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martes, 27 de diciembre de 2011

Carta desde la isla


Tengo vértigo. Vértigo en el estómago, en el corazón, en la garganta. La nausea es el miedo al vacío. Me lo debo, llevo muchos años evitando esta sensación y este día. No sólo por el miedo, por el vértigo, sino porque siempre he sido muy fiel a mis creencias amorosas. 

No recuerdo cómo estar sola, desconozco ese lado del mundo que hoy  parece obscuro y frío. Nueva nave o refugio.   Nadie para tomar mi mano. Nadie frente a quién tener agallas. Soledad, estepa del norte o abismo marino. Terror al desconocimiento de las presencias y los límites, de los fantasmas que vendrán a aterrorizarnos hasta que logremos  hundirlos  en la serena muerte del perdón y del olvido. Del aprendizaje. Vértigo... nos hemos dejado y parece que naufragan todos los sueños, las certezas. Las creencias  sobre un amor largo y prodigioso, los cimientos de una sociedad potencia. Pero ya nos habíamos dejado antes, no se cuándo,  no se qué parte de la guerra nos derribó el puente. Ha sido una muerte agónica, una resitencia heróica, nos alimentamos artificialmente con los tubos y mangueras de lo cotidiano. Primero, fue posible vivir bajo la sombra del árbol de la prosperidad amorosa que tuvimos en la casa azul, la casa del idilio, la casa sin tiempo. Habitamos el manto protector del mito que nos había fundado: Nosotros. Pero la peste y el hambre y las furias de la historia  se filtraron por la ventana del pisito de l'Eixample. Tú no las viste, las dejaste pasar por tu boca y yo las dejé entrar por los oídos y  años después, cortan.por.adentro.  Tú crees que es normal hablar con palabras miserables y olvidarlo al día siguiente. Tú eres un niño. Estás tan en tí mismo que eres ciego para otros.  Yo soy una jóven y exitosa mujer rota. Igual de rotas Penélope o Medusa.  Inconforme pero cómoda a la sombra de tu árbol.  Incapaz de mi luz y obsuridad. Incapaz de mi soledad.  Inmóvil y enraizada. Pero yo no quiero convertirte en piedra. Tejo ya sin deshacer el manto. Yo no quiero ser tu madre, ni tu hijo.  Y no es mi muerte en tu conciencia, no creo que pienses mucho en lo que soy o en lo que quiero.  Este es mi luto y el abismo es ante la muerte de la esperanza sobre Nosotros. Pienso que ya nos hemos hecho pedazos.  Pienso que parecemos aves de carroña.  Y es lo más triste que ha pasado. Algo bueno de la vida se calla cuando a las ideas hermosas se les prende keroseno. Cuando los amores libres se ahogan en violencia. 

He estado aquí antes. Conozco el vértigo. Y no seremos mendigos. No recuerdo qué hice entonces y no se qué voy a hacer ahora.  Algo tuvo que salir bien porque pude estar y conocerte y amarte más y amarte mejor. Se avecina "la soledad que aguarda y tiembla". She said. (*) Me dejaré caer con los brazos abiertos a la indispensable belleza de la vida aunque implique el terror y  la tristeza. Vendrá el vértigo y me tomará por los hombros y estarán los anhelos rebotando en las paredes. Vendrán las nostaligas que serán azules como  lo era nuestra casa, y el deseo será ansiedad doliente y escindida. Vendrán los espectros, vendrán las rabias estridentes y ríos violáceos de aguamala correrán furiosos por la calle de Tokio. Vendrán y les abriré las puertas y los dejaré marcharse, espero, pronto. No abrazaré  la soledad  como se abraza a la muerte, no como se abraza al vacío, me tenderé con velas y vestidos al viento de lo que se avecina, quemo las naves de la esperanza perdida en la hoguera de la posibilidad, de la potencia de la vida. Ojalá que te mires y te rompas un poco por adentro. Easier said than done. Estuvo tu alma dentro de mi alma.  Amigo mío, amor mío, se que también bailará tu corazón Tengo vértigo. Bienvenido. 

Las letras verdes en AGUAMALA son enlaces musicales y las pastillas verdes son de muerto. (Chiste ñoño muy selecto para los amantes de la Ciencia Ficción) where no ending ends
(*) Rosario Castellanos said.

Aguamala.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Una buena chica marista.

1/3 The little blak dress tragedy.

No se si tenía 14 o ya había cumplido los 15, pero en ese entonces asistíamos a grandes y semisobrios reventones al poperísimo ritmo de: OV7, Kabah, “La vida loca” que solía llevar Ricky Martin antes de que tuviera una vida cabal y pidiera para llevar gemelos de probeta, o bien, y ya que los tíos y los jefes de los chavitos se ponían bien pericles, Los ángeles azules hacían la delicia de todos en el preligue, el presexo y la prepeda de los preadolescentes de la clase media del sur de la ciudad. Todo medio (cre).

Cada fin de semana, teníamos tremendas fiestas en honor a las quince primaveras de las chicas de los seis salones de secundaria del Colegio México. Y yo, que he sido buena para la fiesta desde que era una aguabuena e inocente, confieso que la pasaba bomba levantando las manos, llegando bien arriba y moviendo la cintura con movimientos sexys ¡síííí! Como no sabía quién era y comenzaba a sospecharlo, no quién era sino que no sabía, no puedo asegurar que me sintiera feliz, pero durante ese año, que se parece mucho a éste, empezó a crecer mi círculo social reducido y en crisis y me invitaron a muchas, muchas fiestas.

En ese entonces, mi experiencia relacionándome con el sexo opuesto había sido brutal. Una auténtica hecatombe adolescente, drama infrarrealista de segundo de secundaria, ocasionado por el telúrico rompimiento con un primer amor de patanería fundacional y legendaria: a coapish. Un chamaco inverbe, wannabe y feo que no se merece muchas líneas pues tratar el amor con desprecio es básicamente lo más ruín del universo conocido. Fue cruel conmigo y la vida que es terrible y bondadosa, me dio la oportunidad de mandarlo al carajo y despreciarlo de vuelta, de formas espectáculares y novelezcas cuando ya estaba en la Universidad y me gustaban ese otro tipo de patanes que saben escribir y citan oportunamente anarquistas muertos. Ahora es mi amigo en Facebook, y de vez en cuando,  me gusta ver lo feo que se puso y lo predecible y de hueva que es su patética existencia.(Mala la aguamala) Todas mis relaciones sociales estaban centradas en él y tardé el periodo histórico de un año en recuperarme del todo. Durante mucho tiempo lamenté que esos graves dramas y pérdidas, me hayan sucedido tan chamaca pero ahora me siento curada de espantos amorosos. (Bueeeeno, dejadme ser).

Ése fue el año de las fiestas de 15 que tan mala fama tienen, porque las familias se gastan  la feria en el reven y la protagonista se disfraza de algodón de azúcar, piñata o  edecán de Televisa pero a mí me vinieron como brisa refrescante después de ahogarme desde los 13 con la loción barata y abundante de ese pelado. 

Por ello, no me había sido posible tener una visión genérica, más amplia y justa de “los hombres” como grupo social, ni tenía mucha idea de cómo relacionarme con éllos. Mis amiguines de la escuela activa freinetiana requetehippie (y hermosa!) donde estudié la primaria eran iguales a mi, a saber: pequeños hombres de acción, comandos creativos chiquitos, criaturas salvajes y todo terreno, de familias hippies, demasiado ocupados en nuestros juegos, para prestarle mucha atención a un tardío e ingenuo incio erótico...sí acabo de escribir “inicio erótico” jojo. Entonces, con esas experiencias tan divergentes,(Ya se que se preguntan qué pedo con mis jefes...no se!)  tan definitivas en mi vida,  tampoco estaba muy conciente de mis potenciales encantos y de los letales efectos del cuerpo femenino y su doble efecto de tótem y tabú... (¿A poco creen que nací así?)

Mi madre, que siempre ha sido distinguida fashionista, no tenía empacho en ir de compras conmigo y de vez en diario me regalaba algún vestido para tan distinguidos eventos quinceañeros. Un sábado de fiesta, fuimos a la tienda y compramos un vestidito negro de Tatoo.

That dress.

Probablemente fue el primer vestido negro que tuve, era bastante sobrio pero corto y un poco ceñido, aún lo conservo por ser rockero y sexy y porque, por algún milagro textil mediante, aún me queda bonito. En la noche, nos arreglamos en casa de mi mejor amiga, lo cual llegó a hacerse un ritual entre nosotras hasta la Universidad, juntas teníamos el doble de fetiches de belleza y tendíamos sobre su cama un derroche de objetos de colores, olores y texturas para el cuerpo, para el juego, para el diseño de una estética. Salimos y llegué con mi vestido nuevo a un fraccionamiento very nice del sur, cerca de la escuela, a la fiesta de Cintia Sosa.

Algo pasó. Cuando entré todo el mundo se me quedó mirando como a Cenicienta cuando llega al baile. Lo que me hace sospechar que probablemente la Cenicienta era una quinceañera en minifalda. De pronto, todas las miradas estaban sobre mí, sobre mi cuerpo, especialmente, las de éllos, los niños, los weyes...Y creo que experimenté la súbita comprensión empírica de algunas cosas importantes en la vida:

Sí, jalan más que dos carretas.

De pronto, estaba rodeada, todos querían bailar conmigo y llegó a mis manos una cuba de bacacho (esa parte proviene de una falsa memoria pero puedo asegurar que mi alcoholismo comenzó hasta que desapareció esa madre de las fiestas a las que iba) que me tomaba a sorbitos soperos porque nunca me ha gustado. Los chicos, o el círculo de chicos que casi no me hablaban, ni me pelaban, ni me saludaban, se decantaron en cumplidos chafas cuando me vieron entrar a la casa de Cintia. My milk shake brings all the boys to the yard.

Saludé a mis amigas, bailamos, reimos...La fiesta siguió y entonces, llegó él. (No, no era el Místico). Sino el capitán del equipo de basket, chamaco muy popular, famoso por sus inumerables conquistas y conocido por mí, debido a que mi mejor y más querida amiga, (i know!)  cacheteaba las banquetas por él y, un par de meses antes, habían tenido algunas “ondas pre” con las que se había clavado como nunca...y como siempre.

Él, estuvo hablando o bailando un rato conmigo, cuando de sus carnosos labios vino intempestivamente la mítica frase: 

-¿Me acompañas por unos cigarros al coche?-

Clásico. (Leer así: classssi-co)

Así que yo, pendeja y no fumadora, en mi flamante y recién adquirida coolness, le dije que sí:
-Ash, esteee, o seaaa claro, ¡vamos!-. Jojo, seguro hablaba así, no me molesta, he crecido. Entonces, salimos de la fiesta y cruzamos la calle del suburbio hasta llegar  al auto. Peor: 
 
-No los veo ¿No te quieres subir tantito mientras los busco?- 
 
Más pendeja todavía, dije otra vez que sí (nomás tantito). Entramos a un ¿Neon? ¿Cirrus? Un coche verde que seguro le prestaron a él o alguno de sus gorilientos amigos. Subí al asiento del copiloto y dentro del auto me pidió un beso.

Híjoles, ¿qué hacer? Le dije que no, que mi amiga, que no se qué.

Que le gustaba mucho. -¿En serio?- -Sí, desde hace mucho-. Ajá como dos horas, pienso. -No, gooeei pero mi amiga. Mejor ya vámonos-

Entonces, trato de bajar del auto y están puestos los seguros eléctricos. -No puedo abrir.- Le pido que me abra -Los seguros no funcionan, está atorado- -¿Cómo que están atorados? ¿No se puede abrir?- Se me echa encima y me da unos besos medio mal puestos. Jesús de Veracruz. Should i stay or should i...¡mi papá!...Sí, como Yuri herself. Veo a mi jefe de frente, con cara de desvelado, manejando su viejo Jetta azul que llegaba un poco antes por mí. Parece que busca dónde quedarse o la dirección de la fiesta. Cuando pasa junto y muy cerca de nosotros, me agacho tipo Matrix en el asiento delantero y no me ve. El chico tiene cara de frustración y susto. "Mágicamente" (milagros textiles y mecánicos)  se arreglan los seguros del auto y cruzamos la calle para entrar de nuevo a la fiesta.

Cuando regresamos, la escena se repite y una vez más todos se me quedan mirando...pero-mala-onda. En el baño, mi amiga y la niña de la fiesta lloran desesperadamente. Mi amiga porque piensa que le bajé el galán, Cintia porque dice le arruiné la fiesta. Algunas chicas me miran horrible, me juzgan. Los niños se sonríen burlonamente. Me siento chinche aplastada. Me voy de la fiesta sintiéndome miserable y con una indescriptible y entonces no identificada: CULPA JUDEOCRISTIANA.

Escribo cartitas de arrepentiemiento con bolígrafos color pastel durante el resto del fin de semana. No se por qué, no se qué fregados hice,  pero se que yo lo hice.

Aún hoy, no sé qué argumentaba en las cartas, que no me di mi lugar, que no pensé en ellas, que fui tonta, que fui vanidosa...no se, no puedo acordarme y tal vez no importa. Él, claro, machito católico, todo ganador. La chica de la fiesta y yo nunca fuimos amigas. Mi amiga me perdonó casi de inmediato y un año después conocimos a nuestros próximos-amores-de-la-vida en Acapulco. No se cuántas cosas han podido cambiar en mí desde ese entonces pero definitivamente no fue mi gusto por los vestiditos negros que suelo llevar segura y cómoda. Ooook, sólo cómoda. Pero ahora, cuando alguien me pregunta -¿Y si me acompañas por unos cigarros al coche?-  Yo suelo contestar: -¿Y si me acompañas por un vinito a tu recámara?-

Una buena chica marista aprende la lección aunque sea dura.  

Aguamala o Medusa. 

domingo, 3 de octubre de 2010

(íntimo manifiesto de una) Geisha.

Él lo dijo, y yo, lo sé: soy una geisha. Demasiado generosa con mi tiempo, con la conversación y la risa que otorgo fácilmente. Ofrezco mi comprensión y mi empatía. Estoy llena de aventuras y de datos pertinentes, adroro las fiestas y me encanta trasnocharme (i'm such a playground). Así me doy, me desenvuelvo a los otros como si lo valiera, como si me pagaran, pero no lo hacen, tan sólo me decepcionan: Sistemáticamente me adoran, me necesitan, me desean, me exigen (ninguno me quiere)...me defraudan. Y mirando la vida desde mi terraza veraniega, creo que nadie va a poder corresponderme, no está en la medida de sus posibilidades pues, ninguno de ellos (niños pequeños), tiene estas psicopatologías de chica encantadora, de esa que entretiene, divierte y provoca, de geisha. Soy yo la que nunca estaré satisfecha conmigo, la que hace a la perfección eso que se supone hacían las mujeres: Complacer. Y eso nunca tiene fin. Él lo dijo amablemente, encantadoramente, y por razones completamente agenas, ha develado tantas cosas mías.

Al rededor de esto gira y me define, como a todos, la misión secreta dada por mis padres antes de conocerme, el nombre: gracia, mujer llena de gracia y con él, con mi nombre, la sórdida mezcla cultural y sanguínea que corre por mis venas. Como un mantra, fui educada de esa manera para obtener cariño, ganándomelo, significando el amor como un resultado condicionado a mis éxitos, a mis encantos, a mi arduo trabajo de seducción atado a la disposición de satisfacer afanes agenos, expectativas ridículas e incalcanzables, en un continuo y absurdo concurso de talentos inconsciente.

Y no soy yo la única. Ojalá que fuera sólo cosa mía. Muchas niñas han sido educadas, en y para la complacencia, construyendo nuestra personalidad y anhelos propios sobre el deseo de los otros, en una competencia patética,  sin permitirse disfrutar del trayecto y sin detenernos ante el goce de las esencias. Viviendo en una agustia permanente por tratar de ser un poco más bonita y efeciente, o un poco menos gordita y ambiciosa, así, por decir cualquier cosa. Si se dedican a explotar y generar miedos y complejos en cada comercial y noticiero. Las personas heridas en el amor propio deberían de alejarse de la televisión y de los medios por un tiempo como parte del tratamiento, debemos parar el terror psicológico que se ejerce sobre los cuerpos femeninos. Y me enoja, me llena de rabia cuando me descubro a mi misma en el eterno afán-angustia de satisfacer a todo mundo con todo lo que soy y con todo lo que hago, pero la cultura ha sido introyectada en mis entrañas, cuando no lo consigo, empiezo a torturarme, a marearme en un remolino de viscosa culpa patriarcal.

En un ensayo de Isabel Allende sobre las mujeres chilenas y el machismo en Chile, se confesaba de la misma forma, con la misma palabra: "soy una agerrida militante feminista en lo público y una geisha en lo privado, en casa". La figura de la geisha es clave, las prostitutas occidentales también complacen pero sólo a través de un camino, que es el  del  sexo. La geisha despliega un abanico de talentos para entretener, seducir, relajar, divertir y asombrar a los otros y, vaya, de pronto me parece que de la geisha a la vícitma el camino es corto ¿cómo no vamos a ser vícitmas si no tomamos decisiones, si no nos atrevemos a rompernos la cara con el pavimento y resignificarnos? ¿A ser feas, gordas, torpes, perdedoras, histéricas o ambiciosas, a ser distintas? Un camino corto, sobre todo en este país que nos encanta performar a la víctima.

Con todo el poder y sufrimiento que me implica, como una hija de lo hipermoderno, yo no vivo las mismas contradicciones que Allende, yo, junto a otras mujeres de mi edad y de tiempo que pasan por lo mismo, soy una geisha en todas partes. Una geisha militante, maestra, profesionista, hija, nieta, hermana, amante, pareja, amiga y mujer, y el problema, mi grandísimo, eterno problema, es que específicamente la militancia, el feminismo y la crítica, no tienen nada que ver con lo que la gramática cultural de este país desea de mí, están  situados exactamente en sentido contrario a lo que muchas personas cercanas y queridas están esperando que haga, que decida, y a veces pienso, (muy tristemente), que esperan que recapacite y acepte que me he equivocado. Es ahí cuando vuelvo a llenarme de angustia porque no es fácil, es cansado estar ahí, permanentemente en contra, resignificándose.

Quizá sería relativamente fácil para mi conseguirme un “buen partido” y parar el maremoto por un tiempo, pero en este momento las consecuencias son ya carísimas, inconmesurables a la comodidad que encontraría en una sociedad cuyos dispositivos morales premian infatigablemente la conformidad, a los individuos conformistas, complacientes: Tendría que renunciar a mi, a mí en todo lo que puedo ser. Nunca volveré a vivir en la sombra de mi misma. Creo que después de que una mujer se reconoce a si misma como sujeto político y psicológico, como creadora y artista de su propia vida, comienzas a elegir cómo vivir de manera más responsable y lúcida. Sin embargo, no para todas llega ese momento de elección, independientemente de la clase social a la que pertenezcas, de la escuela a la que hayas ido, de lo conservadora  o liberal que sea tu familia, ese momento no llega para todas. La incercia de la vida, la fuerza del sistema, arrastra, y es más fácil cerrar los ojos y dejar que pase sobre ti, -relájese y disfrute-, continuar y conformarse.

Y esto, esta lucha que asumo como propia desde hace algunos años, pensar en el género, en el feminismo como un cuestionamiento político, es en el México del siglo XXI una disidencia por la que aún seremos estigmatizadas como hippies, histéricas o confundidas, como putas, como raras, como locas, porque eso es lo que hace la sociedad disciplinar para manterner el control sobre sus formas y, cuando una ha sido educada y premiada como si fuera una estrella  de pop, como una niña perfectamente complaciente. Cuando hemos sido educadas como geishas, el rechazo es difícil de aceptar, es difícil asumirse como outsider, como minoría, aún más porque ésta, además, es una lucha que tiene que darse en lo privado, en lo íntimo. Por supuesto, es  una  lucha que se ejerce en la calle, en la forma de relacionarnos con la ciudad, con las instituciones y con el conocimiento. Una rebelión que se hace en la consigna, en el panfleto, en las urnas y en el aula, pero también, y tendrá que ser así si un día pretendemos cambiar de verdad las cosas, las batallas de esta revolución  tienen que librarse en las reuniones familiares y charlando con las amigas, con las madres. Esta disidencia se elige, valiente y amorosamente en la cama y en la casa y una tiene que elegirse, por cansado que sea, día con día. Para mí, pese a todo, vale la pena.

Aguamala o medusa.



martes, 31 de agosto de 2010

DE-COSAS-MUERTAS. Cuatro Ejercicios y Una Gran Canción de Muerte.

I. Negación

Mi gato negro, Calígula, me mostró la muerte en su aquelarre de domingo. Le lloré desesperada durante largas semanas y me hice mil preguntas ¿por qué?, ¿por qué?

Lloré, como no le lloré a mis grandes amores en su muerte de conciencia ¿por qué?, ¿por qué?


II. Definiciones.

a) Las naturalezas muertas son cuadros muy bonitos de cocinas ocres y manzanas que agonizan como Julietas de frutero.

b) La calzada de los muertos es la calle soleada en donde entierro a mis exnovios.

c) El mar muerto es un mar muy desafortunado, sin suerte, muy salado,  pues.

d) El punto de cruz son tus brazos abiertos. El punto de ebullición es la temperatura de tu cama a las cinco de la tarde. El punto muerto es cuando los dos anteriores se nos olvidan porque estamos pasando por un bache.


III. El breve mecanismo del olvido.

Tus buenas costumbres,
se van por la alcantarilla
de mi calle lluviosa.

Y a veces, puedo llover a cántaros.

Muere
........cineasta
.................en inundación.

.........................Aguamala.


IV. Enterrador.

A veces, mientras me besa, toma mis mejillas con cierta fuerza y se me queda mirando. No a los ojos, no al centro de mis pupilas dilatadas (delatadas), sino más allá, al fondo, en donde no soy más. Parece que mira hacia mi muerte y sus posibilidades, a las cuencas vacías de mi cráneo. Me ha dicho que imagina mis huesos, mi osamenta. Parece que deseara tener mi vida y mi muerte para él. Sólo para él. Hasta en las úlimas consecuencias del deseo, de la confianza, del lazo que nos une. Como si en ese beso, en esa larga mirada en el tiempo, se transformara en el testigo de todos mis días, de mis alegrías, errores y culpas. Como si fuese el piadoso barquero que me lleva al otro lado para entregarme a la muerte con un beso cariñoso y un hasta luego.

Clic Don't Fear the Reaper.

http://www.youtube.com/watch?v=AUO_5EALZoM&feature=related

martes, 27 de julio de 2010

La pesera del amor.

Ese día, me tocó irme en pesero en el largo trayecto que hay de Vertiz a Acoxpa como a las 4 de la tarde. Fue un martes soleadísimo, después de un delicioso sushi ultrasónico y un buen día de intercambio de proyectos. A esa hora, en la Ciudad de México, el tránsito vehícular también conocido como el puto tráfico, todavía es humanamente manejable (luego sólo es apta para los humanoides chilangos), a las cuatro, aún es fácil recorrer distancias medias y además, encontrar un lugar semi decente en el autobus. Pero ese martes de sushi, tengo que decirlo, no encontré simplemente un lugar disponible, sino “el lugar”, chido sobre los chidos en el micro, ese que es el más cotizado y estratégicamente superior, era todo para mí. Para quienes no lo sepan, me refiero al asiento doble que está justo frente a la puerta trasera, en la segunda fila de atrás para adelante. Ocupé mi lugar con cara de satisfacción plena (o de alivio por no tener que ir parada y apretujada en el camino), saqué mi EMEEQUIS, y el chofer, en un acto de empatía inconsciente, sintonizó radioibero que ponía un semijazzecillo muy a tono con mi día. Unas calles después, subió una pareja y se sentaron justo atrás de mí, en el último asiento que es también el más largo, en la esquinita del sofisticado vehículo. Al principio, no estaba prestando atención a lo que hacían, pero pronto empezó a resultarme imposible ignorarlos. Algo se dijeron en secreto  y empezaron a besarse, y a besarse, y a besarse cada vez más y más cachondo. Se escuchaban unos gemidos cortados de ella, suspiros y jadeos de él, chasquidos de besos por todas partes, saliva, roces y yo los sentía cada vez más cerca de mi, entre mi  peinado y mi vestido, sentía que me rayaban la nuca con sus ruiditos amorosos, cada vez más intensos y cada vez menos pudorosos. La verdad yo iba muy divertida con su falta de cuidado, con mis propias reacciones. Nunca volteé a verlos, hubiera sido como meterme en su momento y deshacerlo, me estaba dando risa que vinieran tan entrados. Encontré una sorisa cómplice en una señora hippiosa de enfrete y  la expresión de incomodidad  y reproche de unos señores mayores que subieron más adelante, lo suyo se volvió acontecimiento. Pensé: Claro, esto sucede cuando la gente no tiene intimidad con su pareja, se revelan en el exterior todas esas cosas se hacen a solas, en un lugar privado, “íntimo” y entonces les deja de importar el lugar y el momento porque no hay lugar ni momento específico,  por eso es más de amantes y jóvenes (y de jóvenes amantes) andar fajando por ahí en los parques, en el cine, en los hoteles cuando pueden rentar  esa privacidad por unas horas, en el asiento de atrás del bus como mis compañeros de viaje. Como nómadas amorsos, como fugitivos. Entonces, caí en cuenta: ¡Momento! ¡Pero si yo no tengo intimidad con mi pareja! Tuve un fugaz e insondable sentimiento de nostalgia y deseé profundamente que alguien se sentara conmigo en el asiento de atrás y que de División del Norte hasta la Calzada de Acoxpa incomodáramos conciencias e inspiráramos deseos en un largo y desvergonzado paseo inmoral. Anda, yo pongo los pasajes. Dale clic.

Gustavo Cerati. Paseo inmoral.


viernes, 21 de mayo de 2010

Guía práctica para llegar en 7 sencillos pecados al infierno.

 
1.Quisiera ser la mujer que duerme a tu lado. (Envidia)
2.Sinceramente serías más feliz conmigo. (Soberbia)
3.No voy a pagarle a nadie para hacerlo. (Avaricia)
4.Con un revolver en vez de un cuchillo. (Pereza)
5.Yo misma voy a matarla. (Ira)
6.No podré contenerme, tu me provocas (Lujuria)
7.Después del asesinato quisiera algo fresco, como ensalada (Gula)
 
 
El orden de estos pecados es intercambiable.  

jueves, 13 de mayo de 2010

Exponerse. Tiro al blanco. Post altamente edípico.

Mi padre es poeta. Uno bueno, por cierto. Obviamente lo digo porque es mi papi y porque voy a escribir sobre eso en este post, pero para que tengan una opinión “objetiva”, si es que puede haber tal cosa tratándose de poesía, ha sido reconocido varias veces. Con eso me refiero a que ha publicado, ganado premios y ese tipo de cosas que le suman glamour y le restan encanto a la escritura. Igual lo dejó hace tiempo y hace otras cosas más propias de un señor aburrido. El caso es que la primera vez que lo publicaron tenía la misma edad que yo (25) y su libro se llamó “Tiro al blanco”. Nos quedan pocas copias, yo guardo una que está toda amarilla y que le dio a mi madre el día de su presentación en Bellas Artes. La portada blanca es como una carta de baraja con un corazonzote rojo estilo dibujo de monografía, atravezado por los círculos concéntricos de un tiro al blanco marcados con los puntajes de acuerdo donde se encajan los dardos al acertar en el tablero. Es más, creo que tiene algunos dardos clavados en el puro infrarealismo setentero. Mi papá escribió el poema que le dió título a su librito pensando en que al publicar su poesía, sus entrañas estarían tan expuestas como si estuvieran al frente de un local de tiro al blanco. Así me siento yo ahora.

jueves, 22 de abril de 2010

Genial

La creación de este blog coincide con mi cumpleaños número 26. Tenía muchas ganas de sacar este proyecto desde hace tiempo y la reflexión precumpleañera que me azotó la noche del 19 de abril tuvo como resultado que me decidiera, por fin, a publicar. Sí, así...en una de esas noches...que las decisiones que he tomado, que las autotraiciones, que mejor la seguridad frente a los riesgos, que la incompatibilidad entre los logros y las dignidades...¡aaaaaah! Mal. Mi mente y mi escritorio naufragando en la tormenta. Así, estando en la duda existencial absoluta (Absolut doubt) pensando en la posibilidad de engrosar las filas del reclutamiento y selección de personal...el, ÉL, himself, me habló. Desde las porfundidades del ciberespacio, dejó este mensaje para mí:

"Algunas veces la gente insignificante que se queda en un mismo sitio por mucho tiempo, alcanza un cierto poder y prestigio." Charles Bukowski (Consulta a Charles Bukowski en facebook)

Gracias, Charles. Acto seguido, tengo un blog, me siento más contenta con las estupideces que he hecho y organizo una pedota en martes....happy birthday Jess.

Próximamente el encuadre de este blog, datos merol sobre el día de mi nacimiento o lo que se me vaya ocurriendo en el momento ¡Salud!

AGUAMALA muy mala