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jueves, 22 de marzo de 2012

Another Tokio Blues Band. Música para volver a la Anarquía.



Soy una escritora débil,
poco temeraria.
Yo nunca sabría cuál es
el último poema que te escribo.       


                              (Sin número, sin título)



2.
Another Tokio Blues Band Present:
Ser sola. Música para volver a la Anarquía.

Yo soy sola.
No voy a heredar nada.
Nadie me ha resuelto el suministro del gas,
o la decoración del departamento.

No tengo padres que pugnen
por tenerte como mi pareja.
Tampoco me compraron un auto.
No tengo ganas, aún, 
de compararme con mi hermano
o de beber tu veneno por justicia.

Soy sola y no, cariño, no.
Nadie lo merece todo,
ni siquiera tú.

(Told ya)
(Told ya)
(Told ya)

Mi padre no podría venderme.
Soy sola y
cuando me dispuse a seguir
ese plan que nos fijamos
(solos)
fue demasiado-invierno-para-tí.

¿Anarquía?

Se que en el fondo te aterra
que no tenga más dote
que los ángulos del rostro.

Tal vez hasta te enfade
la  filiación
heredada por las letras.
La amenazante posibilidad
de la pobreza
(que no te crees capaz
de derruir).

¿Anarquía?

Dejaste de leer,

dejaste de escuchar
y yo abrí todas las puertas.

Las equivocadas también.

La Revolución tenía que ver
con el amor ¿recuerdas?
También tenía que ver con el amor.

Te volviste esclavo de la rabia
y esa no es una causa justa, cariño.
Ella te tirará el pelo y los dientes.
Te quitará la vida,
la vaga posibilidad de hacer poesía.

And I told you.

Tal vez un día
notes que
nadie lo merece todo, amor,
ni siquiera tú.

¿Anarquía?


Anda respira,
no tienes obligaciones históricas.
No es tan malo querer suegros adinerados.
Te entiendo, puedo verla, 
yo fui como ellas:
Tiene más dinero y
su cabello es más dócil.

And I told you.
Told you.
Told you, and you know something?

My name means Grace.

And I told to myself
long time ago
but is so fucking sad.

Soy sola,
sólo tengo estas ruinas,
la imperfección audaz
y la vida,

que sigue llena de música.

Yo soy sola.
Pero también soy una mujer acaudalada,
ya sabes que siempre lluevo, honey.
And I've just told you,
told ya,
told ya.

¿Anarquía?

Ella no es para todos.

Se que no me pediste mi opinión
pero no es para tí.

Tú no sabes nada sobre mí.
Que los fuegos de tu vida son mis fuegos.
Que la belleza me atraviesa.
Que he movido todo el mar para dejarte.
Eight fucking years, dear.

No honey, I'm not your your shield.
I'm not a battlehorse.
My body is a battleground,
my name means grace
and i've just told you, honey.
 
No imaginé jamás que tu fuga
fuera hacia el pasado
¿Es esta mi profecía autocumplida?
Oh lo es.
And I told to myself
but is so fucking sad
 
Anda respira,
siempre lo supimos.
Sigue los decretos de tu sexo;
quieres una mujer más obediente
y más simple.

I have just told you.

          I've used to friend with trees... y la vida sigue llena de música. Súper lyrics de Niki and the Dove.

 

Problemas de origen. 

m. Principio, motivo o causa moral de algo.


Noche de ciudad y de tierra mojada
y engañosa.
Tu amor fue todo equinoccio.

Pensábamos que todo era posible,
pero el tiempo estafa a los sentidos
con la forma de los días:

Son las propiedades psicológicas del rayo,
lo que sucede al agua con el fuego.
La luz en la obscuridad,
es la consecuencia lógica
de un solsticio poderoso, mira:

Con las manos arriba
y semblante esperanzado,
dejamos ir a los amores
que desearon la muerte
en el invierno,
(como algunos árboles
y algunos pájaros).

Amor nacido del equinoccio,
frente a una orilla de la tierra.
Entre los ires y venires
de la economía,
tratando de perseguir 
o de esquivar
una vida profesional equilibrada,
o la silueta de una mañana perfecta.

Era eso: La Vuelta del Sol.
Aguabuena y Perséfone.
Son esas flores
reventadas en el piso,
baño de jacarandas.
Anuncio de nuestra larga
temporada de fiesta.

Fiesta.

Mi amor nació con esas luces
que se proyectan
sobre la piel
de los amantes,
Venus Basquiat,
tarde naranja y perla.

Agua que corre
por esta Ciudad
de magia blanca y negra.

Amor diluvio, era eso.
Un extraño paisaje.
Cosa de los brujos,
que comprenden a los astros.
Materia del clima y
del misterio de los círculos.

Era eso, sólo eso,
una metáfora sencilla:

Un año bisiesto,
agua cayendo sobre la tierra,
luz originaria.
Esta ciudad
haciendo primaveras,
eras la posibilidad o
mera confusión.


Aguamala o medusa.




Esta es como la Maldita Primavera, mais très modérée. Clic.









martes, 19 de julio de 2011

Historia de una fuente catalana.


Primera historia por encargo para Alí Lara 

...una de las dos Españas,
ha de helarte el corazón.

Antonio Machado.


La primera vez, llegué con un chileno medio mapuche, ex okupa de dudosas intenciones, de dudosa procedencia y de dudoso destino. Era una noche de octubre, cuando el frío comienza y los ánimos aún no están pisoteados por los largos meses de cielos grises y viento helado, antes de la familia postiza latinoamericana que Olmo y yo tuvimos a bien encontrar. Antes de que decidiéramos entristecer definitivamente y de que esa tristeza, vil y catalana, nos hiciera reventar al otro lado del océano, donde hay que tener temple y es difícil encontrar ayuda para llevar las maletas por el metro y recoger los escombros. Era una de esas noches, como las más lindas en Barcelona, en esa época del año, cuando todavía no llegan las invasiones bárbaras de guiris buscando alcohol y fiesta, mientras sinuosos ríos de cabecitas rubias, con sus fantasías sobre sexo y vacaciones, inundan de saludable capital extranjero, las calles y pasajes de la ciudad gótica. Barrio amigo y refugio de mis amigas, testigo medieval de esa crisis de chica moderna, de mi yo pobre, de mi yo migrante, de mi yo estudiante, de mi yo mujer. Cuando los días de playa se empiezan a contar, cuando las lunas de octubre nos protegen de la muerte y no hay entre las plazas y carrers, más que unas cuantas almas góticas, las que nos sentimos bien entre las gárgolas. Esos, los que tenemos la ciudad, lo tenemos todo.

Para mí, todo lo bueno de Barcelona hubiera podido estar ahí, como en un extraño sincretismo de mi historia en la ciudad: al sur de la catedral, frente a la puerta de Santa Eulalia y detrás de la esquina en donde el rey-escultura parece hacerle un favor sexual al obispo, (exactamente a espaldas de la casa del obispo). Allí, en el centro de todo y oculta tras de todo, está Sant Felip Neri, extraño rincón del universo.

Sant Felip Neri es un callejón grafiteado y un ex camposanto, es una fachada con restos de guerra, un muro raído con hoyos como historias, es una plaza, es una iglesia, es una fuente con una calavera, es el siglo XII, es un escenario, es tres vagabundos: el vagabundo de la guacamaya y la bicicleta, el Jordi, y el que me regaló esa hermosa pulsera de marca tan petulantemente robada. Saint Felip Neri es la belleza de la decadencia, una reliquia del anarquismo, espejismo de esa Barcelona que duele en un lugar que no se puede tocar, la ciudad que no pudo ser y la que no quiere ser, la ciudad que fui. 



Sant Felip Neri, de pie frente a su templo neobarroco del S. XVIII, permanece erguido como el testigo pétreo de lo que los hombres se hacen en la guerra. A la fachada, quizá fusilamiento, quizá bomba,  seguramente bombas le llueven ausencias.  La puerta contigua al templo fue un orfanato en tiempos de la guerra, esa guerra en la que todos morimos un poco, la última de la ciudad y, aventuradamente, muy aventuradamente, la última guerra de las ideas. Es un jardín de niños, jardín de niños que suena a que los niños florecieran. 

Y entonces sucede, que en Saint Felip Neri, cobijo de mujeres rotas y de vagabundos-hombres rotos y de niños que faltan, los árboles florecen y dan sombra a un jardín de infancia. Los niños de Barcelona, los de origen magrebí y los catalanes, corren, y sus madres con burka y sus madres con perforaciones, los esperan y una se pregunta por la vida y esas cosas. Sobre de qué maneras ser fértil. 

En Sant Felip Neri, también y sobre todo, como figura central pero discreta, había una fuente, a caso medieval, con una pequeña calavera de granito en la punta. Un cráneo del que la fuente brotaba, y por cuyas cuencas todo sucedía. Todos nosotros sucedimos. Tu amor y el mío. 

El mío se hizo estallar. El se tragó todo el miedo que traían mis maleficios. El siglo XX y su estela de metralla. Las pilas de la fuente que en marzo se llenaban de flores amarillas flotando sobre las aguas de su mudo conocimiento de los hombres y del mundo. Ahí se veía con ella. Ahí me sentaba a sostener la incertidumbre de mis veintitantos. 

Donde vendíamos boletos para el concierto de guitarra clásica, donde mis amigas y yo cantamos porque hay muy buena acústica. Donde conocí la historia de Jordi, donde me morí de frío y tomábamos cerveza. Ahí se veía con ella. La tomaba de la mano y le daba dos besos, se sentaban en la fuente de la calavera para hacer planes de amantes, mientras tramaban la salida por la ciudad gótica y se volvían otros dos tontos, en esta ciudad de sobrevivientes, de zombies, que piensan que refugiándose en el amor se salvarán de la peste de la soledad. Luego terminaron, y el encargado del Ayuntamiento pensó que con la calavera en la  punta de la fuente, no era posible sostener un huevo sobre el chorro, y por ello, la fuente de Sant Felip Neri, no podía participar en las fiesta de L'ou com balla, el huevo que baila, en Corpus Christi, y entonces mandó a removerla, a quitarla de la cima de lo que ahora sí parece ser una auténtica fuente catalana. El fin del testigo es el fin de la historia. 

Se que cuando él pasa por ahí siente toda esa ausencia. 




Besos infames, 
Aguamala o medusa.




Usted puede hallar la historia de Saint Felip Neri en internet, aunque antes, su buscador lo llevará a encontrarse con el anuncio del hotel de lujo que se ha instalado por ahí. Carcelona, como le dice mi amiga Nagore, es un Disneylandia para hipsters y un laberinto para ciegos.


miércoles, 4 de mayo de 2011

Una buena chica marista.

1/3 The little blak dress tragedy.

No se si tenía 14 o ya había cumplido los 15, pero en ese entonces asistíamos a grandes y semisobrios reventones al poperísimo ritmo de: OV7, Kabah, “La vida loca” que solía llevar Ricky Martin antes de que tuviera una vida cabal y pidiera para llevar gemelos de probeta, o bien, y ya que los tíos y los jefes de los chavitos se ponían bien pericles, Los ángeles azules hacían la delicia de todos en el preligue, el presexo y la prepeda de los preadolescentes de la clase media del sur de la ciudad. Todo medio (cre).

Cada fin de semana, teníamos tremendas fiestas en honor a las quince primaveras de las chicas de los seis salones de secundaria del Colegio México. Y yo, que he sido buena para la fiesta desde que era una aguabuena e inocente, confieso que la pasaba bomba levantando las manos, llegando bien arriba y moviendo la cintura con movimientos sexys ¡síííí! Como no sabía quién era y comenzaba a sospecharlo, no quién era sino que no sabía, no puedo asegurar que me sintiera feliz, pero durante ese año, que se parece mucho a éste, empezó a crecer mi círculo social reducido y en crisis y me invitaron a muchas, muchas fiestas.

En ese entonces, mi experiencia relacionándome con el sexo opuesto había sido brutal. Una auténtica hecatombe adolescente, drama infrarrealista de segundo de secundaria, ocasionado por el telúrico rompimiento con un primer amor de patanería fundacional y legendaria: a coapish. Un chamaco inverbe, wannabe y feo que no se merece muchas líneas pues tratar el amor con desprecio es básicamente lo más ruín del universo conocido. Fue cruel conmigo y la vida que es terrible y bondadosa, me dio la oportunidad de mandarlo al carajo y despreciarlo de vuelta, de formas espectáculares y novelezcas cuando ya estaba en la Universidad y me gustaban ese otro tipo de patanes que saben escribir y citan oportunamente anarquistas muertos. Ahora es mi amigo en Facebook, y de vez en cuando,  me gusta ver lo feo que se puso y lo predecible y de hueva que es su patética existencia.(Mala la aguamala) Todas mis relaciones sociales estaban centradas en él y tardé el periodo histórico de un año en recuperarme del todo. Durante mucho tiempo lamenté que esos graves dramas y pérdidas, me hayan sucedido tan chamaca pero ahora me siento curada de espantos amorosos. (Bueeeeno, dejadme ser).

Ése fue el año de las fiestas de 15 que tan mala fama tienen, porque las familias se gastan  la feria en el reven y la protagonista se disfraza de algodón de azúcar, piñata o  edecán de Televisa pero a mí me vinieron como brisa refrescante después de ahogarme desde los 13 con la loción barata y abundante de ese pelado. 

Por ello, no me había sido posible tener una visión genérica, más amplia y justa de “los hombres” como grupo social, ni tenía mucha idea de cómo relacionarme con éllos. Mis amiguines de la escuela activa freinetiana requetehippie (y hermosa!) donde estudié la primaria eran iguales a mi, a saber: pequeños hombres de acción, comandos creativos chiquitos, criaturas salvajes y todo terreno, de familias hippies, demasiado ocupados en nuestros juegos, para prestarle mucha atención a un tardío e ingenuo incio erótico...sí acabo de escribir “inicio erótico” jojo. Entonces, con esas experiencias tan divergentes,(Ya se que se preguntan qué pedo con mis jefes...no se!)  tan definitivas en mi vida,  tampoco estaba muy conciente de mis potenciales encantos y de los letales efectos del cuerpo femenino y su doble efecto de tótem y tabú... (¿A poco creen que nací así?)

Mi madre, que siempre ha sido distinguida fashionista, no tenía empacho en ir de compras conmigo y de vez en diario me regalaba algún vestido para tan distinguidos eventos quinceañeros. Un sábado de fiesta, fuimos a la tienda y compramos un vestidito negro de Tatoo.

That dress.

Probablemente fue el primer vestido negro que tuve, era bastante sobrio pero corto y un poco ceñido, aún lo conservo por ser rockero y sexy y porque, por algún milagro textil mediante, aún me queda bonito. En la noche, nos arreglamos en casa de mi mejor amiga, lo cual llegó a hacerse un ritual entre nosotras hasta la Universidad, juntas teníamos el doble de fetiches de belleza y tendíamos sobre su cama un derroche de objetos de colores, olores y texturas para el cuerpo, para el juego, para el diseño de una estética. Salimos y llegué con mi vestido nuevo a un fraccionamiento very nice del sur, cerca de la escuela, a la fiesta de Cintia Sosa.

Algo pasó. Cuando entré todo el mundo se me quedó mirando como a Cenicienta cuando llega al baile. Lo que me hace sospechar que probablemente la Cenicienta era una quinceañera en minifalda. De pronto, todas las miradas estaban sobre mí, sobre mi cuerpo, especialmente, las de éllos, los niños, los weyes...Y creo que experimenté la súbita comprensión empírica de algunas cosas importantes en la vida:

Sí, jalan más que dos carretas.

De pronto, estaba rodeada, todos querían bailar conmigo y llegó a mis manos una cuba de bacacho (esa parte proviene de una falsa memoria pero puedo asegurar que mi alcoholismo comenzó hasta que desapareció esa madre de las fiestas a las que iba) que me tomaba a sorbitos soperos porque nunca me ha gustado. Los chicos, o el círculo de chicos que casi no me hablaban, ni me pelaban, ni me saludaban, se decantaron en cumplidos chafas cuando me vieron entrar a la casa de Cintia. My milk shake brings all the boys to the yard.

Saludé a mis amigas, bailamos, reimos...La fiesta siguió y entonces, llegó él. (No, no era el Místico). Sino el capitán del equipo de basket, chamaco muy popular, famoso por sus inumerables conquistas y conocido por mí, debido a que mi mejor y más querida amiga, (i know!)  cacheteaba las banquetas por él y, un par de meses antes, habían tenido algunas “ondas pre” con las que se había clavado como nunca...y como siempre.

Él, estuvo hablando o bailando un rato conmigo, cuando de sus carnosos labios vino intempestivamente la mítica frase: 

-¿Me acompañas por unos cigarros al coche?-

Clásico. (Leer así: classssi-co)

Así que yo, pendeja y no fumadora, en mi flamante y recién adquirida coolness, le dije que sí:
-Ash, esteee, o seaaa claro, ¡vamos!-. Jojo, seguro hablaba así, no me molesta, he crecido. Entonces, salimos de la fiesta y cruzamos la calle del suburbio hasta llegar  al auto. Peor: 
 
-No los veo ¿No te quieres subir tantito mientras los busco?- 
 
Más pendeja todavía, dije otra vez que sí (nomás tantito). Entramos a un ¿Neon? ¿Cirrus? Un coche verde que seguro le prestaron a él o alguno de sus gorilientos amigos. Subí al asiento del copiloto y dentro del auto me pidió un beso.

Híjoles, ¿qué hacer? Le dije que no, que mi amiga, que no se qué.

Que le gustaba mucho. -¿En serio?- -Sí, desde hace mucho-. Ajá como dos horas, pienso. -No, gooeei pero mi amiga. Mejor ya vámonos-

Entonces, trato de bajar del auto y están puestos los seguros eléctricos. -No puedo abrir.- Le pido que me abra -Los seguros no funcionan, está atorado- -¿Cómo que están atorados? ¿No se puede abrir?- Se me echa encima y me da unos besos medio mal puestos. Jesús de Veracruz. Should i stay or should i...¡mi papá!...Sí, como Yuri herself. Veo a mi jefe de frente, con cara de desvelado, manejando su viejo Jetta azul que llegaba un poco antes por mí. Parece que busca dónde quedarse o la dirección de la fiesta. Cuando pasa junto y muy cerca de nosotros, me agacho tipo Matrix en el asiento delantero y no me ve. El chico tiene cara de frustración y susto. "Mágicamente" (milagros textiles y mecánicos)  se arreglan los seguros del auto y cruzamos la calle para entrar de nuevo a la fiesta.

Cuando regresamos, la escena se repite y una vez más todos se me quedan mirando...pero-mala-onda. En el baño, mi amiga y la niña de la fiesta lloran desesperadamente. Mi amiga porque piensa que le bajé el galán, Cintia porque dice le arruiné la fiesta. Algunas chicas me miran horrible, me juzgan. Los niños se sonríen burlonamente. Me siento chinche aplastada. Me voy de la fiesta sintiéndome miserable y con una indescriptible y entonces no identificada: CULPA JUDEOCRISTIANA.

Escribo cartitas de arrepentiemiento con bolígrafos color pastel durante el resto del fin de semana. No se por qué, no se qué fregados hice,  pero se que yo lo hice.

Aún hoy, no sé qué argumentaba en las cartas, que no me di mi lugar, que no pensé en ellas, que fui tonta, que fui vanidosa...no se, no puedo acordarme y tal vez no importa. Él, claro, machito católico, todo ganador. La chica de la fiesta y yo nunca fuimos amigas. Mi amiga me perdonó casi de inmediato y un año después conocimos a nuestros próximos-amores-de-la-vida en Acapulco. No se cuántas cosas han podido cambiar en mí desde ese entonces pero definitivamente no fue mi gusto por los vestiditos negros que suelo llevar segura y cómoda. Ooook, sólo cómoda. Pero ahora, cuando alguien me pregunta -¿Y si me acompañas por unos cigarros al coche?-  Yo suelo contestar: -¿Y si me acompañas por un vinito a tu recámara?-

Una buena chica marista aprende la lección aunque sea dura.  

Aguamala o Medusa. 

martes, 12 de octubre de 2010

(horror vacui)

Colgué esta suave alma
del puente triste
por el que pasa la tarde.

Sin dejar de mirar, corté las venas
y drenaron ríos rosados de aguamala,
(esa dulce marisma de vacío).

Metí la cabeza al horno
y jalé el gatillo
del arma que besa las sienes cansadas.

Tarde o temprano,
tendría el valor
de enfrentarme a esta política
de hechos consumados.

No fuiste gentil
ni fuiste suave,
estás en una “fase destructiva” ¿cierto?

No puedes conmigo, sincérate.
Mi amor era una luz.
Mi amor era una luz.
Y mi amor ha muerto.

Por fin abrí la ventana
del chat roulette
para saltar.

Aguamala


Místico

Hace un par de años, a finales de 2007 para ser precisa, había terminado mis créditos en Psicología y esperaba el primer depósito de una beca de intercambio para hacer la tesis de licenciatura (osh, sí, somos licenciados en Psicología, “lic” como me dicen los de recursos humanos en la chamba, tan digno que sería ser psicólogos a secas). Tenía que ahorrar para irme y poner una casa, además de seguir cumpliendo con mis asuntos de fiestera profesional y universitaria multitask. Así que pese a que pueda ser juzgada severamente por lxs verdaderxs militantes del feminismo, uniéndome a las que Jodorowsky llama traidoras; mi búsqueda del trabajo perfecto para la-que-era-yo-entonces, terminó brevemente cuando vi un anuncio en el periódico en el que “exclusiva boutique de ropa y accesorios para caballero” necesitaba tres modelos para trabajar en la promoción y sorteo de un “automóvil de lujo” durante la temporada navideña. 

Con todo y mis inseguridades superadas por el argumento “no pierdes nada” me puse el disfraz de pecadora (no es cierto, la verdad así soy todos los días) y me lancé a la entrevista. Había una parvada de señoritas que no eran psicólogas sociales, ni tenían su programa de radio universitario, ni tenían todos los complejos que yo cargo en la retaguardia. En cambio, el contenido de la conversación precasting giraba en torno a “temas de modelo”, a saber: la amplia experiencia profesional que tenían en eventos automovilísticos (área de especialización modelística), en Televisa (uuuuh Mufasa), sus agentes, sus agencias, sus sesiones, sus books y sus historias sobre cómo eventualmente alguien las había querido chamaquear para llevárselas a trabajar en una tabla de Tailandia (tema que of course, saqué yo y que of course, estoy exagerando durísismo jojojo...y qué! es mi blog) bueno, a trabajar diagrapa con algún pasado de listo pseudoejecutivo de...(tonada de miedo o canción de Molotov)...Televisa...(Mufasa!), en fin, de las model skills de las cuales, yo carecía.

El caso es que fuimos pasando por distintas fases de entrevistas en donde las menos aptas no sobrevivían y sólo te dabas cuenta porque el grupo se hacía más chiquito en cada etapa ¡Nomamesbigbrother! Aunque nunca nos pusieron el dummy-carro-de-cartón para caminar felinamente al  alrededor, que me había estado imaginando durante mis entrenamientos modelísticos, el comité de ejecutivos seleccionadores de modelos (la chambísima) jamás me preguntó cuál era mi estatura y nos dejaron ir sin más aunque en la sala aún quedaban cuatro viejotototas (o sea grandes, muy grandes, altas muy altas) y yo.

Pensé que los jueces no habían podido percibir mi ki (chi) y que había sido eliminada del model contest porque no me contactaron cuando dijeron que lo harían, pero una tarde mientras concertaba entrevistas con unos grafiteros en una okupa para la tesis, me llamaron de la agencia para decirme que me había quedado con el trabajo, configurando así, un momento más de...“sólo a mi me pasan estas mamadas". Sí, todo esto ha sido para justificar ante mi blog que trabajé como modelo (y además no ha sido la única vez) pero también debo admitir, con enorme pena y dolor de charra mexicana, que proporcionalmente es el trabajo con mejor remuneración que he tenido en mi vida aunque ahora esté titulada y tenga una maestría...¡aaaaaaaaaaaah! (ok, ya no!! perooo) Advierto en mi el súperpoder de irme al drama postfordista en un segundo.

Eso sí, el trabajo era una verdadera prueba. Una lucha. Una auténtica pesadilla navideña. Algo realmente insospechado del mundillo del modelaje low profile es que es un ejercicio muy cabrón de resistencia mental y equilibrio espiritual nivel 6.0, (les dije, vieron mi ki [chi]). Las otras dos modelos seguro se habían entrenado con lamas en las montañas de Asia paradas en sus taconcitos durante meses. Yo no sé si alguien pueda imaginar estar 5 horas de pie dándole vueltas a un coche para luego ir a comer toda sola (no me hablaban las chicas que trabajaban en la tienda) y luego volver a lo mismo, repitiendo las misma frase estúpida durante 8 horas, sin hacer nada, sin realmente  hablar con nadie, permaneciendo entera, sonriendo, pareciendo fresca y bonita...¿en-ta-co-nes? aguantando la mirada iracunda de las vendedoras que trabajaban tan arduamente como yo para ganar mucho menos, las insinuaciones de los señores bigotones, la insoportable levedad del ser de las Lomas, el dolor creciente, agudo e insoportable que va apareciendo conforme cae la noche en todas y cada una de las coyunturas del cuello y la espalda, porque una cosa son los tacones y otra ¡cargar los flyers todo el día! Ya se, parece que me quejo por nada pero la posición continuada del brazo me provocaba no poder moverlo de dolor cuando llegaba a casa, el uniforme como de secresexy que me ponía todos los días, los empleados bancarios, etc, etc. Pero, sin lugar a dudas, lo peor de todo en este empleo y por mucho, era el infatigable y más poderoso dispositivo de coerción laboral para la banda que chambea en centos comerciales que se ha diseñado jamás: las horas eternas e inagotables de la misma cinta de villancicos corales infantiles repetidas sin tregua hora con hora y día tras día como en peli de Park Chan-Wook en plan tortura retorcida ¡aaaaaaah!...no, no,no, glamour, tan bonita palabra que viene de las hadas, glamour mis polainas, el único glamour que había era el robusto cheque semanal.

Contínuamente cambiaban el stand por las diferentes boutiques de la ciudad, así que las largas horas de dar vueltas al rededor de la BMW me fueron más que suficientes para hacer un Estudio del centro comercial como espacio psicosocial del chilango, (ámonos...eso fue broma, pero en general la Psicología Colectiva no es seria) con sus abismales diferencias entre uno y otro.

Casi siempre me tocaba en Bosques de Duraznos en donde recibí una alarmante cantidad de ofertas laborales sospechosas de acabar trabajando en un prostíbulo tailandés (¡chinga, otra vez!) pero una de las últimas semanas, me tocó estar todos los días en Galerías Insurgentes, donde no he vuelto en años y en donde conocí a la única gente amigable de esa mística temporada navideña: Jocelyn, que era una vendedora cotorrísisma de productos onda tvofertas y que tenía a la mano muchos aparatos masajeadores a los que recurríamos con frecuencia y un señor-chavo (lo que ahora se conoce como un chavo-ruco) que era su socio y de cuyo nombre no puedo acordarme, que vendía maquillaje árabe en un carrito. Era uno de esos heterosexuales cualquiera que se había vuelto terrible metrosexual por “overexpousure to fashion” (válgame Carry) y que padecía la adorable manía de maquillarme súper padre todos los días.

Además de ellos, estaba un señor que vendía Sky a quien de entrada me advirtieron no hablarle. Claro, ¡claro! que ahí voy yo de beneficiaria de la duda para que acabara diciéndome que las otras modelos estaban súper guapas y altas y que tenían mejores model skills según su pinche criterio de acomplejadaso (las otras dos chicas eran argentinas, wuawua) y a-de-más, claro, cuando supo que era psicóloga, me empezó a contar la triste (patética) historia de su vida... en cuanto se percató de que no le estaba prestando el 100% de mi atención (psss cómo), me empezó a reclamar en un tono nefasto y groserísimo y yo, si yo, la culposa intrapunitiva de mi, acabé levantando la voz y diciéndole cosas que el comité de ancianos sabios que trabajan en la censura y edición de este blog no aceptaron. Qué perdedor. Merecido.

Uno de esos días, después de cubrir un evento en un antro cercano, platicaba yo con mi nueva amiguis, cuando vimos a una escultural mujer entrar a una tienda de accesorios ubicada justo enfrente de nuestros stands. En seguida, empezó a notarse cierto alboroto infantil por el pasillo de la planta baja del mall, a percibirse esa sensación de acontecimiento, cuando, de pronto, lo vimos. Aparecía frente a nosotras enfundado en un impecable traje gris oxford y máscara blanca de nylon con aplicaciones doraditas. Y claro, era él. Nada más, ni nada menos, que el Místico. El luchador, la celebridad, el héroe de los niños.

Pasó junto a nosotras y entró a la tienda en donde estaba la llamativa chica. Equis, ahí la dejó, salió de la tienda con una bolsita de regalo y mi animada amiga lo llamó así:

 -oye, sht, sht, ¡veen!- Jojo, sí  pero el Místico (¡zaz!) fue.

Se paró frente a mi mientras me miraba profunda y fijamente, sin sus habituales y blanquecinos pupilentes, dejando notar tras su máscara una dulce mirada color miel.  Joce le hacía preguntas metafísicas -oye, y...¿si eres tú?, ¿si eres el de verdat?-  hablamos los tres un rato y sí, si era el de verdat, había ido al evento de Velvet (cierto, ahí estaba) y se había pasado al centro comercial para comprarle un regalo a su mamá porque estaba triste (si, es taaan bueno).

Joce le preguntó sobre la chica de la tienda y él respondió, mirándome -¿Tú crees que me interesaría una mujer así?- (¿O sea, yo cómo iba a saber cómo le gustan las viejas al Místico? )

Pero tsss...me estaba tirando el chon, el chon dorado del Místico. 

Dijo también,  notablemente entusiasmado, que quería una chica linda y normal, que no fuera del medio, y como yo tenía tanto maquillaje árabe encima seguramente no se notó mi sonrojamiento repentino (ni que yo no soy normal). Me pidió mi teléfono. La total. El chonazo en la cara. ¡La mística! 

Seguimos platicando un rato y finalmente me dijo que estaba interesado en trabajar con una nueva edecán porque las chicas que le ponían eran muy altas, (jojo) y en un arranque de surrealismo eufórico, (¿qué, a poco soy la única que los ha padecido?) tomé uno de mis odiosos flyers y le di mis teléfonos.

Quiero decir que a mí los luchadores me  dan curiosidad y respeto lo que hacen pero no soy tan fan de las luchas. Si me dicen cineastas italianos o cineastas o italianos yo usualmente digo ¡va!  pero las luchas no es el caso. Por boba e insensible que parezca yo estaba echando desmadre en ese momento. He ido a las luchas y me divierten pero no esperaba encontrarme un galán en ese giro. Se me hacen un espacio social increíble,  de encuentro con los arquetipos, de catarsis colectiva, de construcción de significados urbanos y nacionales,  pero tan kitsch, tan chistoso y tan surrealista, que conocer a uno de ellos mientras estoy enfundada en mi traje de secrerrica pues ya rayaba en el neorrealismo-mágico-urbano ¡los dos estábamos disfrazados! como un Fellini. Y peor aún, porque él, especialmente en ese entonces era súper famoso, salía en una telenovela, tenía comerciales en cadena nacional  y anuncios por todas partes. Todos los artículos escolares y jueguetes tenían su foto porque como era el “héroe de los niños” y esos son un target fabuloso...en fin, era el hit. Yo misma lo vi luchar un par de veces, las únicas dos veces que he ido, y era la estrella. Me reí muchísmo del asunto. Esa noche, después del trabajo fuimos a ver a los Pumas y le conté todo a mi entonces novio y a mis amigos. Nos moríamos de risa porque como dice Matías "siempre me pasan esas mamadas a mí"...Francamente no pensé que llamaría. Pero al día siguiente, sí que me llamó. Me llamó miles de veces.
Cuando me habló al celular, me dijo que tenía un evento en Ixtapan de la Sal y me pidió asistir con él. Me dijo que pasaba por mi y que eran 5 mil pesos por cuatro horas de trabajo. Yo le dije que "Jamás saldría en bikini a mostrar el cartel" y me dijo que no, que era un evento diferente, que usaría un vestido negro y que nada más entraría con él de la mano, me dijo que me pagaba hotel y comidas a mi y a un acompañante, que invitara a mi mamá, a mi papá o a alguna amiga si no le creía. Pero también, y sin que yo lo supiera, llamó a mi casa y contestó mi hermano, dijo (jajaja) -Hola, habla el luchador ¿se encuentra Jessica?- (nombre ficticio de Aguamala),  mi hermano obviamente se cagó de risa (todavía lo hace) o sea "hola, habla EL LUCHADOR" jajaja,  cuando le dijo que no estaba pidió comunicarse con mi mamá ¡con mi madre! y habló con ella para pedirle permiso para que fuera con él a Ixtapan e invitarla también a ella ¡le pidió permiso! (les digo que es un pan). Acto seguido, mi mamá me llamó y me dijo que qué fregados me pasaba, (-aunque era un muchacho taaan amable-)  a mi exnovio se le quitó la risita, se puso furibundo y dijo que iba a entrar al gimnasio para ponerse mamado jojojo, llamé a un par de amigas y ninguna quizo ir conmigo y yo sentía que había llegado un momento más de... “sólo a mi me pasan estas mamadas”...no fui.

La semana siguiente, llamó, llamó y volvió a llamar, por fin le dije que yo no era modelo, ni edecán, que era pasante de Psicología, que estaba esperando a que me depositaran una beca para irme de intercambio y que no podía trabajar con él aunque nuestras estaturas fueran tan hermosamente compatibles...¡Chaz! Me dijo que no le importaba no trabajar conmigo, que tenía muchas ganas de conocerme y salir conmigo, que le había gustado mucho y que no dejaba de pensar en mi...Y yo  le dije que va...(psss, cómo no, ataque de surrealismo eufórico operante).

Por fin, acordamos salir, me dijo que iría con una playera roja y me dio su nombre de civil (si quieren que lo revele invítenme unas chelas) me llamó en la tarde para ver si no me había arrepentido y acordamos vernos en la noche en un pinche VIPS. Salí tardísismo del trabajo y como nadie del mundo real lo sabía y por aquello de Tailandia, le pedí a la pandilla de Galerías Insurgentes que me acompañara de undercover. El auto se descompuso y dejé mi teléfono en la trastienda de la boutique. Llegamos tarde y no podía marcarle, ni recibir llamadas. Me dijo el host que me había estado esperando.

La semana siguiente me llamó y me hizo un reclamo amable pero muy triste, le expliqué y quedamos en que me hablaría después. Ese día me robaron el celular en el centro comercial de las (putas) Lomas. Traté de comunicarme con él a partir del identificador de llamadas de casa de mis papás pero era de esas líneas que sólo hacen llamadas pero no las reciben (como la de Batman) Claro, me lo dijo antes. 

Si alguien conoce al Místico por favor díganle que lo lamento mucho, que a diferencia de lo que me pasa muchas otras veces, no era mi intención desaparecer. Este es el final de esta historia de neorealismo mágico urbano, que me convirtió una vez más  en la mujer que no. Nunca nos vimos sin máscara.



"Entre las mujeres hay traidoras, las actrices porno, modelos, las que se visten para seducir, las que se ponen anoréxicas" Alejandro Jodorowsky.


viernes, 21 de mayo de 2010

El canto de las ballenas y los derechos de autor.

Independientemente de que lo haga bien o mal, siempre he necesitado escribir. Cuando estaba en la primaria iba a una escuela activa que era la cosa más poquísimamadre que se puedan imaginar y fue ahí cuando comencé a hacerlo porque hasta me metí al taller de cuento. En quinto, cuando teníamos diez, quizá once años, escribía un diario. Seguramente fue el primero que tuve y todavía lo recuerdo porque estaba súpercursi: páginas rosas, candadito, corazoncitos de colores pastel y una monita toda contenida y melancólica con cara de caricatura japonesa, en fin, una auténtica joyaza de la fayuca.

Un día, ante la pubertad inminente, nació en mí la vena poética y escribí un largo poema al que recuerdo haberle echado hartísimo feeling y hartísimo estilacho. En él, iba describiendo cuidadosamente a un galán imaginario y perfecto. Contenta con mi obra maestra y por alguna razón hoy olvidada,(tal vez no llegaron a tiempo por mí) una tarde le mostré el poema a Aura en el baño de niñas bajo la confidencialidad absoluta que implica un evento como ese en tan sacrosanto espacio. Caray.

Aura era una niña del salón que no era taaan mi amiga, en ralidad, era como nuestra fansss pero nos llevábamos muy bien y tenía los papás más hippies y consentidores de todo el grupo. Élla lo leyó, me dijo que estaba ¡de pelos! (taaan noventera) y me lo pidió para llevárselo a su casa. Ahí voy yo de babosa y de pinche diva infantil consagrada (como mmm no se, ¿Lucerito? ajj) y obvio, la narcisoooota de mí, se lo presté. Al día siguiente ¡zaz! Mi poema nomamesigualitooo, estaba dedicado a Daniel López, el niño del salón que le gustaba a élla fotocopiado por todas partes... Malaondismo total. Cuando me repuse del coraje y lo pude leer con más cuidado me di cuenta de que no era realmente idéntico al mío sino que A-DE-MÁS le había metido mano y tenía un par añadiduras insólitas pero neta, neta, neta...¡insólitas! Con ustedes, la única que recuerdo:

"Tu voz es igual al canto de las ballenas."

Hasta con 11 años pensé:¡chaaaaale güeeey, "el canto de las ballenas"! ¡No-maaa-mes!.
Así, mi primera experiencia con los derechos de autor.

PD. Tras su terrible edición, Aura, evidentemente, fracasó...bitch!

Aguamalaaaaa

jueves, 13 de mayo de 2010

Exponerse. Tiro al blanco. Post altamente edípico.

Mi padre es poeta. Uno bueno, por cierto. Obviamente lo digo porque es mi papi y porque voy a escribir sobre eso en este post, pero para que tengan una opinión “objetiva”, si es que puede haber tal cosa tratándose de poesía, ha sido reconocido varias veces. Con eso me refiero a que ha publicado, ganado premios y ese tipo de cosas que le suman glamour y le restan encanto a la escritura. Igual lo dejó hace tiempo y hace otras cosas más propias de un señor aburrido. El caso es que la primera vez que lo publicaron tenía la misma edad que yo (25) y su libro se llamó “Tiro al blanco”. Nos quedan pocas copias, yo guardo una que está toda amarilla y que le dio a mi madre el día de su presentación en Bellas Artes. La portada blanca es como una carta de baraja con un corazonzote rojo estilo dibujo de monografía, atravezado por los círculos concéntricos de un tiro al blanco marcados con los puntajes de acuerdo donde se encajan los dardos al acertar en el tablero. Es más, creo que tiene algunos dardos clavados en el puro infrarealismo setentero. Mi papá escribió el poema que le dió título a su librito pensando en que al publicar su poesía, sus entrañas estarían tan expuestas como si estuvieran al frente de un local de tiro al blanco. Así me siento yo ahora.

lunes, 10 de mayo de 2010

Ironías de la vida

Conozco desde hace mucho tiempo a una SEÑORA, a quien llamaremos Susana, que se ha dedicado obsesivamente a cuidar y a constuir una familia perfecta e ideal. Es asombroso el enorme éxito que ha tenido superficialmente en tal empresa y el fracaso, definido desde esa perspectiva, que representa la vida íntima de sus integrantes. A saber, el FRACASO desde esa mirada con mamivan del año, jardín perfecto, perro-pedigrí, el club, el control, las escuelas caras muy caras, es parecido a esto:

-Niñas, no se junten con Débora porque se me hace que...¡ES LES.BIA.NA!-. Esta es una advertencia seguramente bienintencionada que hizo Susana a mis amigas y a mí cuando todas, también Débora la-les-bia-na, teníamos como 12 años. Diez años después su hija y su hijo salieron del clóset. Ironías de la vida. Agua mala, muy mala.

*Sí, lo de Susana es por Mafalda.