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miércoles, 25 de enero de 2012

Esa música de corazón valiente.


Después de dejarte fui a los Viveros.
En medio de un jardín de árboles altos, comencé a escuchar las gaitas, sola.
La vegetación me impedía ver a los músicos  que se sentían tan cerca,  
que la música  parecía salir del bosque o de mí.  
La ciudad abraza a su chica.
(Y haremos el amor mientras tu creces).

Aguamala o medusa
Celtíbero lamento es consuelo citadino
Clic into the music.

martes, 27 de diciembre de 2011

Carta desde la isla


Tengo vértigo. Vértigo en el estómago, en el corazón, en la garganta. La nausea es el miedo al vacío. Me lo debo, llevo muchos años evitando esta sensación y este día. No sólo por el miedo, por el vértigo, sino porque siempre he sido muy fiel a mis creencias amorosas. 

No recuerdo cómo estar sola, desconozco ese lado del mundo que hoy  parece obscuro y frío. Nueva nave o refugio.   Nadie para tomar mi mano. Nadie frente a quién tener agallas. Soledad, estepa del norte o abismo marino. Terror al desconocimiento de las presencias y los límites, de los fantasmas que vendrán a aterrorizarnos hasta que logremos  hundirlos  en la serena muerte del perdón y del olvido. Del aprendizaje. Vértigo... nos hemos dejado y parece que naufragan todos los sueños, las certezas. Las creencias  sobre un amor largo y prodigioso, los cimientos de una sociedad potencia. Pero ya nos habíamos dejado antes, no se cuándo,  no se qué parte de la guerra nos derribó el puente. Ha sido una muerte agónica, una resitencia heróica, nos alimentamos artificialmente con los tubos y mangueras de lo cotidiano. Primero, fue posible vivir bajo la sombra del árbol de la prosperidad amorosa que tuvimos en la casa azul, la casa del idilio, la casa sin tiempo. Habitamos el manto protector del mito que nos había fundado: Nosotros. Pero la peste y el hambre y las furias de la historia  se filtraron por la ventana del pisito de l'Eixample. Tú no las viste, las dejaste pasar por tu boca y yo las dejé entrar por los oídos y  años después, cortan.por.adentro.  Tú crees que es normal hablar con palabras miserables y olvidarlo al día siguiente. Tú eres un niño. Estás tan en tí mismo que eres ciego para otros.  Yo soy una jóven y exitosa mujer rota. Igual de rotas Penélope o Medusa.  Inconforme pero cómoda a la sombra de tu árbol.  Incapaz de mi luz y obsuridad. Incapaz de mi soledad.  Inmóvil y enraizada. Pero yo no quiero convertirte en piedra. Tejo ya sin deshacer el manto. Yo no quiero ser tu madre, ni tu hijo.  Y no es mi muerte en tu conciencia, no creo que pienses mucho en lo que soy o en lo que quiero.  Este es mi luto y el abismo es ante la muerte de la esperanza sobre Nosotros. Pienso que ya nos hemos hecho pedazos.  Pienso que parecemos aves de carroña.  Y es lo más triste que ha pasado. Algo bueno de la vida se calla cuando a las ideas hermosas se les prende keroseno. Cuando los amores libres se ahogan en violencia. 

He estado aquí antes. Conozco el vértigo. Y no seremos mendigos. No recuerdo qué hice entonces y no se qué voy a hacer ahora.  Algo tuvo que salir bien porque pude estar y conocerte y amarte más y amarte mejor. Se avecina "la soledad que aguarda y tiembla". She said. (*) Me dejaré caer con los brazos abiertos a la indispensable belleza de la vida aunque implique el terror y  la tristeza. Vendrá el vértigo y me tomará por los hombros y estarán los anhelos rebotando en las paredes. Vendrán las nostaligas que serán azules como  lo era nuestra casa, y el deseo será ansiedad doliente y escindida. Vendrán los espectros, vendrán las rabias estridentes y ríos violáceos de aguamala correrán furiosos por la calle de Tokio. Vendrán y les abriré las puertas y los dejaré marcharse, espero, pronto. No abrazaré  la soledad  como se abraza a la muerte, no como se abraza al vacío, me tenderé con velas y vestidos al viento de lo que se avecina, quemo las naves de la esperanza perdida en la hoguera de la posibilidad, de la potencia de la vida. Ojalá que te mires y te rompas un poco por adentro. Easier said than done. Estuvo tu alma dentro de mi alma.  Amigo mío, amor mío, se que también bailará tu corazón Tengo vértigo. Bienvenido. 

Las letras verdes en AGUAMALA son enlaces musicales y las pastillas verdes son de muerto. (Chiste ñoño muy selecto para los amantes de la Ciencia Ficción) where no ending ends
(*) Rosario Castellanos said.

Aguamala.

lunes, 26 de septiembre de 2011

La Chica y la Ciudad.

Ella es la Ciudad. Ella es el monstruo.

Esta ciudad,
hidra multifásica
de vocación lacustre,
de impronta telúrica.

Esta ciudad,
crece y se repite,
como todos nosotros,
hijos y fantasmas:
México vuelve. Emerge.

Terribles tambores
bajo las rocas,
en las miradas
subeterráneas.
Este es el centro.
Aquí se gestan
las revoluciones arquetípicas.
Ciudad Dante, Cuidad Virgilio.
Ciudad loca. Ciudad Maga.

Beatriz perfilada,
en tu luz ámbar,
de mandala exótico.
Ciudad como diáfana sospecha
de estos dioses contundentes,
descarnados y tullidos.

Volver desde Europa y sus sepulcros,
de la Europa mito, de la Europa muerte,
soledad de mundo primero,
concurrida farsa de Barcino:
No. Sus muros no son más sabios
que los de este valle
que es pozo de brujos.

El caos de la urbe
es el caos en mi pecho.
Mi propia vuelta me aterra:
Se es con la ciudad y esta ciudad es infinita.
Somos así: Vértigo de límite escindido.

Después de los héroes perdidos,
de las horas rotas 
de la mujer rota:
necesito volver.

Tengo que ser engullida
por el monstruo de aceras tuertas,pertenecerle,
Ciudad de México.
Prueba al temple de mis venas,
de mis pasos llenos.

A imagen y semejanza,
sigo el afán poético
de nuestros padres desnaturalizados:
Cronos tibio y cotidiano, 
Coatlicue impaciente, moderna.

 


I. Metro.

Escaleras
eléctricas
paralisadas,
tennis rosas
de darklolita.

II.

Paz y Orozco
guardan nuestro carísimo secreto:
beso
nocturno
en San Ildefonso.

                              

Medium.

Me preocupa que el mesaje de equinoccio
sea siempre el mismo:

Que te acercas y que está mal.

Septiembre es un niño cruel
que pasa con la lluvia haciéndose el tonto.

Septiembre deja su bomba de verdad inclemente
en el centro del valle.

Y tú que vienes con los palacios viejos
que tratamos como héroes
porque nos hacen justicia estética.
Que vienes con el cine. El cine.
Que vienes con las aceras mojadas
que llenan nuestros pasos
de criaturas de ciudad grande y agitada.

Mi labios de manzana partida
se agrietan con el viento que pasa,
anunciándote.

Septiembre es el insólito mensajero 
de un deseo incauto:

Te acercas,
pero no llegarás.

                  

Tales from his bed II.

Pedacitos de mi boca
en cada equina
del fin de semana.

Jalapa y Obregón.

Ésta boca es tuya.

                 


Tuétano.

Amor sin tiempo,
inoportuno.
Hilo gélido entre cada sístole.

Tienes esta sesación de tren perdido.
Pulsar. Vaivén.
Tregua silente de un anehelo que insiste:

Soy el signo de flores
en la piedra de sol
que llevas en la espalda.

Soy la carne bajo el pedernal de tu carne.
Magma. Certeza.

No te quiero en la vida,
sentado a la mesa,
al volante del auto.

No te quiero en la vida cruda y simple.
En la vida infame.

Nuestra sustancia se parece al barro primigenio
y tiene el nombre de una espera mítica y estéril:

Ulises. Soplo de nostalgia marina.

El tejido que deshago por las noches es el propio.
¡Oh, Penelope indispuesta!
Carne. Fuego.
Ulises moderno.
Ulises perpetuo.

Deseo puro. Materia prima.

Último habitante en la oquedad del hueso,
tuétano.



                       Aguamala o medusa. 


Obviamente todos los nombres fueron cambiados para salvaguardar la integridad emocional de los personajes. Este texto queda tan sólo como testimonio poético de lo que no se debe hacer en un anecdotario fantástico. Gracias por leer morros. Sí, más o menos así: ¡Click aquí!

domingo, 20 de febrero de 2011

El sueño del Rey Salomón. Esos días de ocho y medio.


Después de la intensa y conflictiva relación que mantuve con Pier Paolo Pasolini durante la universidad, no creí que me enredaría tan fácilmente con otro italiano. Tenía un apetito voraz de algo asiático y muy posmo: Ese cine de luces magenta. Pero la cinefilia como adicción es caprichosa, y si alguien saca de su cajita de drogas la mezcla adecuada, sólo puedes engancharte. Y miras. Miras hasta que tienes demasiado, que es lo que pasa con el cine y con los hombres.

Tal vez esa extraña fotografía con la escena de “Y la nave va”, que por algún misterioso motivo, colgaba de la pared de la cafetería de Filosofía y Letras, a donde tantas veces fui buscando chilaquiles y teoría psicoanalítica, me estaba dando algún tipo de señal. Tal vez, el ocaso de un amor largo y poderoso, anunciaba, como premonición, que llegarían los días de un diciembre que fue más cálido que de costumbre y que instaló en mi vida una atmósfera peculiar y citadina. Cierta estética. Cierto estado al que podría llamar novelesco o quizá, onírico, o cinematográfico, pero para usar la palabra correcta, debería de decir que esas fueron para mí, semanas fellinescas. Así, que aún en mis veintes, a finales del año en el que no vi la mar, me encontré brutalmente acribillada, flanqueada, por la precisa y escandalosa obra de Federico Fellini, todo él. Todos ellos.

El acecho psicomágico, mi necesidad, mi búsqueda, se volvió una obsesión disfrazada de dulce acompañamiento vespertino. El ciclo planeado por la Cineteca Nacional y el Instituo Italiano de Cultura, transformó mi enésima crisis en un paseo cinematográfico por mis debates y arquetipos. Pero, en fin, para eso es el cine y para eso es el arte hasta cierto punto. Lo que es extraño, lo que es sórdido, es que vida y pantalla entraron en complicidad sincrónica y, acompañada de “ellos” de casi todos ellos, comenzaron esos que he llamado, mis días de ocho y medio.

Se que mordí el anzuelo porque nombraron la muestra como Tutto Fellini y yo tenía ganas de aprehender un lenguaje, de verlo todo, de ir de cabo a rabo de una manera de ver el mundo, de gastarme una mirada completa, una pasión. Fui a Fellini con el afán de hacer complicidad, que es lo mejor del amor, de hacer un puente entre él y yo; (ÉL Y YO) y entonces comprender que era posible para mí, que no había sido una oportunidad solitaria que había perdido para siempre por no saber mantener una relación. Fui a Fellini para darme cuenta de que podía seguir participando en la construcción de lo íntimo con alguien.

Todos ellos, por supuesto, son los hombres equivocados para casi todo lo práctico en la vida, y no porque lo sean para todas las mujeres, el ajedrez imperioso de las ciurcunstancias me tiene en un lugar comprometido y no, resulta que no, que por el momento toda abdicación es imposible, que las cosas no pueden ser simples y que no se puede más que jugar duro. Ninguno es para mí aunque todos sean un poco míos.

Calladamente y de vez en cuando, espero que haya marcha atrás y la cultura me perdone. Me pregunto asustada si en verdad no habrá un hombre para mí y si eventualmente dejaré las fellinadas por los cuentos de hadas, pero de un tiempo para acá, por las heridas y los bares (y las películas), no puedo conformarme con tan burdas prioridades. Sé que parece que hablo con soberbia pero no ha sido una conclusión calculada sino consecuente de mi historia. Y justo ahí, el origen de esta coincidencia con Giudo, con Fellini: Tuve miedo de no ser capaz de una historia y me puse a buscar una, especialmente, con los implacables métodos del inconsciente, que pueden ser desesperados y  que por ser contundentes, luego dan mucha risa. La vida se me había vuelto muy escasa de inspiración y de deseos, esas cosas que no hacen mucho ruido cuando se marchan pero su ausencia es honda y paraliza.

Ocho y medio: Me tiras el tarot, bajas con una chica insípida y perfecta la escalera de la sala de cine con tu sonrisa de niño para saludarme, me miras con anhelo, te presento a Hernández, me besas por la noche, me dejas tu escenario, me dejas tu escritorio, me dejas, me muestras el infierno que sí tiene luz roja, bailas conmigo, te robo el libro que olvidaste en la cantina, me hablas duramente, andamos por la calle,  te hago el desayuno, miramos un show que me conmueve, me das regalos con culpa, vamos al cine, me lees un cuento de Bolaño, tenemos sexo tántrico, cocinas para mi, me tomas de la mano, desapareces, me buscas, me miras bailar, hacemos planes, me dices cosas horribles, vamos a ver a Von Trier, sabes que eres un machista, me escribes, me dices que me extrañas, te digo lo que pienso, hacemos el amor en la ventana, me llamas borracho, me llevas al museo, te llevo al museo, une semaine de bonté, me besas en la boca, me besas toda, discutimos, vamos por unas chelas, me hablas de Rilke, dejo mis cosas en tu cuarto, me declaras tu amor frente a todos, Nina Simone, te vas con otra, vemos el paisaje de alcohol y pólvora,  no me llamas, hacemos el amor, me quieres libre, me quieres para tí, me quieres hoy, me rechazas, fumamos, me cantas, tocas el piano para mi, quieres escribir conmigo, quieres vivir con otra, tuve el sueño del Rey Salomón y preparaban todos juntos la cena navideña, te lo cuento, Patti Smith, llego a tu casa, estás enamorado de mí, estoy enamorada, estás contento, estás celoso, hacemos el amor en la cocina, cantamos en el auto, el agua es más bella despeñándose, bebemos mezcal, vamos al jazz, vamos a ver a Fellini, tutto, tutto Fellini.

                                                                         F I N.

Cómo quisiera poner aquí lo que nos pasa, lo que hacemos, sus nombres como guía psicomágica, como mapa en mi existencia, sus psicopatologías que empatan tan eficazmente con las mías, pero ya me muestro demasiado y no podría narrar toda esa intimidad por el pudor de lo inmediato y lo reciente, toda esa posibilidad, que por eso es bella y por eso, también, un poco dolorosa. La avidez de tinta cede, pues de mi Fellini y los suyos han habido curiosas consecuencias en blanco y negro, (negro y blanco) entre otras, éste y muchísimos otros-inútiles-poemas, al que por cierto, no se cómo nombrar; así que si quisieran sugerir un nombre o les gusta el que se me ha ocurrido, tengan la bondad de comentar.

Un beso largo de Medusa.


Y la nave va.

Con cierta gracia,
te meces de un lado a otro,
de mi insolente vanidad.
Parece que quisieras
reservarme para el postre.
Pero usamos los mismos trucos, Guido.

¿Me has estudiado, colega,
o sólo te reconoces en mis gestos?
En verdad piensas que...
-¿cómo fue que lo dijiste?-
“Que no intentas nada conmigo
porque tienes la certeza
de que te engancharías
como un loco.”

O sólo tiras para comprobar que aciertas.

Quizá tengas razón y
es materia inflamable
el espacio entre nosotros.
Si se cometiera la imprudencia
de tirar el fósforo,
tú y yo, volamos,
nos volamos
y nos vamos a otro mundo,
(uno lleno de delicias)
o nos hacemos pedacitos.

El veneno sigiloso
de aquello que es certero
sólo se reconoce mediante un buen olfato.

¿Quieres echarme las cartas y
sucumbir ante la fatal idea
de un destino con Medusa?
¿O que nos volvamos, tan sólo, humocaracola?

No tenemos remedio.
La vida está llena de formas
y me gusta nombrarlas contigo.

Vamos tropezando con
los personajes sórdidos
de un circo post
mientras nos sentimos
fellinescos.

Ya me sabes, nos conocemos.
Las musas, de vez en cuando,
se encarnan en anatomías masculinas
que analizo por oficio.
No necesito un jeque blanco.
Los tengo a todos y a ninguno.
La bella indiferencia
es un buen recurso cinematográfico.
Quería ser Claudia pero soy Guido.

Somos gente de historias.
Coleccionistas.
Son las luces de variedad que nos seducen.
Y tus ojos son humo de sándalo,
mientras amaneces con otra.

Esta noche, sin tí y en tí
me siento como un fantasma.
Escribo el guión,
desde tu trinchera urbana favorita.
En otro país y en otro tiempo,
lejos del mediterráneo afán
que te llevó a mi puerta
esa extraña noche de Cabiria.

Esta nostalgia neorrealista
me confronta y se me estrella
frente al primer cuadro
de la ciudad abierta
donde amamos y vivimos.

Esta noche, soy la forma femenina de un anhelo.
Y esperando una locura, la tuya,
me leí tus libros
y me bebí el café que dejaste
irremediablemente frío.

Así es la dolce vita,
me apodero de tu ausencia
mientras sigues soñando
en ocho y medio.

Aguamala o medusa.
(Prometo que mi siguiente post será de esos chistositos).

                                                                     Tutto Aguamallica

martes, 4 de enero de 2011

A LA ORILLA DEL PARAÍSO.

De pronto, me han dado unas ganas enormes de mostrarte Galicia y escuchar las gaitas y hablar por horas en una terraza sin tener prisa por llegar a la cama y desvestirnos. Tampoco tener prisa de despedirnos y correr hacia los otros, al mundo engañoso de lo cotidiano, de las llamadas y de las agendas, de los planes a futuro. Ganas, de no tener prisa y de tener en cambio, la escasa, la mínima certeza de tener a tu lado la mañana siguiente, y la siguiente, y por lo menos un par más. Se me ha metido en la cabeza, esa larga y dulce idea de que sabes algo mío que nadie más conoce, ni mi madre, ni mis confesoras más íntimas, ni mis amigos más cercanos. Como si me hubieras estado espiado en las mañanas y supieras cómo recojo mi pelo y de qué color es mi cepillo de dientes y qué me gusta desayunar los domingos. Pero tú y yo no nos conocemos así. No así. Hay ciertas cosas, pocas, que son susceptibles de ser, nada más, reconocidas. El delicado y poderoso universo de la intuición, el de las cosas percibidas, sentidas y sospechadas, que pertenecen, como diría Pellicer, a esa delgada línea que hay entre lo sencillo y lo sagrado; como los aromas y la tierra, como anima y animus. Tú, amor, me reconoces. Vienes, te aproximas y te dejas ir como si supieras que estamos en el ruedo para morir mientras hacemos algo hermoso, como si supieras de este impulso, que no es sádico, ni noble, sino que tiene la sensación de las esencias: Que me encantaría volverte loco y envolverte entre mis piernas un fin de semana de enero o de marzo y hacer vin brulé en el frío y ver películas atroces y reírnos y entender la vida. Ya te digo, volvernos locos.

Me miras, como si supieras, acaso, mi secreto: que no soy una femme fatale voraz e inquebrantable, sino que tan sólo estoy entregada a la poesía de esta vida, y tú te sientes como algo parecido a eso. Te quiero por instinto. Como un extraño déjà vu, te siento desde una memoria palpitante y básica, la memoria de los sentidos, a flor de piel, ahí estás.

Realmente no pensé que ésto pasaría,  y lo siento,  lo lamento,  pero tengo  tantas ganas de volver factual y terreno todo esto que es sublime, todo esto que es potencia, aire y fuego.  Quiero que hablemos de todo lo bello. Te supongo, te intuyo y fuegos artificiales estallan en mi centro. Me besas, me tocas, me tomas como si supieras que es nuestro deber amarnos, que nos lo debemos, cariño, por estética. Por lealtad a los más grandes amores, a aquello que no es de este mundo y que ha sido entregado a la hoguera insólita de este carísimo secreto. Secreto, hasta para nosotros mismos, a nuestras vidas que esperan siempre tener calma y equilibrio, almas ambiciosas, entendidas en su transformación y aprendizaje y por eso mismo, con intenciones de dejar de pisar el acelerador de la reparación constante. Pero esto no fluctúa en la vida, con la familia y los amigos, no es del mundo de los horarios,  de los compromisos, ni de los álbumes fotográficos. Es y fluye en la sangre, en las entrañas, es, amor y psique, un acto onírico, inconsciente, efímero, un abrevadero de poesía y psicomagia, que entonces, sí, es eterno. Parece que supieras, cariño, que nos mecemos a la orilla del abismo. Que tengo ganas de admitir, de asumir, de gritar que estamos tirando aguabendita, que nos reconocimos en la vida y que un día, tarde o temprano, verás, amor, verás, tendremos que saltar. ¿Cuánto espera un paraíso?
 
No sabía qué canción, de tantas, podría acompañar este post, así que pensé en la primera...y en la última, por cierto, deliciosa versión.

La última y nos vamos.

Esto ya es Aguapasada.





martes, 12 de octubre de 2010

(horror vacui)

Colgué esta suave alma
del puente triste
por el que pasa la tarde.

Sin dejar de mirar, corté las venas
y drenaron ríos rosados de aguamala,
(esa dulce marisma de vacío).

Metí la cabeza al horno
y jalé el gatillo
del arma que besa las sienes cansadas.

Tarde o temprano,
tendría el valor
de enfrentarme a esta política
de hechos consumados.

No fuiste gentil
ni fuiste suave,
estás en una “fase destructiva” ¿cierto?

No puedes conmigo, sincérate.
Mi amor era una luz.
Mi amor era una luz.
Y mi amor ha muerto.

Por fin abrí la ventana
del chat roulette
para saltar.

Aguamala


miércoles, 22 de septiembre de 2010

SIN NOVEDAD.

Cuando me dejaste, Rodrigo, la luna siguió sonriéndome en el cielo
(burla o consuelo).

El sol, ese que pega de lado sobre la casa de mis padres, siguió dejando en las mañanas, la magnífica luz ámbar, que sólo existe en ese minúsculo remanso de universo.

La lluvia, siguió llegando furiosa, devastando la costa, año tras año.
(Mi escritura, sigue estrellándose contra los riscos).

El viento, en su misterioso mensaje, siguió partiéndome los labios en octubre. Abril, sigue siendo abril y me ofrece su ayuda de mes aliado y colorido.

La primavera, contra todo pronóstico, ha venido a casa, volviendo locas a las jacarandas, que estallan de lila al sur de la ciudad de nuestros ritos.

 
¿Qué puedo decirte, entonces? He comprendido que tu ausencia es totalmente intrascendente para el servicio meteorológico.

Clic it: Yo prefiero tonos sol de invierno...Javiera Mena.