que probablemente la Cenicienta era una quinceañera en minifalda. De pronto, todas las miradas estaban sobre mí, sobre mi cuerpo, especialmente, las de éllos, los niños, los weyes...Y creo que experimenté la súbita comprensión empírica de algunas cosas importantes en la vida:

Sí, jalan más que dos carretas.

De pronto, estaba rodeada, todos querían bailar conmigo y llegó a mis manos una cuba de bacacho (esa parte proviene de una falsa memoria pero puedo asegurar que mi alcoholismo comenzó hasta que desapareció esa madre de las fiestas a las que iba) que me tomaba a sorbitos soperos porque nunca me ha gustado. Los chicos, o el círculo de chicos que casi no me hablaban, ni me pelaban, ni me saludaban, se decantaron en cumplidos chafas cuando me vieron entrar a la casa de Cintia. My milk shake brings all the boys to the yard.

Saludé a mis amigas, bailamos, reimos...La fiesta siguió y entonces, llegó él. (No, no era el Místico). Sino el capitán del equipo de basket, chamaco muy popular, famoso por sus inumerables conquistas y conocido por mí, debido a que mi mejor y más querida amiga, (i know!)  cacheteaba las banquetas por él y, un par de meses antes, habían tenido algunas “ondas pre” con las que se había clavado como nunca...y como siempre.

Él, estuvo hablando o bailando un rato conmigo, cuando de sus carnosos labios vino intempestivamente la mítica frase: 

-¿Me acompañas por unos cigarros al coche?-

Clásico. (Leer así: classssi-co)

Así que yo, pendeja y no fumadora, en mi flamante y recién adquirida coolness, le dije que sí:
-Ash, esteee, o seaaa claro, ¡vamos!-. Jojo, seguro hablaba así, no me molesta, he crecido. Entonces, salimos de la fiesta y cruzamos la calle del suburbio hasta llegar  al auto. Peor: 
 
-No los veo ¿No te quieres subir tantito mientras los busco?- 
 
Más pendeja todavía, dije otra vez que sí (nomás tantito). Entramos a un ¿Neon? ¿Cirrus? Un coche verde que seguro le prestaron a él o alguno de sus gorilientos amigos. Subí al asiento del copiloto y dentro del auto me pidió un beso.

Híjoles, ¿qué hacer? Le dije que no, que mi amiga, que no se qué.

Que le gustaba mucho. -¿En serio?- -Sí, desde hace mucho-. Ajá como dos horas, pienso. -No, gooeei pero mi amiga. Mejor ya vámonos-

Entonces, trato de bajar del auto y están puestos los seguros eléctricos. -No puedo abrir.- Le pido que me abra -Los seguros no funcionan, está atorado- -¿Cómo que están atorados? ¿No se puede abrir?- Se me echa encima y me da unos besos medio mal puestos. Jesús de Veracruz. Should i stay or should i...¡mi papá!...Sí, como Yuri herself. Veo a mi jefe de frente, con cara de desvelado, manejando su viejo Jetta azul que llegaba un poco antes por mí. Parece que busca dónde quedarse o la dirección de la fiesta. Cuando pasa junto y muy cerca de nosotros, me agacho tipo Matrix en el asiento delantero y no me ve. El chico tiene cara de frustración y susto. "Mágicamente" (milagros textiles y mecánicos)  se arreglan los seguros del auto y cruzamos la calle para entrar de nuevo a la fiesta.

Cuando regresamos, la escena se repite y una vez más todos se me quedan mirando...pero-mala-onda. En el baño, mi amiga y la niña de la fiesta lloran desesperadamente. Mi amiga porque piensa que le bajé el galán, Cintia porque dice le arruiné la fiesta. Algunas chicas me miran horrible, me juzgan. Los niños se sonríen burlonamente. Me siento chinche aplastada. Me voy de la fiesta sintiéndome miserable y con una indescriptible y entonces no identificada: CULPA JUDEOCRISTIANA.

Escribo cartitas de arrepentiemiento con bolígrafos color pastel durante el resto del fin de semana. No se por qué, no se qué fregados hice,  pero se que yo lo hice.

Aún hoy, no sé qué argumentaba en las cartas, que no me di mi lugar, que no pensé en ellas, que fui tonta, que fui vanidosa...no se, no puedo acordarme y tal vez no importa. Él, claro, machito católico, todo ganador. La chica de la fiesta y yo nunca fuimos amigas. Mi amiga me perdonó casi de inmediato y un año después conocimos a nuestros próximos-amores-de-la-vida en Acapulco. No se cuántas cosas han podido cambiar en mí desde ese entonces pero definitivamente no fue mi gusto por los vestiditos negros que suelo llevar segura y cómoda. Ooook, sólo cómoda. Pero ahora, cuando alguien me pregunta -¿Y si me acompañas por unos cigarros al coche?-  Yo suelo contestar: -¿Y si me acompañas por un vinito a tu recámara?-

Una buena chica marista aprende la lección aunque sea dura.  

Aguamala o Medusa.